Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
EN EL II CENTENARIO DE LA MUERTE DE JUAN IGNACIO
GONZALEZ DEL CASTILLO
“-¡Qué recuerdos!
Cuando yo salía con ella
el aire que hacía su cuerpo
me servía de abanico.”
González del Castillo.
LA VOZ DEL SAINETERO ANDALUZ
MAS FAMOSO DEL SIGLO XVIII
El que se llamó “género chico” fue en España un teatro vivo, tan
verdaderamente nacional o histórico como lo había sido durante el siglo
XVII el clásico barroco, desde Lope de Vega a Calderón. Mejor valdría
tal vez decir desde Cervantes hasta González del Castillo.
Cuando el más famoso sainetero andaluz del siglo XVIII, don Juan Ignacio
González del Castillo nace en Cádiz, en 1763, ya don Ramón de la Cruz
había estrenado buena parte de sus sainetes y hecho reír a los madrileños.
La vida de González del Castillo fue muy breve, sólo duró treinta y
siete años, pues murió en 1800, al terminar el siglo. Sus padres fueron
Luis González y Juana Castillo, y según nos cuentan sus biógrafos, eran
hidalgos y pobres. El sainetero gaditano fue autodidacta y apuntador en
las compañías cómicas que representaban en el Teatro Principal de Cádiz,
lo que debió servirle de mucho para familiarizarse con los entresijos del
teatro. Sus biógrafos también destacan que fue maestro de Juan Nicolás
Bölh de Faber. Hay noticia de que estuvo casado con Ana Benitez y que
murió de peste el 14 de septiembre de 1800, y fue enterrado en el
cementerio general del Señor San José, extramuros de la ciudad, de
limosna por la parroquia del Señor San Antonio. Vivía, por entonces, en
la calle del Herrón, 126, de la ciudad de Cádiz.
Fue perseguido por suponérsele partidario de las ideas de la Revolución;
en realidad, su liberalismo se limitó a declamatorias frases en el poema
La Galiada y en la tragedia Numa, y a censurar en la comedia La madre hipócrita
a los padres que meten monjas a sus hijas sin tener vocación, con lo cual
no hacía sino seguir la moda del teatro decente de su época.
Escribió González del Castillo cuarenta y cuatro sainetes, que se
publicaron después de su muerte en la Isla de León en 1812, y luego en
cuatro volúmenes por Adolfo de Castro en 1845.
También escribió varias comedias interesantes, como La orgullosa
enamorada, Una pasión imprudente ocasiona muchos daños y La madre hipócrita.
Probó la zarzuela con La venganza frustrada que tiene cierto aire de
pequeña ópera italiana.
González del Castillo debe a los sainetes su supervivencia literaria. Sin
ser concretamente un discípulo de don Ramón de la Cruz, su influencia es
visible en muchos casos, como en La casa de vecindad y El desafío de la
Vicenta, y también en algunos cuadros de vida callejera -no importa que
sean ahora de costumbres andaluzas- como El café de Cádiz, La feria del
Puerto, El día de toros en Cádiz, Felipa la Chiclanera, El lugareño de
Cádiz, El liberal, El triunfo de las mujeres, El médico poeta, etc.
En los sainetes de González del Castillo no falta nunca la música.
Abundan los bailes y canciones. Se cantan coplillas, como tiranas,
tonadas, tonadillas, seguidillas y romances de ciego. En estos sainetes,
divertidos y costumbristas, la nómina de tipos gaditanos que aparecen dan
prueba de la rica inventiva y capacidad de observación del sainetero
gaditano.
Los sainetes de don Ramón de la Cruz y los de González del Castillo,
junto con los dibujos y pinturas de Goya nos han dejado la imagen del majo
y de la maja. El habla es del pueblo, con sus toques de caló y germanía,
y en el caso del sainetero gaditano con evidentes muestras de andalucismo.
En los sainetes de González del Castillo hay una gran diversidad de temas
y entre ellos está uno predilecto que ya venía de antiguo. En el sainete
El triunfo de las mujeres imagina el autor lo que sería el mundo regido
por éstas, ejerciendo las funciones de los hombres. Otro tema es el del
miles gloriosus de antiguo origen, o sea, el soldado fanfarrón. Historia,
sociología, literatura, de todo hay en esta rica vena sainetesca de don
Juan Ignacio González del Castillo, y mucha gracias y diversión, y mucho
donaire y gracejo, como corresponde a un verdadero maestro del sainete.
Francisco Arias Solis
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