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| Pareciera obvio, que todo estudio que se configure dentro de un horizonte científico o filosófico y que implique además, develar la naturaleza del hombre, adquiera una cierta trascendencia por el sólo hecho de adentrarse en tan inabarcable enigma: ¿Qué somos?.. Tenemos entonces, que este ensayo: "El Temor y la Felicidad" de Sergio Peña y Lillo (y que versa sobre la paradoja misma de los conceptos que lleva por título) se pretende, como lo divulga su propio autor: "al menos tocar la connotación espiritual y metafísica del tema".
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Pareciera obvio, que todo estudio que se configure dentro de un horizonte científico o filosófico y que implique además, develar la naturaleza del hombre, adquiera una cierta trascendencia por el sólo hecho de adentrarse en tan inabarcable enigma: ¿Qué somos?.. Tenemos entonces, que este ensayo: "El Temor y la Felicidad" de Sergio Peña y Lillo (y que versa sobre la paradoja misma de los conceptos que lleva por título) se pretende, como lo divulga su propio autor: "al menos tocar la connotación espiritual y metafísica del tema". Cabe señalar: no basta la referencia fenomenológica para dilucidar cuestiones tales como: "¿Qué es el hombre?", "¿Cuál es el sentido de su existencia?". Y por tanto: "¿Qué es la felicidad?". Tampoco el filosofar puede desentrañar tan vastos misterios, pero al menos puede vislumbrar con otra perspectiva la dimensión del hombre y su origen. Ni el psicoanálisis más exhaustivo, ni la ciencia con todo su aporte empírico puede atisbar la hondura de la existencia humana, como eventualmente, sí puede aprehenderlo el mundo simbólico del arte, de la mística y de la filosofía. Aún así, ¿Cómo descifrar la problemática que pretende tratar este ensayo? De hecho, nuestra facultad cognoscitiva no tiene el discernimiento para tales disyuntivas. Peña y Lillo pregona: "¿Qué significa la inteligencia o la cultura para el hombre si no lo hace feliz?". Por cierto, aunque el autor tome como referencia una frase de Julián Marías en la cual se lee: "Las condiciones antropológicas para la felicidad están potencialmente dadas". No obstante, tal reflexión no surge como un todo en la conciencia individual del hombre; es decir, no hay en el fondo anímico del ser un fundamento inquebrantable de fe. Aludo: de ahí la angustia de avizorar al hombre como un axioma en el universo. A saber: ¿Por qué no definir al hombre como la medida de todas las cosas? Empero, ¿cómo es que desde sus ancestros, el alma se revela como una incógnita que irrumpe en su sino? Según Berdiaev: "Se ha escrito mucho para justificar a Dios y ya es hora de justificar al hombre; de transformar la Teodicea en Antropodicea, único camino que no está agotado". Sin embargo, a pesar de aquella sentencia no se podría iluminar el oscuro laberinto que se genera en el intento de concebir el comienzo del hombre; si se lo despoja de su condición de creatura, si se lo escinde de su raíz mística. "Por muy lejos que vayan no hallarán los límites de su alma" profetizaba Heráclito. Este trágico sino de ser lo que somos: pura abstracción y pura materia, nos va modelando para deambular entre un teórico mundo espiritual y un supuesto mundo nihilista. Repensemos: "¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande/ que no eres sino Idea; es muy angosta/ la realidad por mucho que se expande/ para abarcarte. Sufro yo a tu costa, Dios no existente, pues sí Tú existieras/existiría yo también de veras" (Unamuno). Todo el quehacer de la filosofía queda plasmado en este párrafo poético como un grito desgarrador del hombre, que oscila entre un devenir sin asidero y un utópico sino inmortal. El hombre como naturaleza pensante se resiste a caer en este vacío existencial, en ese movimiento amorfo que se conjuga con la muerte y la nada. Por ende, busca vencer lo temporal y trascender a lo eterno. Tan sólo de esta forma se puede superar el vértigo que implica lo efímero de ser hombre. Pues, cómo esbozar el concepto de ´felicidad´ si la vida representa un mero instante. Por consiguiente, asomaría como única posibilidad lo que nos sintetiza Peña y Lillo: "En el principio era el temor". En rigor, esgrime a continuación: "La felicidad, quiérase o no, está intrínsecamente vinculada con un sentido metafísico y aun religioso de la existencia y proviene, en el fondo, de una ética de la vida". Conjeturo: "Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto mientras no descanse en Ti" (San Agustín). Advierto una intención ontológica en Peña y Lillo para hurgar en el trasfondo de los ya mencionados conceptos: ´Temor y Felicidad´. En consecuencia, debo encontrar el eslabón que conduzca a aquel mundo suprasensible para así poder emitir un juicio de valor absoluto sobre dichos términos. Indago en el Evangelio de Juan: "En el principio existía la Palabra/ y la Palabra estaba con Dios./ Y la Palabra era Dios./ Todo se hizo por ella/ y sin ella no se hizo nada de cuanto existe". Discurro: nunca hubo caos por que siempre existió una verdad inmutable. Todo se genera a partir de un orden preestablecido. Y el hombre tiene un Creador. Verifico en otra fuente: "Formó Dios al hombre del barro y sopló en su rostro el aliento de la vida. Así fue el hombre ser animado" (Génesis). Por otra parte, todo parece indicar que el hombre es sustancia creada e imperecedera. Interrogo: ¿Es libre este ser antropológico? Peña y Lillo me obliga a revisar mis lecturas cuando narra que: las primeras palabras de Adán después de comer del fruto del árbol prohibido fueron: "Tuve miedo y me escondí" (Génesis). Surge entretanto otra reflexión abismal: ¿Qué es el mal? Sobrecoge oír la voz de la ´Serpiente´ : "¿Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal". Asevero: conocer los secretos del árbol del conocimiento conlleva a ser sentenciado: "Porque eres polvo y al polvo tornarás". Peña y Lillo replica: "Es obvio, en el simbolismo bíblico, el vínculo del miedo con el conocimiento del bien y del mal, raíz oscura de la conciencia ética". Y añade: "La raíz última del miedo en la Escritura Sagrada, estaría entonces en la lucha radical de la luz con las tinieblas; de Satán contra Dios". Cabe consignar: el hombre ante estos poderes antagónicos ¿es libre de discernir? Escribe Peña y Lillo: "Ha sido un tópico permanente, y casi compulsivo del pensar filosófico, el dilema racionalmente insoluble del determinismo y de la libertad". Igual quedamos como en el principio: no sabemos nada de nosotros. Valoro: esta otra acotación suya tiene más fuerza mística: "Sin la cruz, no es posible la felicidad cristiana, y, a su vez, sin la resurrección, no tendría sentido la Pasión del Gólgota". En este valioso libro, "El Temor y la Felicidad" de Sergio peña y Lillo, se vislumbra el abismo del hombre. Enfatizo: se suscita un cavilar más insondable
DERECHO INTELECTUAL: INSCRIPCION: 108.115 CHILE
César Vásquez López (Poeta de Chile)
Página Web de Poesía Mística "Canto de Transformación" http://orbita.starmedia.com/~aguila_coronada
Por CESAR VASQUEZ LOPEZ poeta@ctcreuna.cl Publicado Jueves, Febrero 6, 2003 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |