Por : Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
MANUEL DE FALLA
(CADIZ, 1876-ALTA GRACIA, 1946)
“Hay que tomar la inspiración directamente del pueblo,
y quien no lo entienda así solo conseguirá hacer
de su obra un remedo más o menos ingenioso
de lo que se proponga realizar.”
Manuel de Falla.
LA VOZ DEL MAS UNIVERSAL DE NUESTROS MUSICOS
Sin duda, el más internacional de los compositores españoles es el
inolvidable Manuel de Falla y Matheu, nacido en Cádiz, el 23 de noviembre
de 1876 y fallecido en Alta Gracia (Argentina), el 14 de noviembre de
1946. El propio Falla observó que su vida estaba marcada por períodos de
siete años distribuidos así: los dos primeros de siete años los pasó
en Cádiz, el tercero en Cádiz y Madrid, el cuarto ya instalado en
Madrid, el quinto en París, el sexto de nuevo en Madrid, los tres
siguientes y el décimo septenario transcurrió en América, faltándole sólo
nueve días para que se cumpliese el ciclo y haber cumplido los setenta años.
De su etapa gaditana queda la primera formación, su andalucismo
universal, sus primeros tanteos en la composición musical. En Madrid
estudia piano con Tragó y en dos cursos hizo la carrera. Puso música a
las zarzuelas La casa de Tócame Roque, Limosna de amor y Los amores de la
Inés. De esta época es también su famosa canción Tus ojillos negros.
En 1904 la Academia de Bellas Artes le premia la ópera La vida breve, con
acción desarrollada en Granada, ciudad que Falla no conocía.
En París Falla asimila el movimiento musical europeo perteneciendo al
circulo de Fauré, Debussy y Albéniz. De esta época son sus “cuatro
piezas españolas” (Aragonesa, Cubana, Montañesa, Andaluza), las Siete
canciones españolas así como el estreno de La vida breve.
En 1914 vuelve Falla a Madrid donde le estrenan La vida breve y en donde
compone y estrena al año siguiente El amor brujo. También termina en
Madrid tres obras ya iniciadas en París, como Las noches en los jardines
de España. Estrena en 1917 El sombrero de tres picos. En 1919, a petición
de Rubinstein, compone a Falla su más importante obra para piano, la
Fantasía bética.
Presenta esta obra una decidida labor de investigación e introspección
en el cante jondo. Erneto Hafter, el discípulo de Falla, la define como:
“el homenaje más bello a Andalucía, donde se resume y estiliza toda la
sustancia del cante andaluz”.
La vuelta de Falla a Madrid, fue una vuelta empujada, como la de Joaquín
Turina, por la primera guerra mundial. Manuel Azaña, tertuliano
impenitente y buen gustador de la música, organiza el homenaje a Falla y
Turina del Ateneo el 7 de enero de 1915, homenaje en el que se estrena en
España las Siete canciones populares españolas.
El estreno de Noche en los jardines de España en el Alhambra de Londres
en julio de 1919 hace a Falla un músico de fama universal. Sin embargo,
Falla ya está pensando en su retiro en Granada. Cuando llega a la ciudad
de la Alhambra se instala en la casa que Angel Barrios le facilitó en la
Antequeruela. Juan Ramón Jiménez, de la mano de Federico, conoce a
Granada e intima con Falla. “Se fue a Granada por silencio y tiempo y
Granada le sobredió armonía y eternidad”, decía Juan Ramón.
La guitarra, presente en toda la obra de referencia, recibe la atención
expresa del músico gaditano, que compone para ella su Homenaje a Debussy.
En marzo de 1923 se estrena en Sevilla El retablo de maese Pedro.
Para el homenaje a Góngora, escribe un hermosísimo Soneto de Córdoba,
siendo el único compositor andaluz que colabora con los poetas de la
generación del 27 en este homenaje. A partir de ahí cesa su producción
que no se reanuda hasta 1939, fecha en que se estrena en Buenos Aires la
suite Homenajes. Mientras tanto trabaja en la creación de un grandioso
poema coral titulado La Atlántida que no llegó a terminar.
Escuchemos el canto profundo, cante hondo, de la música de Manuel de
Falla. “El canto de Manuel de Falla -escribía Maritain- hace brotar de
la roca un agua eterna”, como el milagro bíblico. ¿Se entendió en su
tiempo el mensaje musical y santo de Manuel de Falla? ¿Empezará a
entenderse este mensaje, ahora o desde ahora, una vez que ha llegado a
nuestros oídos el canto inaudito de su Atlántida? Y añadía Maritain:
“Desde su inquieto retiro de la Alhambra de Granada, un solitario,
consumidor de amor y fe, ha, empero, enseñado el camino”.
Un día, después de terminada la guerra española, el carmen de la
Alhambra se quedó solo. Al carmen de Falla llegaron los albañiles y él
llegó a Alta Gracia, en Argentina. No se curó nunca de la guerra española.
“Volveré -decía- cuando todos los españoles se pongan de acuerdo”.
Y naturalmente, no volvió. Como Picasso, nuestro pintor más universal,
el más universal de nuestros músicos, muere lejos, muy lejos de su
patria.
El andalucismo universal de Falla reside en la utilización de elementos
musicales populares andaluces. “Yo me permito aconsejar -escribía
Falla- a cuantos quieran hacer música estrictamente nacional, que oigan
las que podríamos llamar orquestas populares (en mi tierra: las
guitarras, los palillos y los panderos) y sólo en ellas encontrarán esa
anhelada tradición, imposible de hallar en otra parte.
Su mensaje inmortal, nos dice, los que señalaba Maritain, un nuevo
camino, como el que hace posible, el enigma sublime de la música, de su música,
que nuestro oído tiene que aprender a escucharla. Y como dijo el poeta:
“Para oír esa música / tan sonora, tan clara / como la voz del viento,
/ como la voz del agua”.
Francisco Arias Solis
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