Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
LUIS CHAMIZO
(1894-1945)
“-Quién te jizo campesino, desgraciao?
¿Quién te trujo pa estos cerros?
Güervete pa tu Sanroque deseguía,
güervete pa tus tinajas, tinajero?”
Luis Chamizo.
LA VOZ DEL TINAJERO DE GUAREÑA
Luis Chamizo -como nos decía el académico Ortega Munilla en el prólogo de El
miajón de los castúos- es ocasionalmente poeta y fundamentalmente tinajero. Es
decir, que su verdadero oficio en la sociedad, es construir, allá en sus
talleres de Guareña, recipientes para el aceite y para el vino. El poeta
tinajero ha querido contar cosas de su raza, en el estilo de su raza, con el
decir de los rudos extremeños.
Luis Florencio Chamizo Trigueros nace en Guareña, provincia de Badajoz, el 7 de
noviembre de 1894. El padre de Chamizo comenzó su vida pobremente y trabajó
porque la tinaja ventruda se estilizase. El padre de Chamizo, el inventor de la
tinaja cilíndrica, fue un revolucionario de la alfarería.
A muy temprana edad Chamizo compone sus primeros versos. El poeta de Extremadura
se traslada a Madrid, donde cursa el bachillerato, que finaliza en Sevilla,
donde prosigue los estudios de Perito Mercantil. En los veranos de estudiante
frecuenta Guareña y realiza visitas a la finca de su padre en Valdearenales.
También visita la finca de Valdelapeña, donde se relaciona con varias
familias de pastores. A los veinticuatro años termina la licenciatura en
Derecho y vuelve a su pueblo natal y se dedica a la venta de tinajas,
especialmente en la provincia de Ciudad Real. Posteriormente se colocó de
pasante en la notaría de Victoriano Rosado Munilla.
En 1913 escribe la poesía “En el remanso”, en lengua castellana, que es la
primera de la que se tiene noticia del poeta. Posteriormente escribe
Vibraciones, libro que permanece inédito, y en el que se aprecia la influencia
de Rubén Darío y de otros poetas modernistas. Colabora en el periódico La
Semana en Don Benito.
En 1921 marcha a Guadalcanal, provincia de Sevilla, donde conoce a Virtudes
Cordo Nogales, con quien contrae matrimonio al año siguiente. Tuvieron cinco
hijas. En 1924 es elegido, circunstancialmente, alcalde de Guadalcanal, en ese
mismo año, es designado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
Durante los primeros meses de la guerra civil Chamizo estuvo escondido en Guareña
en uno de los hornos de cocer conos, protegido por los obreros de su alfarería,
y pasó el resto del periodo de la guerra en Guadalcanal con su familia.
Terminada la guerra civil marcha a Madrid y trabaja en el Sindicato de Espectáculos.
Luis Chamizo muere en Madrid, el 25 de diciembre de 1945. El cadáver fue
trasladado al cementerio de Guareña, conforme al deseo expresado por el poeta.
Chamizo contactó con el movimiento modernista a través de Salvador Rueda,
Villaespesa, Carrere, Amado Nervo, etc. Coétaneo de la generación del 27,
Chamizo siguiendo la línea de Gabriel y Galán y de Vicente Medina, cultivó el
localismo en dialecto popularista.
Su obra poética dedicada a cantar el terruño materno comprende Poemas extremeños
y El miajón de los castúos (Rapsodias extremeñas) (1921). En 1942 apareció
su poema épico Extremadura. También es autor como hemos dicho de un drama
rural, Las brujas (1932). En 1967 se editó en Madrid una antología poética
con el título de Obra Poética Completa. Todavía permanecen inéditas una
zarzuela andaluza, Gloria, y una zarzuela extremeña, Flor de Luna.
El feliz tinajero de Guareña posee dos cualidades eminentes y dominadoras: la
originalidad y la vehemencia expresiva. Y ha acertado recogiendo del ámbito
extremeño sus dos modalidades: la energía y la delicadeza. En unos poemas de
extrema sencillez, Chamizo supo captar el espíritu extremeño y, en frase de
Zamora Vicente, representa para la región extremeña “la mejor voz del terruño”.
Según un estudio de José Luis del Barco, profesor de la Universidad de Málaga,
la autenticidad es para Chamizo el rasgo antropológico fundamental como se
desprende del título de su obra más conocida, El miajón de los castúos. Luis
Chamizo utiliza frecuentemente el término “castúo”. Así, en Compuerta,
habla del “miajón que llevan los castúo por bajo e la corteza”. En
Consejos del tío Perico, de “una raza / de castúos labraores extremeños”.
En El porqué de la cosa, una mujer dice a su esposo, llena de alegría que habrá
de darle un hijo que “será campusino mú castúo”. En El Chiriveje se
refiere a los “muchachos castúos de tu tierra”.
Luis Chamizo nos ha enseñado que en las montaneras extremeñas hay un hálito
espiritual maravilloso. Y él nos lo ha entregado. La queja extremeña late en
la profundidad de su poesía.
“Semos probes, hija mía, porque icen / que son probes los que no tienen
dinero: / semos probes, semos probes, ¡que sé yo! / eso icen de nusotros, icen
eso”. Pero también está convencido de que el hombre puede sobreponerse a las
circunstancias: “Era sangre d’otras épocas su sangre; / sus agallas parecían
d’otros tiempos; / era un hijo de estas tierras, de la raza / de castúos
veteranos extremeños. / Y trunfó de lo que tanto se burlaron, / y trunfó de
los que tanto se riyeron, / y las cepas dieron uvas / remojás con el süor del
tinajero”. Y es que, como dijo el poeta “mú castúo”:
“¡Qué saben d’estas cosas / los señores aquellos!”
Francisco Arias Solis
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