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| Desde prácticamente su independencia los argentinos --con pocas excepciones históricas-- siempre han preferido los gobiernos autoritarios y autocráticos aun en la mal llamada "democracia". |
| Desde prácticamente su independencia los argentinos --con pocas excepciones históricas-- siempre han preferido los gobiernos autoritarios y autocráticos aun en la mal llamada "democracia". Como señalaba agudamente Alberdi los argentinos se independizaron de la corona española para pasar a ser esclavos de sus propios gobiernos patrios, con lo que lograron la independencia política pero no la independencia civil. La vocación autoritaria argentina se vio plasmada por décadas de anarquía --entendida como ausencia de un gobierno central-- y la consolidación de un estilo de gobierno que se mantiene hasta la actualidad: el caudillaje. La figura del caudillo siempre fue la característica central de la mayoría de los gobiernos argentinos, con prescindencia de si el ungido era militar o civil. Tradicionalmente, los caudillos fueron militares, o alternaron la civilidad con la militaridad (casos de Rosas, Belgrano, Sarmiento, Mitre, etc.) pero los hubo civiles, y en tiempos recientes ya lejos del ultimo gobierno militar, los caudillos siguen gobernando el país pero con ropajes civiles. Tanto militares como civiles, los presidentes argentinos tenían las condiciones más o menos necesarias para ser caudillos o lo más cercano a dicha figura. Si bien en la escuelas argentinas se enseña que el autoritarismo solo puede provenir de fuentes castrenses, la verdad es que el autoritarismo ha estado presente históricamente en toda forma de gobierno, sea ésta militar o civil. Finalizado el ultimo gobierno militar hace tiempo ya, los sucesivos gobiernos civiles que se erigieron hasta el presente fueron presididos por caudillos civiles de diferentes características. Personalidades carismáticas y fuertes --como las de Alfonsín y Menem-- dominaron el escenario político argentino en forma recurrente hasta el presente. Prácticamente en ningún ámbito --y menos en el político-- el argentino tolera lo que se ha dado en llamar "el vacío de poder", al que imprecisamente denomina "anarquía". Sabemos, de estudiar a politicólogos y economistas como Ludwig von Mises y a Friedrich A. von Hayek entre otros, que es la fuerte presencia del poder lo que en realidad lleva a la anarquía. Sin embargo el argentino percibe, por el contrario, la ausencia de poder como "anarquía", y es lo que aborrece. Históricamente siempre ha sido así. En todos los casos, la ausencia de poder ha sido lo que llevó a los argentinos en masa a justificar todos los golpes militares que registra su historia (plagada de ellos) y también los golpes civiles sin militares, tal como el llevado a cabo hace menos de dos años sin la presencia frontal ni lateral de militares y que tuviera como resultado la caída del régimen del radical De la Rua. Si bien no fue el único factor, el presidente Duhalde que en definitiva fue quien reemplazó a De la Rua en el poder, fue un elemento gravitante en el golpe cívico que determinó el desplazamiento de un presidente electo al que aun le faltaba buena parte de su período presidencial para terminar de gobernar. Los presidentes "débiles" sistemáticamente fueron desplazados del gobierno y del poder ya sea por medio de golpes militares o bien de golpes civiles, como el último de hace dos años. En cualquier caso, la vocación autoritaria del argentino medio ha quedado plasmada y reiteradamente puesta de manifiesto. El poco apego del argentino a las leyes y a cualquier norma de conducta que contraríe sus fines y propósitos personales, le ha llevado a una forma de vida que, en lo político, se traduce en el estilo autoritario de gobierno. El débil y nada carismático De La Rua no podía mantenerse por mucho tiempo al frente del gobierno en semejante contexto. En la reciente puja electoral argentina, Menem se impuso por sobre el candidato oficialista Kirchner en las elecciones de abril último, si bien por escaso margen, margen en virtud del cual se debió convocar a un ballotage entre los dos candidatos. El periodismo --que siempre ha sido una fuerza política poderosa que en no pocos casos decidió la suerte y el destino político de los argentinos-- comenzó una violenta campaña difamatoria difundiendo dudosas encuestas que arrojaban un resultado negativo para el candidato triunfante en la primera vuelta. Esta fuerte campaña mediática tuvo como resultado que el ganador (Menem) renunciara a participar de la segunda vuelta con el candidato del segundo lugar (Kirchner) razón por la cual éste ultimo --que apenas obtuvo un paupérrimo 20% de los sufragios-- quedó posicionado como "presidente" por abandono del ganador. Lo grotesco de la situación queda de manifiesto en forma palmaria. Este desconocido Kirchner es un personaje ignoto de la política. Se trata de un oscuro gobernador de una lejana provincia del sur argentino. No tiene carisma ni personalidad alguna y por todos los pensantes en Argentina (que no sobran por cierto) es sabido que es un muñeco que fue utilizado por el presidente usurpador Duhalde para desplazar a su archirival Menem y perpetuarse en el gobierno. Prueba de ello es que Kirchner anunció una política de continuidad con la acción del gobierno que deja Duhalde. Si se quieren mas datos, su gabinete conserva buena parte de los cargos que ya había designado su mentor Duhalde. Está claro para todo aquel que discierne, que este oscuro personaje que en horas mas se convertirá en presidente de la Argentina no es mas que una pobre marioneta del presidente que "saldrá" formalmente del poder (Duhalde). En principio, se observa que se mantendrá el esquema de un poder fuerte (Duhalde) que manejará a un presidente débil (Kirchner). Con la maniobra política desplegada por el gran corruptor Duhalde, este siniestro personaje político argentino, logra perpetuarse por vías espurias en el poder por cuatro años más a través de su marioneta Kirchner. Los argentinos avalaron gustosos este esquema, que no es otro que el esquema político recurrente en la historia del país. El caudillaje argentino hoy se llama "populismo". El actual presidente argentino Kirchner se enorgullece de su "populismo" como así su amo Duhalde, quien también se enorgullece de ser "populista". Cualquier persona medianamente avezada sabe que no existe casi diferencia entre ser populista y ser marxista o socialista. Se trata de un eufemismo para "maquillar" una ideología perversa que ha dado muestras de su ineficacia en todas partes del mundo. En cualquier caso, Kirchner se mantendrá en el gobierno en tanto Duhalde consiga retener el poder político, y deberá irse apenas su marioneta intente independizarse del verdadero centro de poder. Como de costumbre entre los argentinos, a la primer crisis económica que Kirchner no pueda manejar deberá renunciar por las buenas, y si no lo hace será violentamente desplazado (derrocado en buen romance) por el verdadero centro de poder. Así ha sido siempre en Argentina y todo parece indicar que los argentinos están muy conformes con su triste historia de miserias autoritarias.
*profesor de ciencia política UBA. Por Diego Martínez Alcorta mailto:argentinapolitica@argentina.com.ar Publicado Lunes, Mayo 26, 2003 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |