Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
EN EL 80 ANIVERSARIO DE MIGUEL DELIBES.
“Es como lo de Madrid. Mira que a mí me gusta Madrid, Mario, que es
locura por Madrid, que me chifla, todo lo que te diga es poco, bueno, pues
prefiero no ir...”
Miguel Delibes. Cinco horas con Mario.
LA VOZ DEL CAZADOR QUE ESCRIBE
Miguel Delibes no ha sentido nunca la tentación de abandonar sus predios
nativos. Sin quitarle a Madrid lo que le corresponde como receptáculo y
resonador de muchas ambiciones a menudo limitadas, constreñidas por lo
provincial, demuestra Delibes que una vocación literaria puede no
solamente realizarse con universalidad en la provincia, sino incluso
potenciarse en ella.
Este caminante y cazador solitario nos acaba de decir:“ El ideal de la
caza sería, sin duda, la del hombre libre, sobre tierra libre, contra
pieza libre”. Y añade: “Es sencillo. Lo que yo envidio es la caza
primitiva, al cazador prehistórico, al que según Ortega, tratamos de
imitar los hombres civilizados del siglo XX”.
Como creador, Delibes se encuentra dentro de la línea de escritores para
los que la novela debe ser de alguna manera un reflejo de la vida. Según
sus palabras, una novela requiere, al menos, un hombre, un paisaje, una
pasión; sin ellos dice, no puede haber una novela. Su obra se interesa
fundamentalmente por cuestiones que nos ocupan en la vida cotidiana, y los
temas que maneja reflejan un fondo social y humano. Entre las constantes
temáticas de su obra se pueden señalar la muerte, la naturaleza, la
aversión a la guerra, la caza, la infancia y la soledad esencial del ser
humano. La defensa de la naturaleza y el arte de la caza han sido, además,
dos pasiones que le han ocupado a lo largo de toda su vida. “Soy un
cazador que escribe antes que un escritor que caza”, como gusta
calificarse.
Miguel Delibes Setién nace en Valladolid el 17 de octubre de 1920.
Estudia Derecho y Comercio. Catedrático de Derecho mercantil y de
Historia de la cultura en la Escuela de Comercio de Valladolid. Director
del diario El Norte de Castilla. Obtiene el premio Nadal (1947) por su
primera novela, La sombra del ciprés es alargada. Posteriormente,
reconocería que fue este galardón el que le impulsó a escribir. A esta
primera novela le sigue Aún es de día.
La primera es narración tradicional en cuanto a andadura y recursos
expresivos, novela desolada, fría y sombría en una ciudad de Avila no
“protegida” por sus murallas, sino “encerrada” por ellas, con un
único camino posible el que conduce al cementerio, hacia la muerte. En Aún
es de día, de tendencias naturalistas e incluso mecanicistas, con una atmósfera
provinciana y estrecha en torno a un comercio local y un miserable y gris
personaje, Delibes eleva la desgracia y la mediocridad a categoría vital,
bien de acuerdo con tantos aspectos de la realidad diaria de la España
del momento. Se ha dicho que El camino (!950) supone una auténtica
metamorfosis en Delibes: ha desaparecido el estilo narrativo realista; nos
hallamos otra vez ante un mundo visto con ojos infantiles, los de tres niños
de un pueblo y en una vida que se nos aparece tan auténtica como poética,
con sencillez y optimismo. “Hoy más que nunca gusta el hombre de
recuperar su conciencia de niño -escribe Delibes-, de evocar una etapa
-tal vez la única que merece ser vivida- cuyo encanto, cuya fascinación
sólo advertimos cuando ya se nos ha escapado de entre los dedos... “
Delibes vuelve a su detallismo inicial en Mi idolatrado hijo Sisí,
historia de un matrimonio en que él descubre por último la vaciedad de
su vida y ella aparece presentada como la vulgar esposa fría y estúpida.
En 1956 obtiene el Premio Nacional de Literatura con su obra Diario de un
cazador. Aquí la depuración del lenguaje, matizado de tonos populares,
sirve como base a la narración sencilla, de gran penetración humana. De
menos valor quizá es Diario de un emigrante, que continúa la anterior.
En Las ratas une su habitual realismo contenido a un mayor lirismo. Sus
cuentos y novelas cortas se hallan reunidos en diversos volúmenes: El
loco, Los raíles, La partida y Siestas con viento Sur. También han sido
muy celebrados sus libros de viajes: Un novelista descubre América y Por
esos mundos. Todos estos géneros vuelven a encontrarse en su producción
posterior: Viejas historias de Castilla la Vieja, Usa y yo, Vivir al día,
La primavera de Praga, Alegrías de la caza, Parábola de un náufrago,
Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, He dicho. Entre sus últimos
libros cabe mencionar Pegar la palabra (1990), serie de artículos donde
recrea algunos de sus temas favoritos, y las novelas Señora de rojo sobre
fondo gris (1991), Coto de caza (1992); Un cazador que escribe (1994) y El
hereje (1998).
Además de los premios citados, Delibes también ha sido galardonado con
el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1982, el premio Nacional
de las Letras en 1991, el premio Cervantes en 1993 y el premio Nacional de
Narrativa en 1999. Miguel Delibes es miembro de la Real Academia.
En la madurez de Miguel Delibes se advierte cuán beneficioso ha sido para
su obra el apartamiento provincial, que le ha cargado de ternura, de humor
delicado, de gusto por la sencillez y la modestia humana de sus
personajes; para la precisión del lenguaje en los vocablos y los giros
propios de Tierra de Campos. Sus protagonistas, como los de esa tierra,
están hechos de dignidad y dolor, de frustración y esperanza: Ni
humillados ni ofendidos. Sencillamente humanos. No en vano nos decía
Delibes: “Para mí, la novela es el hombre, y el hombre, en sus
reacciones auténticas, espontáneas, sin mixtificar, no se da ya a estas
alturas de civilización sino en el pueblo...”
Francisco Arias Solis
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