Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
EN EL 25 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE
LUIS FELIPE VIVANCO (1907-1975)
“Quien pierde el tiempo en el tiempo
lo gana en la eternidad.
Yo he perdido unos minutos.
¡Quiero perder muchos más!”
Luis Felipe Vivanco.
LA VOZ DEJADA DE LA MANO DE SU TIEMPO
Si se leen las páginas del libro de Vivanco, Lecciones para el hijo,
donde un intermedio entre la prosa y el verso, con muchos escapes a lo último,
evidencia intimidades, enuncia doloridos sentires, tendríamos que decir
que este poeta está dejado de la mano de su tiempo.
En los tiempos de la posguerra, Luis Rosales, Pedro Laín Entralgo,
Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Manuel Machado, Eugenio d’Ors, Víctor
de la Serna, José María Souvirón, Dionisio Ridruejo, Rafael Laffon,
Leopoldo Panero, José María Pemán, Ramón de Basterra, Adriano del
Valle, Agustín de Foxá, y otros poetas no tan conocidos del nacionalismo
militante, hacían una poesía cargada de nostalgia por los “Siglos de
Oro”. La poesía castellana en el interior del país se inclinaba por un
neoclasicismo de soneto y evasión, de paisaje, amor y religiosidad. El
pasado heroico intentaba vestirse de presente: Luis Rosales y Luis Felipe
Vivanco publicaban en dos amplios volúmenes, su Poesía heroica del
imperio. La revista Vértice, en la que colaboraron Vivanco, Rosales,
Ridruejo, Foxá, Eugenio Montes, Adriano del Valle, etc., fue la
continuadora de este camino heroico, junto con Escorial, revista de la que
Vivanco era uno de sus redactores.
Cantos de primavera, primer libro de Luis Felipe Vivanco, publicado en
1936 por ediciones Héroe, aparece ya impregnado de un profundo
sentimiento religioso y un humanismo creado por metáforas felices que
estarán constantemente en toda su obra.
Luis Felipe Vivanco Bergamín nace en San Lorenzo de El Escorial, el 22 de
agosto de 1907.
Licenciado en Filosofía y Letras y arquitecto, carrera ésta que ejerce
en Madrid. Inicia su colaboración literaria en la revista Cruz y Raya
dirigida por su tío José Bergamín. Publica su famoso poema Memoria de
la plata en la revista malagueña Litoral. En 1935 aparece su traducción
de Himno de Pentecostés, de Paul Claudel, en la revista de Orihuela, El
Gallo Crisis, dirigida por Ramón Sijé, el “compañero del alma” de
Miguel Hernández. Traduce también a Rilke y Virgilio. Vivanco fue
presidente de la Junta del Patronato del Museo Nacional del Arte Contemporáneo.
Su Introducción a la poesía española contemporánea, libro que mereció
el Premio Fastenrath de la Real Academia Española, constituye una de las
contribuciones críticas más importantes al estudio de la poesía española
del siglo XX. En 1974 obtuvo el Premio de la Crítica. Luis Felipe Vivanco
muere en Madrid el 21 de noviembre de 1975.
Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan Cantos de
primavera, Continuación de la vida, El descampado, Introducción a la
poesía española contemporánea, Lecciones para el hijo y Los caminos. Póstumamente,
en 1976, apareció Prosas propicias.
En el gran poeta que siempre fue Luis Felipe resplandecían su pureza, su
humildad y la aceptación de su condición de poeta. Como se refleja en su
obra desde los poemas de amor de El descampado, fue justamente la
fidelidad a su condición de poeta, lo que acabó por configurarlo.
Nada, pues, de poeta de evasión, de vacío formalismo. Más que evasión
o ensoñación, la poesía es a juicio de Vivanco, estar más cerca
siempre: “más cerca de una realidad, haciéndola, a fuerza de imaginación
o de palabra concreta imaginativa, más real de lo que era”. Vivanco
supo vivir las preocupaciones comunes en la vanguardia más recurrente.
Como decía el mismo Aranguren, Vivanco nos descubre que la vida íntima
tiene su poesía. “Las matemáticas -decía Vivanco-, los hombres de las
estaciones de la vía del tren, los libros más detallados, etc., conducen
a la poesía”. El poeta en este caso, termina por importarle un rábano
el relieve político-social del escritor, del poeta.
Así, la poesía -verso o prosa- de Vivanco se fue desnudando, puliendo,
humedeciendo de lágrimas, de humanidad concreta. Vivanco, con otros
muchos compañeros de generación, renunciaron a un relieve político-social.
“El poeta -escribía Vivanco- cree en los poetas y en todas las cosas
que los poetas pueden devolverles a los hombres, porque cree en la poesía
-yo diría que cree en la palabra frente a la técnica o, a pesar de los
pesares, en el futuro del hombre en la palabra- y cree que los poetas son
los que deben cuidar este suave todavía del tiempo”.
A los 25 años de su muerte, queremos recordar el temblor de su vida, pero
temblor inútil la creía él, perenne temblor, pensamos nosotros, que fue
su vida y es su obra: verdad y poesía. Y como decía Vivanco: “Perder
el tiempo es ganarlo / recuperar su verdad: / el corazón y la muerte, /
que andan al mismo compás”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o
banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm