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JUAN ANTONIO SANCHEZ ANES
Por Francisco Arias Solis

Os pido la palabra para pedir la paz, libertad;
que el alba sea risueña,
húmeda del rocío de la vida,
que brisas venturosas hagan danzar los trigales
y el olor a quejigos se extienda en la pradera
y a melodía suene el agua mansa del río.


JUAN ANTONIO SANCHEZ ANES (1929-1997)

"Os pido la palabra para pedir la paz, libertad;
que el alba sea risueña,
húmeda del rocío de la vida,
que brisas venturosas hagan danzar los trigales
y el olor a quejigos se extienda en la pradera
y a melodía suene el agua mansa del río.

Dadme pues la palabra
que he de pediros libertad
y una rama de olivo para la paloma.
Juan Antonio Sánchez Anes. A modo de oración por la libertad

LA VOZ SOLITARIA DEL VERBO APASIONADO.

Tu despedida fue "en las noches de invierno cuando nieva, / y absorto permanece el abuelo en la ventana". Pero no podíamos, no queríamos creerlo.

En una noche de invierno y en silencio se fue Juan Antonio Sánchez Anes. La voz de otro poeta, pudo, por vez primera, precisarnos al sentimiento la verdad temida; la realidad negada, rechazada. Nos quedamos sin palabras para poder expresar lo que sentíamos.

Los poemas de Juan Antonio son cristales del tiempo que relampaguean aquí y allá luminosamente, en vivas palabras-espejos. Amor, cultura, moral, sentimiento, vida, arte, progreso, pueblo, muerte, hombre, dignidad, esperanza, paz, justicia, libertad. ¿A qué ideas y a qué cosas corresponden? ¿Qué realidad es la suya? ¿La realidad del poeta? ¿La realidad de España? ¿Qué de lo que pasaba o sucedía en España se reflejaba por tales palabras espejado? La vida popular de España ¿será tan sólo el reflejo de una imagen viva empañada por un aliento humano? ¿Estamos ante Juan Antonio al habernos encontrado con un hombre cuando buscábamos solamente al poeta? El poeta es hombre de palabras, de palabras-espejos. Mas por ellas se refleja el hombre de palabra, es decir, el verdadero hombre; pues eso entiende el pueblo por hombre de palabra, hombre de verdad. El cumplimiento de la palabra humana es lo que le da al hombre la entereza de la verdad. Y la palabra humana no se cumple sino cuando se da, cuando se entrega. Al igual que el verdadero poeta es aquel en quién se encuentra siempre al hombre, podríamos decir que el verdadero hombre, el hombre entero y verdadero, es aquel en quien se encuentra siempre al pueblo; es aquel en el que cuando esperamos encontrar a un hombre, encontramos un pueblo.

Toda nuestra mejor literatura es un testimonio popular. Por su palabra, Juan Antonio Sánchez Anes, el gran poeta gaditano, como todo verdadero español, por serlo, es revolucionario. Y solo, independiente, libre. Porque quiere la verdadera comunión y comunicación humana con el pueblo y entre los pueblos. Entre los hombres. En su poema "A modo de oración por la libertad", el poeta gaditano nos grita a todos: "Os pido la palabra para dar aliento a las palomas / para poblar los cielos y tierra / de bandadas de armonía / y que se entierren los fusiles en el barro del olvido". Y la palabra, es la realidad única y total que le comunica con todo y con todos. La palabra divina, popular, de liberación por la paz.

Hoy en esta España nuestra, que quiere ser de todos. Volved los ojos hacia Juan Antonio Sánchez Anes. Veréis como su nombre se os aparece plenamente arraigado en el pueblo, y, por eso mismo, plenamente solo en él. Como un solo hombre y como un hombre solo. Por eso nos aparece solo y no aislado. Solo como el mar. el terrible mar popular por el que nació y al que se entregó como río, dándole a ese mar vivo la corriente pura de su lenguaje nuevamente rejuvenecido, eternamente recién nacido. "Palabras del mar que dan la vida, / corceles de espumosa y blanca crin / que desde Cádiz salen de partida", nos dice el poeta en su "Canto a las danzarinas de la mar de Cádiz".

A la selecta raza de los inermes pertenecía Juan Antonio Sánchez Anes. Inermes, es claro, desde un punto de vista material y cotidiano. Inermes porque carecen de la malicia necesaria para engañar, de crueldad para herir, de servilismo para adular, de vanidad para exhibirse, de codicia para llegar a tener, de estupidez para corear... No tuvo ni el apetito de ser admirado. No admitió ser poeta burlón de poderosos, ni secretario de imbéciles, ni aprovechador de demagogia. Supo, incluso, ver las humanas bajezas con más lástima y pena que desprecio. No cayó nunca en el grito estridente de protesta. Ni siquiera huyó de los hombres.

Juan Antonio Sánchez Anes, es la voz solitaria del verbo apasionado. Estará muerto él, bajo la tierra umbría, pero su voz como su poesía, estarán siempre en nuestra memoria.

Voz solitaria del verbo apasionado. Honda, pura voz del poeta, música cadenciosa y ditatada; sombría y clara como el agua de la sierra, que es de lluvia, o de gotear de piedra; de llanto y risa; de súplica, de gozo, de amor, y de nostalgia. Voz que dice el más puro y hondo pensamiento, el que siente, el que canta. Música de corazón y estrellas. Callada voz de paz y libertad. Como la copla en la guitarra, mi garganta, mi pensamiento y mi corazón te guardan. Y es que, aunque no estés aquí sigues estando.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Por Francisco Arias Solis
mailto:aarias@arrakis.es
Publicado Lunes, Agosto 4, 2003


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