Por: Miguel Ángel Sánchez Valderrama
MIGUELASV@terra.es
Voyage (Diario de Carolina)
Fue un fin de semana de viajes, primero la ciudad española norteafricana,
Ceuta, y luego adentrarse por zonas marroquíes, principalmente Tetuán y Tánger.
Confundo ambas ciudades marroquíes, no sé si es Tetuán o Tánger la que tiene
puerto marítimo, la que da al mar, habría que mirar un mapa, fue todo tan
imprevisto, hace varios años, eso fue gracias a un familiar que vive en Ceuta.
En Ceuta hay abundante peces, mariscos para ser consumido, muy frescos y precios
superbaratos, eso está bien, un poco a las afuera de Ceuta siempre el mercado
callejero donde muchos marroquíes venden pescados, mariscos y frutas. Qué
bien. Me explicaron, en Ceuta viven marroquíes, españoles, judíos, o sea, una
ciudad casi multirracial. Ceuta es una ciudad autonómica. Una vuelta por Ceuta,
está la zona, el barrio musulmán con sus mezquitas, y hay sinagogas por allá,
y la calle comercial de Ceuta, me hospedé en un hotel, situado en la calle
comercial. En Ceuta hay un castillo. Hay playa. Cuando estuve, no recuerdo la
fecha, las calles estaban festivas, por eso del Carnaval. Un montón de
sensaciones. Tánger es la ciudad marroquí que tiene puerto. Ahora me oriento.
Bien, vuelvo a Ceuta. La aduana, montones de marroquíes que entran en Ceuta,
por diversos motivos, sobre todo laborales y comerciales. La Policía Nacional
estaba desorientada en la Aduana, no puede ser el goteo incesante de marroquíes.
La frontera, sí, en tierra de nadie, siempre hay alguien, marroquíes que
tratan de entrar en territorio español. Al otro lado de la frontera se veían
policías marroquíes, con aspectos harapientos, con esa mala fama, eso dicen,
cuidado con la policía marroquí, no vale medias tintas. En un fin de semana no
podía digerir tantas sensaciones. En casa de un familiar por primera vez comí
centollo, un crustáceo tan grande, estaba bien hecho, el truco para hacer un
buen centollo, no sé si cocer o no sé, el resultado era un buen centollo. Y en
un bar/chiringuito en la orilla de playa ceutí bastante pobre en forma
arquitectónica, y económico, degusté unos deliciosos salmonetes fritos.
En coche todoterreno, atravesamos la frontera, los funcionarios de la Aduana
marroquí nos miraron, nos controlaron, nos revisaron, y no más, pero si no nos
chantajean, pero no lo hubo. Había bastantes guías marroquíes, cualquiera,
dispuesto a cambio de dinero guiarnos, como un familiar mío sabía todo no
necesitaba guía, nos orientamos bien... Carreteras secundarias, tierras casi
rojizas, estamos en Marruecos, era la primera vez que visité Marruecos, vi el
contraste, la pobreza, por lo pronto en los márgenes, arcenes, de la carretera
secundaria había bastantes marroquíes dispuestos a vender pollos vivos o
muertos, o frutas, veía bastantes gentes necesitadas de dinero para subsistir.
Pasamos por Tetuán, vimos cómo en la afuera de Tetúan había barriadas de
chabolas, con calles, y todo eso, chabolas a montones.
En Tánger, las calles con esas banderas rojas marroquíes, siempre engalanada
de banderas, los muchos bares, teterías, en las calles principales el típico
marroquí leyendo el periódico sentado en una de las mesas de la terraza de las
teterías, pasamos por ese famoso puerto, se aparcó el todoterreno cercano a un
restaurante que se encontró al azar en el puerto de Tánger, el restaurante, no
había apenas comensales, eso sí, en la entrada muchos guías dispuestos a
orientarnos a cambio de dinero, como moscas que pululan, en cualquier sitio
aparecen montones de moscas.
En el interior del Restaurante, entre los mejorcitos de la zona, estaba un tanto
sucio, los marcos de las ventanas y puertas estaban como agrietados, nos
sentamos en una de las mesas disponibles, pedimos cualquier cosa de comer que
sea frito, eso sí, no está por religión dispuestos a ofrecer bebidas alcohólicas,
su religión la prohibe. Yo pedí huevos fritos con calamares fritos. Me levanté
en determinado momentos para ir al baño, pedí al camarero la llave para abrir
el aseo, realmente sucio, el aseo, realmente sucio, un agujero en el suelo y
basta, demasiado mugre en las paredes del restaurante. Pude mirar lo que había
tras una puerta tras la barra del bar, una cocina bastante oscura, apenas se veía
quien estaba en esa cocina. Tuve la fatal idea de pedir un vaso de agua al
camarero, un vaso, grifo, y estuve varios días con leves diarreas.
Mi familiar que me enseñó así de pasadas el norte de Marruecos y extensamente
Ceuta, se le ocurrió parar su todoterreno en un arcén de la carretera
secundaria, para comprar piedras minerales, eso sí, podrías encontrar montones
de piedras minerales. Los marroquíes que venían de Francia y otros países de
Europa, los emigrantes marroquíes, cuando visitan de nuevo su país natal, he
visto varios coches que siempre están cargados de maletas y otras historias, la
policía marroquí suelen inspeccionar esos coches, y evidentemente, como escuché
por ahí, hay chantajes.
O sea, uno se puede divertir viajando por esos sitios, si se le ocurre ir a
mercados, o monumentos importantes, o adentrarse a ciudades más importantes, o
ir a plantaciones de hachís, lo cierto es que hay que tener más seguridad en
lo que hace, o saber lo que está haciendo, o conocer la situación, o estar
acompañado de guías fiables, o lo que sea.
Marruecos tiene su encanto, pero a ver cómo adentrarse en su encanto, creo que
no me apetecería entrar en el encanto, a no ser que me diera ganas, o que otra
persona sepa lo que hace y por medio de esa otra persona iría un poco más allá
de Tetuán y Tánger.
Voyage. Uno llega a España con cierta falta de adaptación, y la ligera diarrea
aún no remitía. Y viendo por televisión como diariamente muchos marroquíes
tratan de atravesar el estrecho en pateras para alcanzar la tierra prometida, y
muchos mueren, y muchos son interceptados y devueltos a su país de origen, y
muchos cuando consiguen sus objetivos muchos son ilegales, y que no son bien
recibidos por el Gobierno de España. Voyage, voyage... Turistas del mundo.
Aviones que vuelan, voyage, voyage. El primer mundo dice: ¡Adiós Marruecos!