Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
EN EL CENTENARIO DE RAMON J. SENDER
(1901-1982)
“Y pasa por Jerez de la Frontera
nacarada, galana, fría y sola
la luna del otoño en primavera.”
Ramón J. Sender.
LA VOZ DEL SENTIR SOCIAL
“Para mí -decía Sender-, la realidad política no existe. Es una
frivolidad. Lo único que quiero es un sentir social...”. Sender es uno
de los más importantes novelistas de toda nuestra literatura contemporánea,
y con Pío Baroja, al que supera en muchos aspectos, sobre todo en
imaginación y variedad, es uno de los más grandes novelistas de todos
los tiempos. Escritor comprometido con la revolución social, marcado por
una profunda moral, que es su amor al hombre de carne y hueso, al ser que
sufre la historia no al que la hace. Un desplazado voluntario por
desencanto, pero que siempre ha amado las limpias pasiones de su pueblo, y
defendido que la belleza por la belleza no puede ser el único
justificativo de la vida. Pero, sobre todo un hombre que todo lo que nos
dice en su obra está prodigiosamente de acuerdo con su vida. Sender fue
uno de los intelectuales republicanos de la Casa de la Cultura que trabajó
codo a codo con María Zambrano, Rosa Chacel, Antonio Machado, León
Felipe, Corpus Barga, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José Moreno
Villa... Asiste al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas
que reunió en Valencia a José Bergamín, Octavio Paz, Nicolás Guillén,
John dos Passos, André Malraux, Iliá Ehremburg, Corpus Barga, Antonio
Machado, Pablo Neruda, etc.
Ramón José Sender Garcés nace en Chalamera de Cinca, provincia de
Huesca, el 3 de febrero de 1901. Estudió en un colegio de religiosos en
Reus. A los diecisiete años, ya terminado el Bachiller Sender se escapó
de casa y se fue a Madrid. Solo y sin dinero pasó los mayores apuros de
su vida hasta el punto de verse obligado a dormir en un banco del Retiro
durante tres meses. Se lavaba en una fuente del parque y en las duchas del
Ateneo, a donde iba diariamente a leer y escribir. Más tarde se licenció
en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Fue soldado en
Marruecos y posteriormente colaboró en los periódicos El Sol, La
Libertad, Solidaridad Obrera, El Socialista y en numerosas revistas, como
Octubre, Línea, Ayuda, Las Españas, etc.
Liberal y anarquista es encarcelado en 1927, el mismo año en que obtuvo
el premio “Lecturas” por su relato marroquí Una hoguera en la noche.
En 1930 publica Imán, obra formidable de un soldado, escrita con sus
propios recuerdos de la guerra de Marruecos. El protagonista de este libro
de guerra, cuando regresa a su vida civil, hállase sin norte, sin
ideales, sin salario, casi sin pueblo, porque ha sido transformado en
pantano.
En 1933 ocurre un hecho fundamental que causa a Sender un malestar
inconcebible: la represión sangrienta de Casas Viejas, pueblo de la
provincia de Cádiz, donde unos jornaleros se habían sublevado.
Arriesgando la vida, Ramón J. Sender fue a Casas Viejas pocos días después,
se informó detalladamente de los hechos y los denunció duramente, con la
crudeza de la verdad, en una serie de artículos que se publicaron en La
Libertad y luego en el libro Viaje a la aldea del crimen (1934). La
denuncia tuvo serias repercusiones y el Gobierno de Azaña tuvo que
dimitir.
En 1935 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura por su novela
histórica Mr. Whit en el cantón.
Atraído en primera instancia por el partido comunista, del que se fue
apartando progresivamente, Ramón J. Sender hubo de vivir por este motivo
unos momentos especialmente trágicos durante los primeros meses de la
rebelión militar de 1936. Por una parte sufrió persecución por parte de
la derecha sublevada, quien se ensañó con su hermano Manuel -alcalde de
Huesca- y su esposa Amparo, pero por otra también de los mandos
comunistas.
Poco más tarde, el Gobierno republicano encomienda a Sender misiones en
América. En 1938 se exilia en Francia y posteriormente en México y
Estados Unidos. Fue profesor en universidades de Nuevo México y
California. En 1974 y 1976 pudo regresar fugazmente a España. Dos año
antes de su muerte recuperó su nacionalidad española. Ramón J. Sender
muere en San Diego, California, el 16 de enero de 1982.
Su obra más cerrada y acabada es una novelita corta, Réquiem por un
campesino español. Libro sencillo, expresivo y conmovedor, relata, más
allá de planfletarismos o partidismos, la historia de un sacerdote, el
cual queriendo salvar a un joven del pueblo en los comienzos de la guerra,
no consigue evitar la ejecución.
Otras novelas importantes son: Siete domingos rojos, Viaje a la aldea del
crimen, Epitalamio de Prieto Trinidad, Contraataque, Proverbio de la
muerte, El lugar de un hombre, El verdugo afable, Ariadna, Bizancio, La
tesis de Nancy, La luna de los perros, Crónica del alba, Tánit, En la
vida de Ignacio Morell y La mirada inmóvil. Ha escrito también muchos
ensayos: Teatro de masas, Examen de ingenios: los noventayochos,
Valle-Inclán y la dificultad de la tragedia, Ver y no ver y Ensayos de
otro mundo. Sender nos sorprende al doblar su vida el medio siglo con un
libro de versos, Libro armilar de poesías y memorias bisiestas que
incluye en su totalidad, su primer libro poético, Las imágenes
migratorias, publicado en México en 1960. “Hay poetas -nos decía
Sender- como esas campanas en las que sólo les va bien el toque del alba.
Son los que a mí más me gustan”.
Ramón J. Sender toca todos los temas con una gran maestría, teniendo en
su haber grandes y pequeñas obras, algunas de una rara perfección.
Este escritor fecundo y variado, con una gran fuerza narrativa, y un
sobrio estilo realista, declaraba en 1974: “En un sentido político, yo
no entiendo nada. Como no pertenezco a ninguna organización, a ningún
partido, ni tengo la menor ambición de ser gobernador civil ni ministro,
me parece que no hay lugar para hablar de esas cosas...”
Francisco Arias Solis
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