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Isaac Goldemberg existe ?
Por Eduardo González Viaña

Me parece que nos conocimos el año 76, la primera vez que vine a este país, pero ese puede ser un recuerdo inventado.
Existe, incluso, una anécdota acerca de cómo fue nuestro encuentro, pero me ha sido narrada tantas veces durante estos últimos años y con tantas variantes que no creo que sea completamente cierta, ni tampoco puedo decir cuál de los dos es el que recuerda y funge de narrador en esa historia.


Me parece que nos conocimos el año 76, la primera vez que
vine a este país, pero ese puede ser un recuerdo inventado.
Existe, incluso, una anécdota acerca de cómo fue nuestro
encuentro, pero me ha sido narrada tantas veces durante estos
últimos años y con tantas variantes que no creo que sea
completamente cierta, ni tampoco puedo decir cuál de los dos
es el que recuerda y funge de narrador en esa historia. Lo peor
de todo es que los dos somos narradores.

Ocurrió en New York, según lo que me han contado, y más
precisamente, en una reunión en el Village. Nos hallábamos
dentro de un grupo de personas cuyas principales actividades
eran el teatro y la pintura. Se hablaba en inglés, y sin embargo
no sé por qué sospeché que el tipo que se hallaba a mi costado
entendía castellano. O quizás fue él quien me lo preguntó:

-Do you speak Spanish?

-Claro que sí. Soy peruano, ¿sabe?

-!Que coincidencia!. Yo también lo soy.

La conversación del grupo se reanuda. Quizás el tema es
Jimmy Carter, el candidato demócrata de ese año, o quizás no
porque, en este tipo de charlas, cada persona tiene un tema que
no necesariamente comparten los demás, y la más
conmovedora muestra de solidaridad humana se da en el hecho
de que nadie escucha a nadie, pero todos hablan y parecen
sentirse muy contentos de ello.

-Bueno, yo soy del norte del Perú.

-Otra coincidencia más. También yo lo soy.

Una señora me llama a un lado para preguntarme qué opino
sobre el pintor que acaba de inaugurar una exposición en la
galería del costado, y esto corta por un instante las
coincidencias.

-Es un pillo, un suplantador, un plagiario.

No tengo tiempo para decirle a la señora que no he acudido
al "vernissage", pero no le importa. Más bien, está interesada
en que conozca su opinión.

-¿Y tú qué haces? - Aprovecho un descuido de la señora
para preguntárselo a Isaac. O quizás es al revés:

-Escribo cuentos y novelas.

-No puede ser. Eso es lo mismo que yo hago. Para acabar
con las coincidencias, me dijiste que al igual que yo eres del
norte del Perú. Bueno, pero supongo que no de la provincia de
Pacasmayo. ¿No?

-De allí mismo. ¿Y en qué distrito de la provincia has nacido?

-En Chepén, en la calle Lima- respondemos los dos al
mismo tiempo. (Creo que aquí falla el relato porque tendría que
haber un tercer personaje que pregunte.)

De eso hace casi un cuarto de siglo y nunca nos hemos
vuelto a ver, si es que aquella vez de veras nos vimos. Quienes
repiten la anécdota no dicen si en esos momentos yo había leído
"La vida a plazos de don Jacobo Lerner", esa soberbia novela
de Goldemberg cuyo tema es la vida de la comunidad judía en el
Perú. Claro que tampoco pueden saberlo, pero sí, ya la había
leído, y me parecio realmente extraordinaria. Fue publicada en
inglés y en castellano y mereció reseñas elogiosas del New York
Times, Newsweek, The New Yorker, entre otros, y sin
embargo nada de eso prueba que Isaac y yo nos hallamos
conocido.

Es más, últimamente llegó a mis manos otro texto suyo, un
voluminoso ejemplar de "El Gran Libro de América Judía", la
antología más completa sobre la vida, milagros, obras y
peregrinaciones del Pueblo del Libro en este continente. Una
novela más -"Tiempo al tiempo" y cinco libros de poesía
completan una obra que ha sido traducida al inglés, francés,
hebreo, italiano y alemán.

Después de la vez que nos vimos en New York (suponiendo
que nos vimos), nos hemos cruzado decenas de veces en el
Perú. Nuestros tiempos de vacaciones coinciden y, durante el
verano gringo, hemos estado los mismo días en Cusco, Lima,
Trujillo y Chepén, y generalmente en medio del mismo grupo de
amigos, pero siempre ha habido alguien que me ha dicho que
"justo hace cinco minutos estuvo Isaac aquí" y de inmediato me
ha relatado la famosa anécdota. Lo único que suele variar es la
ciudad donde nos conocimos que a veces es también San
Francisco como puede ser Sevilla, París o Jerusalem

El asunto viene a cuento porque también
coincidimos en Lima durante la Feria Internacional del Libro e
incluso en el mismo ámbito- la presentación de mi libro "El
Correo Invisible"- pero los invisibles fuimos nosotros. No
recuerdo haberlo visto dentro de la concurrencia. Por su parte,
Isaac no sabe qué pasó, pero tampoco puede decir que me vio,
y por lo tanto tendremos que esperar algunos años para que
alguien invente alguna anécdota sobre un presunto encuentro de
nosotros en esa ocasión.

Decía que han pasado 24 años sin que nos volviéramos a
ver. Y sin embargo, ahora estamos en contacto. Hemos tenido
que esperar para ello a que se inventen el Internet y el correo
electrónico, y ellos nos traído todavía más coincidencias. El
primer e-mail de Isaac me dice:

"Entré al Correo Invisible y me he quedado maravillado con
tus artículos y las coincidencias: también yo soy Escorpión (15
de noviembre), los dos chepenanos y, encima, judíos. Porque
no me vas a decir que tu viejo con ese apellido - (González)
LEON- no desciende de conversos. Creo que ya es hora de
que escribamos una novela, dos corazones y dos cerebros, que
es como decir a cuatro manos."

Lo cual quiere decir que nos hemos reunido invisibles y en
medio de un correo invisible. Y, además de eso, el asunto es
que hasta ahora no he encontrado jamás a Isaac en el teléfono
que me deja en su mensaje, y toda nuestra comunicación se
sigue haciendo a través de una dudosa, sospechosa, hipotética
computadora que llama al escepticismo tanto como la incierta
anécdota que nos junta. ¿Isaac Goldemberg existe? Puede
haber existido y haberse borrado de un momento a otro. No lo
podemos saber. No hay una prueba irrevocable de su presencia
en el mundo, y eso nos suele ocurrir a los cuentistas, y a todos
los que hablamos con palabras mágicas sin saberlo.


(*) Se le puede escribir al email: gonzale@wou.edu
La cadena televisiva UNIVISION informa sobre la reciente
presentación de González Viaña en Miami:
http://vida.univision.com/content/es00485156.html#1

Su más reciente libro "Los sueños de América" (Alfaguara 2000
y 2001) puede ser adquirido en:
www.Barnesandnoble.com
{ HYPERLINK "http://www.amazon.com/" }www.Amazon.com
Alfaguara USA: 1-800-245-8584
O en Lima: Librería Crisol

Por Eduardo González Viaña
mailto:gonzale@wou.edu
Publicado Miércoles, Diciembre 5, 2001


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