Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
EN EL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE
GARCILASO DE LA VEGA (TOLEDO, 1501-NIZA, 1536)
“No me podrán quitar el dolorido
sentir si ya del todo
primero no me quitan el sentido.”
Garcilaso de la Vega.
LA VOZ DE LA MUSICALIDAD POETICA
La gramática del petrarquismo que formuló con el traslado de sus formas
literales Boscán, no encauza, ni aprisiona la mágica musicalidad del
estilo de Garcilaso. El poeta toledano no es petrarquista, no llega a
serlo; porque era demasiado perfecto químico, demasiado puro y
maravilloso poeta mágico-musical palabrero, para falsificar la melodiosa
voz de Petrarca con la suya propia. En Garcilaso tiembla la voz con
acordado, insinuante, estremecimiento melodioso, armónico, que nos vela,
que nos esconde siempre, si lo hubiera el dolorido sentir y pensar,
tembloroso, del corazón. En su persona se unen los ideales renacentistas
del amor. En su temática poética, como en la de todos los poetas
renacentistas, no existe el espíritu patriótico y desaparece su fe de
católico. Ya Azorín señaló como característica de la obra
gracilasiana su laicismo absoluto. “De todos los poetas españoles -decía-
de los siglos XVI y XVII, Garcilaso es el único que no ha escrito ni un sólo
verso de asunto religioso”.
Garcilaso de la Vega nació en Toledo, el año 1501. Es posible que pasase
una parte de su niñez y adolescencia en el castillo de Batres , y otros
lugares de Castilla, pero, sin duda, menos que en Toledo mismo. A los
diecisiete años sabía griego, latín, italiano, francés; sabía música
y esgrima, sabía enamorar y sabía escribir poesía. En Toledo fueron sus
primeros hechos de armas y allí cerca, en Olías, recibió el bautismo de
sangre, combatiendo contra los comuneros. Allí también le sucedieron sus
más hondas desdichas de amor: el matrimonio con doña Elena de Zuñiga,
dama de Leonor de Austria, hermana de Carlos V, y su pasión por doña
Isabel Freire.
Doña Isabel le dejó y se casó con un afortunado prestamista. Tuvo,
después de éste, malogrado, otros muchos amores Garcilaso, sobre todo en
Nápoles.
Combatió contra los turcos en Viena y en Túnez, contra los franceses en
la Provenza. Resultó herido defendiendo a Rodas y en la acción tunecina.
Por disposición del emperador, en castigo de travesuras bélico-eróticas,
estuvo desterrado tres meses en una isla del Danubio y hubo de vivir
varios años en Nápoles sirviendo a las órdenes del virrey don Pedro de
Toledo, marqués de Villafranca. Allí llevó una vida cortesana y
literaria; allí se impregnó y vivió el Renacimiento y adquirió fama
entre sus contemporáneos de buen poeta.
Este toledano grave era, en realidad, un perpetuo desterrado; de su ciudad
del Tajo, de sus amores frustrados , desterrado de sí mismo, porque de su
gloria unánime era el último que se enorgullecía. En su testamento,
dispone su entierro y escribe: “no conviden a nadie para mis honras ni
haya sermón en ellas”.
Declarada la guerra a Francia, Garcilaso fue nombrado maestre de campo de
un tercio -tres mil infantes-, sitiando la pequeña fortaleza de Muey,
cerca de Frejus, y como sus cincuenta defensores se resistieron
heroicamente, exasperado, haciendo alarde de su valor, se lanzó Garcilaso
a la escala, sin coraza ni casco. Una enorme piedra arrojada por los
sitiados dio en el foso con el cuerpo del audaz caballero; de allí fue
recogido por varios nobles camaradas, entre ellos por el marqués de
Lombay, el futuro San Francisco de Borja. El 14 de octubre de 1536, a los
dieciocho días de haber sido herido murió en Niza. Enterrado en dicha
ciudad, su cuerpo fue trasladado posteriormente a Toledo, y depositado en
la iglesia de San Pedro Mártir. Cuando Bécquer visita su tumba escribe:
“¡Qué hermoso sueño de oro su vida!... Ser soldado y poeta, manejar
la espada y la pluma, ser la acción y la idea, y morir luchando para
descansar... en el ángulo de un templo!”.
Su obra poética, aunque corta, constituye un todo completo como realización
estética, y así ejercerá una influencia como ninguna otra en la poesía
española posterior. Consta de cuarenta Sonetos, tres Eglogas, dos Elegías,
dos Odas en latín, una Epístola, cinco Canciones y ocho composiciones
(Coplas) breves al estilo tradicional. En prosa sólo se conocen tres
Cartas, una de ellas sirvió de prólogo a la edición del Cortesano de
Castiglione, traducido por su amigo Boscán.
La obra del príncipe de la poesía española, como lo llamó Herrera, al
poco tiempo de ser editada, se convirtió en clásica, y hoy como ayer,
sigue teniendo un valor modélico de eterna belleza; una obra como ésta,
que brotó de la individual conciencia creadora de un hombre, ha tenido la
suficiente vitalidad para saltar a través de los siglos sin envejecer y
manteniendo viva la pasión humana.
En la poesía de Garcilaso jamás se adivina al caballero entregado al
ejercicio de las armas, como si hubiera en él dos personalidades
perfectamente definidas y distintas. La poesía garcilasiana, empezó con
las angustiadas abstracciones y juegos verbales de los cancioneros y de
Ausias March y llegó luego a los paisajes petrarquistas y clásicos, al
discurso platónico y horaciano, y a una dulce melancolía pastoril.
Nadie le superó en el soneto. Creó la silva. Y llevó el terceto y la
canción a una perfección insospechada. Genios como Cervantes, Lope y
Gracián le reputaron como el dios máximo del Parnaso español. Y las
generaciones siguientes han coincidido en que él, fray Luis de León, San
Juan de la Cruz, Lope de Vega y Góngora son los cinco poetas más
admirables que ha tenido la literatura española. Y como dijo Alberti:
“Si Garcilaso volviera, / yo sería su escudero / que buen caballero
era”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o
banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm