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| Hace unos días el reportero gráfico de un periódico afín al régimen que gobierna el Perú tomó centenares de fotos durante una actuación en la que hablaba el Presidente de la Corte Suprema, Dr. Hugo Sivina. |
| CORREO DE SALEM
Por Eduardo González Viaña (*)
Hace unos días el reportero gráfico de un periódico afín al régimen que gobierna el Perú tomó centenares de fotos durante una actuación en la que hablaba el Presidente de la Corte Suprema, Dr. Hugo Sivina.
Su objetivo era captar la imagen de algún magistrado en el momento en que se moviera. Por fin, lo consiguió, y el diario publicó la foto de un vocal en el momento en que mira hacia el techo, con una leyenda bajo ella que aseguraba que el caballero estaba durmiendo.
Las sillas de la Corte Suprema son duras, feas, frías, coloniales, de madera y miden dos metros de altura. Es imposible para un ser humano permanecer todo el tiempo erguido e inmóvil mientras está sentado sobre una de ellas, y mucho menos en una actuación que dure dos horas y media. Usted, lector y yo y cualquier otra persona, no podemos hacer otra cosa que bajar y subir la cabeza, tocarnos con el índice el ojo derecho, la sien o los labios. La única forma de permanecer inmóvil sería tener experiencia como edecán, estar atado a la silla, o haber sido previamente hipnotizado.
Traigo a la memoria este hecho porque evidentemente hay en marcha una campaña para mostrar como viejos y decrépitos a los magistrados del Perú. Me recuerda la noticia del joven rábula que publica libros y que hace unas pocas semanas calificó de ancianos decadentes a Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez por haber sobrepasado los sesentaicinco años de edad. Decir eso no garantizaba la calidad de los libros que fabrica, pero el joven clown consiguió que los periódicos se ocuparan de él.
Es un juego viejo. Cuando César Borgia hizo que la Inquisición despedazara al profeta Savonarola de Florencia por revelar los crímenes de la familia Borgia, Nicolás Maquiavelo lo amonestó en privado:
— Señoría— le dijo —Un príncipe nunca debe matar a su adversario. Por el contrario, si no lo tiene, debería inventarlo para mostrarlo como la suma de todos los males del mundo— A continuación de ello y gracias al consejo maquiavélico, César se dedicó a mostrarse joven y atlético y a calificar de reblandecido al Cardenal Giuliano Della Rovere, su rival como aspirante a la silla del Papado.
Los ejemplos sobran. Hitler no podía hacer discursos sin mencionar a los supuestos enemigos de Alemania, esos “judíos de nariz corva, succionadores del pueblo”. Mao Zedong tuvo que inventar al “perverso, archirrenegado, vendeobreros Li Chao Chi.” Y por fin, Fidel Castro no podría sobrevivir sin la mención de su archienemigo, el gigante norteamericano, como si de David y Goliat se tratara.
Estoy seguro que la vocación democrática del señor Toledo le hará reconsiderar la campaña que tal vez sin quererlo ha iniciado. En un país con decencia, el Judicial es el primer poder, y por lo tanto, tratar de desprestigiarlo o de ganar popularidad a costa de él causa una sensible mella en el Estado de Derecho, y les presta argumentos a los funcionarios de la pasada administración que ahora están encausados y que en el evento de su condena, tendrán listo el escrito ante una corte internacional mostrando que fueron juzgados por magistrados que el propio Presidente de la República califica de corruptos y reblandecidos.
Y no tan sólo ellos. El señor Olivera, embajador en España y prominente hombre del régimen hizo declaraciones a la prensa sobre el presunto terrorista Olaechea en momentos en que éste abordaba maniatado el avión que lo conduciría a Lima, y manifestó que el extraditado de todas formas recibiría una condena ejemplar: aberración jurídica que pondrá dudas y elementos de nulidad a lo que venga.
Lo mismo ocurrió con el “juicio” contra Lori Berenson, un verdadero circo, en que tanto el “juez” (después destituido) como importantes funcionarios de gobierno adelantaron que recibiría condena, la atarantaron con una ametralladora de preguntas frente a la televisión y lograron a través de la prensa que los lectores se convirtieran en una suerte de tribunal popular. Como estaba previamente anunciado, por supuesto que la condenaron en un proceso cuya nulidad es más que evidente.
No es la primera vez que se ensaya éstas campañas. Cuando baja la popularidad del gobierno, siempre hay un enemigo contra quien martillar. Hace unos meses el Presidente Toledo dijo que el 75 por ciento de los jueces eran fujimoristas, pero nunca dio sus nombres, ni probó sus acusaciones.
Hay que recordar que la corrupción no existe sin el corruptor, y que el corruptor muchas veces tiene el poder, e incluso invita al juez a visitar su residencia. ¿Tendrán los jueces que obedecer al gobierno de turno – por miedo o por soborno — para no ser considerados fujimoristas ni viejos decrépitos?.
En contra de lo que se supone, la dictadura no es un gobierno de los más fuertes sino un estado generalizado de cobardía, y pareciera que hoy, a pesar de haber recobrado la democracia, se quisiera imponer esa lápida sobre los magistrados peruanos. Dejemos que ellos mismos reformen el poder judicial. De otra forma, nuestra democracia no será un concierto de hombres libres sino una aplanadora pesada, dura, fea, fría y colonial, como las sillas de algunas instituciones.
(*) Escritor y catedrático en Oregon, USA. Se le puede escribir a: gonzale@wou.edu
También se puede visitar su página web: http://www.geocities.com/egonzalezviana
Por Eduardo González Viaña mailto:gonzale@wou.edu Publicado Lunes, Agosto 11, 2003 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |