Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
ANTONIO BUERO VALLEJO
(GUADALAJARA, 1916-MADRID, 2000)
“El fondo de cualquier problema dramático
es siempre... el de la lucha del hombre,
con sus limitaciones, por la libertad.”
Antonio Buero Vallejo.
LA VOZ DE LA HONRADEZ INTELECTUAL
Antonio Buero Vallejo es, sin duda, uno de los dramaturgos españoles más honrado. La honradez
de Buero, es, además, una honradez difícil: la de un hombre auténtico que, sin dejar de serlo,
revisa sus propias opiniones y las adapta a la evolución de su pensamiento y su experiencia de la
vida. En Buero tenemos el caso de una insobornable honradez intelectual, de un hombre que no
aliena su libertad creadora y su responsabilidad consigo mismo en el falso espejismo de una
imagen nuestra que ha pereclitado ya hace tiempo. Por eso es una tarea interesante la de acudir a
sus obras y observar el camino de un hombre que va buscando la verdad, a costa de todo, por los
entresijos oscuros del mundo y de los hombres que nos rodean.
Buero Vallejo es el representante más calificado en España de un teatro de hondura trágica, en el
que los problemas del hombre se plantean con grandeza y esperanza. El dramaturgo, cuya
producción dramática estuvo marcada, desde Historia de una escalera (1949), por el
compromiso social y los anhelos de libertad y de justicia, fue un símbolo del teatro español del
último siglo, sobre todo por su significación histórica en la disidencia antifranquista.
En su primera obra, Historia de una escalera, se nos ofrecen treinta años de vida de unas gentes
que no logran salir de su pobreza y donde el destino de los hombres da vuelta angustiosamente
en un círculo que no tiene salida: los sueños ilusionados de la juventud y la miseria vergonzante
de la vejez.
En su obra siguiente, En la ardiente oscuridad, Buero nos presenta un centro de ciegos donde
estos tienen la vida organizada a su imagen y semejanza, por lo que se sienten felices y alegres;
allí los ciegos estudian, juegan, ríen, se enamoran y se casan juntos. Pero la llegada de un nuevo
ciego, rebelde y amargado, empieza a crear el descontento y la desesperación entre sus
compañeros “invidentes”. Les mete en la cabeza que su mundo no es el único, como ellos
quieren creer; que hay un mundo de “videntes”, el auténtico, donde la vida es bella y está
cargada de luz y claridad. La similitud de esta obra con el mito platónico de la caverna es
claramente manifiesta.
Antonio Buero Vallejo nace en Guadalajara el 29 de septiembre de 1916. Estudia primeras letras
con su padre y , posteriormente, con un profesor particular. En 1926 ingresa en el Instituto de
Segunda Enseñanza. Allí conoce y establece amistad con Ramón de Garciasol. En 1933, Buero
gana el primer premio literario de su vida. Llega a Madrid en 1934 y se matricula en la Escuela
de Bellas Artes de San Fernando para realizarse como pintor. En 1937, se incorpora a la milicia
después de que su padre fuera fusilado el otoño anterior y es destinado al frente del Jarama de
donde será trasladado al frente de Aragón. Al terminar la guerra civil, es detenido y conducido a
un campo de concentración: al de Soneja, en la provincia de Castellón. Estuvo condenado a
muerte durante meses, temiendo cada amanecer que se cumpliera la sentencia. Pero, por fortuna,
la sentencia no se cumplió. Fue conmutada por la pena de prisión que sufre durante más de seis
años en Yeserías, en el penal del Dueso, en Santa Rita, en Ocaña... Compañero de cautiverio de
Miguel Hernández hasta la muerte del poeta, Buero Vallejo permaneció en prisión hasta 1946.
En 1957 logra el Premio Nacional de Teatro con Hoy es fiesta. En 1971 ingresa en la Real
Academia Española, su discurso de ingreso versó sobre teatro y acerca de un autor al que
admiraba con el título de Federico García Lorca ante el espectáculo. En 1986 recibió el premio
Cervantes y diez años más tarde fue distinguido con el Premio Nacional de las Letras por el
conjunto de su obra. Antonio Buero Vallejo falleció en Madrid, el 28 de abril de 2000.
Antes de sus primeros intentos teatrales, Buero Vallejo publica un estudio sobre el gran
dibujante francés Gustave Doré, el ensayo se denomina: Gustave Doré: Estudio
crítico-biográfico.
Entre sus numerosas obras destacan: Historia de una escalera, En la ardiente oscuridad,
Madrugada, Irene o el tesoro, Hoy es fiesta, Las cartas boca abajo, Un soñador para un pueblo,
Las meninas, El concierto de San Ovidio, El tragaluz, El sueño de la razón, La Fundación,
Diálogo secreto y Lázaro en el laberinto. Su última obra de teatro; Misión al pueblo desierto,
fue estrenada el año pasado, cincuenta años después de Historia de una escalera.
El teatro de Buero Vallejo podría calificarse de humanista, si por tal entendemos una apasionada
defensa de la dignidad del hombre y de todo lo que esto conlleva. Ese humanismo, por otro lado,
no aparece nunca en Buero Vallejo de modo panfletario ni categórico, sino dramáticamente
problematizado.
A través de la inteligencia, a través de la verdad y a través de la autenticidad ha buscado su
estética y su teoría del arte teatral Antonio Buero Vallejo, autor de una las obras más libres y
personales del teatro español del siglo XX, un gran dramaturgo y un intelectual honrado. Y como
dijo Buero: “Hay que esperar... Esperar siempre... La esperanza nunca termina... La esperanza es
infinita...”
Francisco Arias Solis
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