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| Tomando mis mates a las cinco de la mañana en un mundo de silencio, como dice Carlitos Gardel, en que “los músculos duermen; la ambición descansa.” Ese silencio que se interrumpe con el ronquido de la bombilla al final de cada mate. |
| Tomando mis mates a las cinco de la mañana en un mundo de silencio, como dice Carlitos Gardel, en que “los músculos duermen; la ambición descansa.” Ese silencio que se interrumpe con el ronquido de la bombilla al final de cada mate. Ese silencio donde sólo se oye el zumbido de mis oídos. Ese silencio en que sólo se siente el latir del corazón. Ese silencio, de soledad, como si uno estuviera viviendo en una cueva primitiva como hace milenios atrás. Ese silencio que ayuda a repasar mi pasado y en el que podría escuchar mi conciencia, dictarme lo bueno y lo malo que he hecho en mi vida, y porque no, en otras vidas anteriores también. Ese silencio que me trae un pasado, con el que se creó este presente. E inevitablemente su futuro, siempre incierto, pero futuro al fin. El silencio de un mañana, obra lógica de hoy. Y este hoy, en el que trato de ser mejor de aquel ayer, que inexorablemente viene arrastrando deudas que hay que saldar. Ese silencio que me dice que hubo un pasado que es muy difícil recordar pero que se puede intuir. Este profundo silencio que hasta me permite prever lo que pude haber hecho en otra encarnación, motivo y causa de mi presente. Ese silencio que me avergüenza por errores cometidos en un pasado, pero que espero compensar con algunas de mis acciones del presente. Un silencio lleno de interrogantes, muchos de ellos sin respuesta, por nuestra pequeñez. Silencio que puede ayudarme a concentrar mis pensamientos en obras de Bien hacia mis semejantes. Ese silencio que me dice que en la vida no es todo recibir, sino también saber dar. Un silencio, que sin hablar, me da a entender que es más fácil escuchar, que oír hablar. Un silencio que me dice que es más fácil entender, que escuchar sin oír. Ese silencio que proviene desde el más profundo e inalcanzable infinito, y que se hunde en lo más recóndito del centro de la Tierra, sin gemidos ni rugidos. Un silencio sin sonidos.
El silencio es una sombra Que nos sigue por doquiera. Hay silencios que deprimen Y otros que desconsuelan.
Hay un silencio que aprueba Y otros la verdad nos dicen. Un silencio que tortura; Y hay silencios que condenan.
El silencio que demanda Escuchar nuestra conciencia. Silencio que es la presencia De QUIEN todo lo comanda.
Silencio que DIOS nos dió Para poder meditar. Silencio para razonar Y con el que Jesús habló.
Ken Ambrós
Martes, 29 de Mayo del 2001
BUSCANDO UN MUNDO MEJOR
Por Ken Ambrós mailto:KEAMBROS@AOL.COM Publicado Jueves, Agosto 22, 2002 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |