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VIVIR CON DECENCIA
Por Francisco Arias Solis

La Academia define la decencia como “aseo, compostura y adorno”. El diccionario Vox, más
expeditivamente: “respeto interior a las buenas costumbres y a las conveniencias sociales”, una
definición que bien mirada, es bastante indecente. Aquí nos referiremos fundamentalmente al
concepto de decencia como sinónimo de dignidad: Vivir con decencia. Como vivía aquel
jornalero andaluz sin trabajo que contestó, “En mi hambre mando yo”, cuando le fueron a
proponer que hiciese algo que él consideraba indecente.


VIVIR CON DECENCIA.


“Que te compren no me extraña
que te vendas... ¡eso sí!
y lo que menos comprendo
es que no te extrañe a ti.”
Augusto Ferrán.


TODA LA SOCIEDAD ES TEATRO.

La Academia define la decencia como “aseo, compostura y adorno”. El diccionario Vox, más
expeditivamente: “respeto interior a las buenas costumbres y a las conveniencias sociales”, una
definición que bien mirada, es bastante indecente. Aquí nos referiremos fundamentalmente al
concepto de decencia como sinónimo de dignidad: Vivir con decencia. Como vivía aquel
jornalero andaluz sin trabajo que contestó, “En mi hambre mando yo”, cuando le fueron a
proponer que hiciese algo que él consideraba indecente.

Se ha procurado asimilar léxicamente lo indecente a lo verde.. La decencia, como alusión de
relatividades sociales, es un matiz de salón y la calificación de verde debe venir de la timidez y
susto con que los hombres de salón encaran los frescos valores del medio rural. Se asustan de lo
verde, como del sol y del aire libre. Hay decencias que no tienen mucho más valor que las gafas
de color. Por eso el pueblo que no alude nunca sino nombra, que se familiariza fácilmente con el
verdor campesino no es nunca indecente.

La tabla valorativa de la “decencia” es documento precioso para conocer las entretelas del
convencionalismo social. Creer que los niños venían de París o que los traía una cigüeña, fueron
carteles de blasón de la decencia. Puede llamarse indecente la falda corta, y no la usura larga; el
escote bajo, no el enriquecimiento rápido de algunos altos cargos.

No cabe duda que la codicia, el engaño, el fraude, el interés, circulan por nuestro país mucho
más expeditivamente al no ser aludidos y denunciados por ninguna previa repulsa de
“indecencia”. Hay enormes indecencias éticas que transitan por el mundo a los ojos de todos.
Todo lo que no podía exhibirse en un vestido, puede exhibirse tranquilamente en un negocio. ¡Y
no acude ningún guardia para advertir que se está faltando a la decencia pública! Se baja la voz
para decir en Consejo de Administración de una fábrica de material de guerra: “hace falta que
todo vaya peor, para que el negocio pueda ir mejor”. Con la misma pluma que se escribe las
mejores palabras populares, se redacta la “letra chica” que, al dorso de un contrato, anunciará las
mil formas de no pagar lo que se promete en la letra gorda. Hay una sutil indecencia de mínima
tipografía que se desliza como un reguerillo de hormigas, advirtiendo que las empresas no se
hacen responsables de que el tren no llegue, la luz no arda o le roben a uno el dinero. Y el
político es indecente prometiendo lo que sabe que no va a cumplir; el contratista revisando su
presupuesto de hace unos escasos meses o pagando comisiones al no menos indecente cargo
público...

Todo el mundo es espectáculo de sí mismo; toda la sociedad es teatro. A muchas leyes, a
bastantes negocios y a demasiados contratos se les debe poner públicos reparos. Son muchos los
reductos sociales que todavía no son aptos para menores y que no son ni “movidas”, ni
discotecas, ni cines, ni teatros... Habría que adecentar la sociedad para no tener que llenar el país
de carteles que prohiban la entrada a esos reductos sociales a todos aquellos ciudadanos que
quieran vivir decentemente. Y como dijo el poeta: “Que aquí ninguno se siente, / y el que se
venga a sentar, / se porte como la gente”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

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Gracias

Por Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
Publicado Domingo, Junio 2, 2002


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