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EL PODER DE LA PALABRA
Por Juan Julio de Abajo de Panlos

El hombre utiliza la herramienta de la palabra para expresarse y hacerse notar. En una sociedad tan masificada y decadente como en la que vivimos, nuestras palabras, cuando no voces orates que pugnan por dejarse escuchar, cobran una fuerza titánica, desesperada, casi al límite de la resistencia del ser humano.


"EL PODER DE LA PALABRA"



El hombre utiliza la herramienta de la palabra para expresarse y hacerse notar. En una sociedad tan masificada y decadente como en la que vivimos, nuestras palabras, cuando no voces orates que pugnan por dejarse escuchar, cobran una fuerza titánica, desesperada, casi al límite de la resistencia del ser humano.

¿Por qué se expresa así?, se interrogarán ustedes. Bien. Se lo voy a explicar. Y brevemente.

El buen lenguaje se está perdiendo. La facultad que se nos diera en otros tiempos de comunicarnos con unos modismos sencillos pero hermosos, han ido perdiendo, paulatinamente y sin virtual remisión, su belleza estética y sus goces auditivos. Estamos abocados a lo burdo, a lo grosero, a unas "modernidades" expresivas que zahieren los sentidos auditivos y nuestras sensibilidades de hombres medianamente cultos. ¿Un claro síntoma de los tiempos que evolucionan a pasos agigantados? Tal vez. Pero no por esto excusable. Lo grosero y lo zafio no debe obligarnos a claudicar de nuestros sanos principios de "seres" dotados con el don de la reflexión. Mediante la reflexión íntegra, se llega a la exaltación del "ego". Y que no se interprete "ego" como egoísmo, sino como sublimación de nuestro afecto hacia nuestra persona, único modo de seguir dialogando con los demás, establecidos en apoyos pétreos. Un buen lenguaje, una refinada manera de transmitir nuestros pensamientos e ideas, debiera ser siempre la constante de nuestra rutina cotidiana. Vivimos en sociedad y en permanente lazo de unión con lo que expresamos y a quienes se lo expresamos. Es la diferencia existente entre las personas y las bestias.

Si vuelvo la vista atrás y acumulo los recuerdos selectos de quienes me enseñaron que el lenguaje es vida y obra al mismo tiempo, no puedo dejar de añorar a "profesores" que, con cada sílaba que brotaba de sus almas de suave terciopelo, me brindaban lecciones de buen decir y mejor sentir, que años más tarde, en ese inevitable reemplazo por el que todos debemos pasar, me sirvió para dulcificar a los exaltados contumaces y "darme" a los que vinieron solicitando ayuda. Mediante las palabras llegamos al "meollo" del problema. Palabras sensatas pronunciadas en momento propicio, que coadyuvaron a una incipiente carrera, bien dentro del mundo del Cine, bien como luces blancas de ideas a poner en marcha. Siempre, pase lo que pase, guardaré en el minué de mis recuerdos las lecciones aprendidas por aquellos viejos maestros que tanto sabían y que tan poca vanidad demostraban. Era la mezcla sabia del buen decir sin darle importancia y sentirse bien por ser útiles todavía pese a sus muchos años. Todo esto, hoy, es historia.

En ocasiones, y jamás deliberadamente, oigo conversaciones que vienen de grupos de personas que tratan, a toda costa, de hacerse escuchar. Es vital para ellos ser escuchados más que escuchar. Y levantan la voz, en dura pugna por imponer, sea como fuere, su criterio o "cuita". ¡Qué equivocados están! Con lo hermoso que es aprender del conocimiento de los demás, estos "vociferantes" cargados de angustia no saben atemperarse ni, en consecuencia, aumentar la fuerza de sus baterías para así, de modo sencillo y práctico, adquirir un grado más de sabiduría, la que quizás precisan para fundir sus alifafes angustiosos. Saber escuchar es un arte. Y expresarse adecuadamente con los seres con los que nos relacionamos a diario, un acto social tan brillante como primoroso.

Siempre se ha dicho que en Castilla y León se habla bien. Desde que era niño, he oído comentar que la utilización del lenguaje por parte de los que somos "castellano-leoneses" es el más limpio y correcto. Yo no me atrevo a aseverar lo que ignoro. Ni tampoco soy, precisamente, un "chauvinista" de mi tierra. Amo "mi" casa, desde luego; pero "mi" casa es España entera. Y lo que he podido constatar en mis viajes por aquí y por allá es que, en cualquier lugar, por recóndito que sea el sitio, se habla con corrección y "pureza" cuando el mal gusto y la podredumbre no han galopado salvajemente destrozando el idioma. Para uno, esos lugares, son como un alivio de aire puro y sano que te reconcilia con las primeras enseñanzas, las más añoradas de todas.

Dejemos a su albedrío el comportamiento de nuestros congéneres, para que ningún tipo de represión lingüística pueda afectarles, y limitémonos a esperar, como se espera que el niño se haga hombre, que la madurez, fruto dorado de la vida, les invite a la expansión de las hermosas palabras que adornan al hombre elegante, pobre de dineros, tal vez, pero rico de belleza interna que exterioriza cada vez que se comunica con los demás hombres.

El hombre nace libre para expresarse en libertad, libre debe vivir su existencia en comunicación oral, y morir en libertad cuando haya consumado el camino finito. Después, poco importa el modo de expresión o el medio expresivo; el silencio, quizás, sea el más elocuente lenguaje.



JUAN JULIO DE ABAJO DE PABLOS
Guionista y Escritor Cinematográfico
Director Gerente de "FANCY EDICIONES"
Director Gerente de "DULYFILMS PRODUCCIONES"
Historiador cinematográfico

Por Juan Julio de Abajo de Panlos
mailto:fancyediciones@wanadoo.es
Publicado Lunes, Abril 14, 2003


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