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HABLAR LIBREMENTE
Por Francisco Arias Solis

Hay una carta de Unamuno dirigida a Luis de Zulueta, fechada el 20 de enero de 1906, en que su
autor se refiere a varios artículos inconformistas y contracorriente que acaba de publicar. Sobre
cuestiones disputadas y espinosas había escrito con claridad y denuedo, con el admirable coraje
civil que siempre tuvo


HABLAR LIBREMENTE

“Lo que yo quiera callarme
déjenmelo para mí;
no me obliguen al desarme
de honduras que no rendí.”
Miguel de Unamuno.

DECIR LO QUE SE QUIERA

Hay una carta de Unamuno dirigida a Luis de Zulueta, fechada el 20 de enero de 1906, en que su
autor se refiere a varios artículos inconformistas y contracorriente que acaba de publicar. Sobre
cuestiones disputadas y espinosas había escrito con claridad y denuedo, con el admirable coraje
civil que siempre tuvo.

Pero no está seguro Unamuno de la eficacia que ello tenga. “Por mi parte -dice- tengo conciencia
de hacer lo que puedo. Doy mi manifiesto. ¿Nadie se da por enterado? ¡Sigo en mis trece! Y
vuelvo a la carga... Y llegaré a ser uno de los pocos españoles que puedan hablar libremente de
todo”.

Recuerda Unamuno a Pi y Margall en sus últimos años, que “decía todo lo que le parecía”. Y
añade esta mirífica frase: “Gozaba de una autoridad tal que nadie le discutía ni le hacía caso”. Y
todavía escribe, sin poder dejar el tema, abandonándolo y volviendo a él como sin querer: “Aquí
no se cree más que en los diputados a Cortes, y yo no pienso serlo. Y basta de esto. Me habla
usted de Giner. Otro hombre con autoridad moral, es decir, otro hombre a quien nadie hace
caso”. Y, por último, al despedirse de su amigo Zulueta: “Que Dios le libre a usted de adquirir
autoridad moral en España es lo que le desea su amigo Miguel de Unamuno”.

Sabemos que en una gran parte del mundo nadie tiene esa autoridad moral, nadie puede contar
con decir lo que quiere, aunque “caiga en el vacío”, porque si intenta decirlo cae el autor en
alguna parte peor. ¿No valdría la pena pensar en qué países podría escribirse al inicio del siglo
XXI una carta como la de Unamuno? Uno de los errores que cometieron los intelectuales del
siglo XIX y de comienzo del XX fue no estimar adecuadamente la libertad que tenían, y así la
pusieron en riesgo de perderse; la consideraron “natural” -y siempre- poca-, en lugar de reparar
en que era maravillosa y casi milagrosa, expuesta e insegura, necesitada de ser ejercida,
afirmada y defendida (las tres cosas).

Y todavía hoy, cuando con el pretexto de que no se tiene “plena libertad” se da por supuesto que
“no hay libertad”, se compromete esa que hay. Lo decisivo es que en los países en que no hay
libertad, nadie la tiene para quejarse de ello, y entonces parece que la hay.

Pero hay otro tema en la carta de Unamuno. Y es su convicción de que la “autoridad moral”
viene a consistir en que al que la tiene “nadie le hace caso”, y por eso puede decir lo que guste.
En cierto modo es así, ¿qué duda cabe? La famosa fórmula burocrática “Se acata pero no se
cumple”, tiene su equivalente en la actitud de los hombres que frente a la verdad se encogen de
hombros -o hasta hacen una reverencia- y pasan de largo. Es la voz del que clama en el desierto,
ese desierto que parecen segregar los profetas y los hombres veraces.

Pero esto, que es verdad, ¿es toda la verdad? Resulta que ahora, a los sesenta y cinco años de
haber muerto don Miguel de Unamuno, leemos con avidez las cartas que escribió hace casi cien
años, cuando no nos acordamos ni del nombre de tantos a quienes “se hacía caso”, que
“mandaban” (o creían que mandaban). ¿Quién se acuerda de la gran mayoría de los diputados,
de los ministros, de los hombres “influyentes” de principios del siglo XX? ¿Quién se acordará de
los de hoy?

Los profetas al cabo de milenios, siguen vivos. De sus palabras, que vieron caer sobre la arena
calcinada del desierto, han bebido los hombres de innumerables generaciones. Los hombres con
autoridad moral han aumentado la realidad -es lo que quiere decir la palabra “autoridad”-, nos
han enriquecido, nos orientan, nos ayudan, tal vez deciden hoy lo que va a pasar mañana. ¿Quién
duda de que hoy es Unamuno uno de los hombres más importantes de España? Y, frente a los
destinados a pasar, se podría hacer, aguas arriba , la lista de los que se han quedado, de aquellos
a quienes seguimos “haciendo caso” porque los necesitamos para ser, para entender la realidad,
para hablar y escribir nuestra lengua, porque no somos sin ellos.

Históricamente, en el mundo terrenal, también hay “escogidos”, y también son pocos. Y frente a
un prójimo tenemos siempre una impresión definida: si es uno de ellos, si no lo es. Que no nos
engañen los elogios o las muestras de acatamiento: con frecuencia se dirigen a los que se espera
que no van a quedar. Y es que, como dijo el poeta: ¡Qué melancólicamente / va deshaciendo el
olvido / todo lo que hemos creído / que duraba eternamente!”

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

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Gracias

Por Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Publicado Domingo, Marzo 31, 2002


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