REENCUENTRO


Por: Ana Maria Fuster
lolita_lavin@hotmail.com


El reencuentro final


Estamos perdidas.

Te miro y no me reconozco.

Quizás sólo conservas esos enormes ojazos negros, negrísimos,

que me miran como escudriñando una conciencia;

la mía, la tuya, la nuestra, los recuerdos, los mismos...



¡Cuántos sueños, anhelos, ingenua vanidad!

Con esos largos cabellos de tierra dorada desteñida

te amarrabas a todos ellos con pasión y amistad,

tan difícil separarlas, por más amarlas

como aquel film, con tanto sexo, pudor y lágrimas...

Cuánto los amamos, a todos ellos, con ilusión y verdad

al menos en el volátil momento de la revelación ya ida.



Tanto dijimos, aseguramos, prometimos

con esos hermosos cojines rosado-terracota

besábamos hasta el tuétano de nuestras vidas

todo lo que sentimos, sin más;

besábamos para echar el alma a volar.

Mas erramos al abrir nuestros corazones

y hacer el amor a la vida, al hola y al adiós, sin más razones:

la amistad, el deseo, la solidaridad, el sentimiento.



Y sigues tan hermosa, que ya no me reconozco en ti.

Ahora los años han marchitado la ingenuidad,

dejando a flor de piel la cruda realidad.

Solas quedamos fumándonos y bebiéndonos la vida

en el abismo del olvido, ¿cuándo llegaré a ti?

Siento que me has abandonado.

Luego de acabar la última copa de vino

un suspiro, una lágrima bajó por tu destino

y lo heló separándolo del mío.



Te miro y no me reconozco,

tantas maravillosas noches etílicas

lactando espíritus destilados.

Deseándote de nuevo,

agarro nuestras pequeñas manos canelas

que el destino nos arrebató en un cerrar

de vidas: la mía, la tuya, la nuestra.

Y dejaré llevar en ti, en mí,

como las lágrimas y velas,

juntas hasta ese fondo con cielo de mármol.

®Ana María Fuster Lavín