Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Es una profesora divertida, vive sola, tiene un
apartamento, enseña Geografía. En clase cada vez que explicaba los
alumnos estaba muy atento en sus palabras, los dientes de la profesora son
blanco inmaculado, le gusta viajar a cualquier parte del mundo, en torno a
ella había bastante habladurías, leyendas, cualquier cosa. Entra en la
clase, se sube a la tarima y dibuja en la pizarra estratos geográficos, o
un volcán en erupción, cada vez que explicaba dibujaba para explicar
mejor, es una profesora muy nerviosa, muy activa, y sus labios dibujaba
una sonrisa triste, a veces ofrecía un rostro patético, muchas veces se
maquillaba para amortiguar el efecto patético de su rostro.
Tenía un gran interés por los alumnos. Escuchaba de uno en uno (no
siempre, depende...), flexibilizaba hasta lo necesario los métodos pedagógicos
hacia quienes tenían especiales dificultades de aprendizajes, alumnos
conflictivos, alumnos de capas sociales desfavorecidas... La profesora
tiene un sentimiento compasivo demasiado exagerado, que me parece muy
empalagoso.
Bueno, casi nunca me dirigía la palabra, siempre estaba en clase anotando
sus explicaciones y a veces dirigía mi mirada hacia ella pero no me
correspondía la mirada, ni necesidad tenía, y cuando tenía dudas sobre
algo levantaba la mano y no se dignaba en darme la palabra, por que por lo
visto había algo en mí que mejor ignorarlo, por lo que sea rehusaba en
la medida de lo posible mirarme o darme la palabra.
Soy un adolescente, me llamo Julio, y vivo en el barrio. Eso lo sabe ella,
aparece en su bloc de notas como tuve la ocasión de observar, me llamo
Julio, tengo quince años y vivo en el mismo barrio que ella, y que no
suelo dar demasiado problemas, según el bloc de notas que se le olvidó
guardar en el bolso, y fui a entregársela. Fue en la cafetería del
instituto. Ella estaba sentada en una de esas mesas solitariamente tomando
un café con una tostada, me acerqué a ella para devolverle el bloc de
notas. Ella me dio las gracias, dibujó forzadamente una sonrisa, que me
pareció patética, y me invitó a que me sentara junto con ella y pidiera
lo que deseara. Pedí un café con leche.
Me tomaba mi café con leche, noté su fisonomía, su cuerpo, sin mirarla
del todo, disimulaba mi mirada, no le preguntaba nada, ella sentía cierta
vergüenza mi presencia silenciosa, es cuando progresivamente iban
saliendo palabras de su boca...
-¿Cómo va con los estudios?
-Bueno, hago lo posible. No me van muy bien las matemáticas, he decidido
que sea una amiga estudiante que me diera clases particulares de matemáticas
en su casa. Pero por lo demás creo que me defiendo. A trancas y
barrancas, ¿Sabes?, no soy muy bueno estudiando.
-¿Te gusta la clase de Geografía?
-Sí, está bien, lo explica todo tan bien, es raro encontrar profesores
como tú, que lo explique todo con tantas ganas y pasión y con el interés
que muestra. Es raro eso.
-Realmente decidí ser profesora, me gusta la profesión, aunque es una
profesión muy dura, muchos profesores se deprimen y todo eso, y más en
los tiempos que corren donde no hay autoridad frente a los alumnos, los
alumnos hacen lo que quieren y tenemos que adaptarnos a las
circunstancias, lo que pretendo hacer es enseñar de manera más
divertida, si no veo que es todo una pérdida de tiempo, no interesan
estudiar... En principio estuve varios años sin enseñar, fue un golpe
muy duro afrontar la enseñanza en institutos así, tuve una depresión
muy fuerte, me metí en religiones y lugares así, tomaba pastillas
antidepresivas, la verdad es que fue un golpe muy duro, pero luego he ido
superando mi depresión y progresivamente he dominado la profesión con
cierta dificultad, aunque es algo cíclico, me convierto... como el Ave Fénix,
me reduzco en ceniza y luego resucito, así, cualquier cosa... Si quiere
que te diga la verdad... Un secreto... Entre los dos... No sé si decírtelo...
-¡Dímelo, no pasa nada, confío en ti, en el fondo eres una buena
profesora y muy humana!
-Bueno... he sido injusta contigo, no te daba la palabra ni te miraba, te
trataba como un trapo sucio...
-No importa, no me he sentido mal por eso, no le daba importancia, no me
he sentido ofendido por eso, no pasa nada...
-Es que en realidad eres un chico maravilloso, hay algo en ti que me
hundes totalmente, tuve varias experiencias de esas, si prestara mucha
atención en ti ME REDUCIRÍAS EN CENIZA.
-¡No entiendo eso! ¡Para nada te reduciría en ceniza, al contrario,
admiro tu interés por ayudar a los alumnos a estudiar y todo eso, no
trato de incordiar a nadie...!
-Pero insisto, hay algo en ti que me reduces en ceniza, algo que me
produce llama y no hay apagafuego que valga, es algo que va más allá de
todo, quizás tu mirada, quizás tu voz...
-Nunca he escuchado algo tan absurdo, creo que deberías restar
importancia a eso, todo lo contrario, no te miro tan mal ni te hablo tratándote
como una estúpida, ¡Todo lo contrario!
-Entiendo, pero en este momento me estás reduciendo en ceniza...
Entonces comprendí todo. Por eso no me daba la palabra ni me dignaba
mirar. Le dije que no importaba, que siguiera explicando y bueno, como si
las cosas siguieran igual que siempre... Pero se oían voces en los
pasillos del instituto, rumores, que la profesora de Geografía
determinados días acudía al instituto con una gran dosis en el cuerpo de
barbitúrico, antidepresivos y bebía con frecuencia hasta emborracharse,
no hacía demasiado casos a esos rumores, pero un día me la encontré en
el pasillo a una hora donde todos los alumnos estaban en clase, y yo llegué
tarde y eso, la encontré sola casi desmayada, pedí ayuda a un profesor
de filosofía (en realidad su amante, el profesor de filosofía admiraba
mucho a la profesora de geografía, años posteriores convivieron
juntos... y el profesor de filosofía hacia todo lo posible por ella). Un
día le expliqué todo al profesor de filosofía la confesión de ella, me
entendió todo, redobló su interés en ayudarla.
Entonces comprendí algo más de la profesora de Geografía, la de la
sonrisa patética, la que mientras explicaba dibujaba en la pizarra capas
geográficas, o un volcán en erupción...