Por: Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Vuela el mal con pies de pluma.
Viene el bien con pies de plomo.”
Tirso de Molina.
EL MAL SE VA VOLANDO
Un viejo refrán español dice: “El bien suena y el mal vuela”. Este viejísimo refrán lo
encontramos citado en la Tragicomedia de Lisandro y Roselia, conocida por la Tercera
Celestina.
En el Don Gil de las calzas verdes, de Tirso, se nos dicen aquellos estupendos versos: “Vuela el
mal con pies de pluma. / Viene el bien con pies de plomo”.
Si en el primer verso coincide este bello decir con el viejo refrán, no así en el segundo, pues no
parecería que, si el bien anda con pies de plomo, no debe sonar mucho su paso, sino, más bien,
por el peso mismo de los pies que enuncian lentitud mesurada, sería pesado y silencioso. El mal
vuela con pies de pluma; huye, escapa, con rapidez. El bien viene con lentitud pesadamente,
como si sus pies fueran de plomo, tardos, seguros. No es su paso, no son sus pasos los que
suenan. “El bien suena...”, dice el refrán. Como por si andar y venir cautelosamente se hiciera
sentir. El mal se va volando, el bien viene sonando, diríamos completando el refrán con los dos
versos del maestro Tirso. ¿Pues qué sonido es ése? ¿Cómo suena, cómo se oye el bien? ¿Se oye
bien? ¿Se oye mal? Quiero decir si se oye como bien o como mal al escucharse.
De la Tercera Celestina de Sancho Muñón, admiribalísima obra de un arte seiscentista
maravilloso, recogemos la sombra de ese “mal que vuela”, el eco de ese “bien que suena”, para
preguntarnos ahora cómo esto se verifica. El habla, la fábula de esta Celestina tercera, diríamos
que nos suena mejor. Aunque abuse también de las palabras malsonantes, su decir es más suave
y claro para el oído. No en balde está ya muy avanzado el siglo -hacia 1540- cuando se escribe.
Y el siglo fue, acaso el más musical para la prosa y verso españoles. Pues todo él nos parece
llenarse de música; hacerse sonoro de melodiosa voz. Pensemos que es el siglo que empieza con
Garcilaso en el verso, y en la prosa Boscán, luego Guevara, y finaliza con los dos Fray Luis,
Santa Teresa y San Juan de la Cruz. La sonoridad melodiosa musical de este siglo español es
única en toda nuestra historia. ¿Que querrá entonces decirnos esta melodiosa Tragicomedia de
Lisandro y Roselia cuando en ella se nos recuerda el refrán de que “el bien suena, el mal
vuela”?
“El sonido de Roselia -dice Lisandro hablándole a su amada- es la saeta que penetra y ahonda mi
corazón”. “¿Tanto mal te causa mi nombre?”, le contesta Roselia. He aquí un buen sonido que
puede causar mal. Un mal enmascarado en sonido bueno, como lo serán las palabras
celestinescas. Y, sin embargo, aquí el sonido bueno no enmascara ninguna maldad. Es sólo el
sonido de un bello nombre de una bellísima doncella. La sonoridad, la musicalidad, de esta
tragicomedia admirable, no enmascara el mal. Al contrario: lo desenmascara.
Pudo huir el mal con pies de pluma, pudo escapar de ese modo, el mal que vuela. Para que el
bien que suena -y que suena tan bien- viniera a aposentarse en el aire sonoro de la noche, sin que
certera saeta voladora traspasase de su muerte el amor de la feliz pareja, traspasando sus
corazones, cuando éstos se unían con más ahínco. “Saeta que penetra y ahonda el corazón”, no
suena. El mal viene y se va con ella volando.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
Colombia tiene derecho a la Paz.
Siempre podemos hacer algo por la Paz y la Libertad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas
por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.