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La hora de Walter Palacios
Por Eduardo González Viaña

Entre los que fuimos universitarios en los años 60 o S70 en el Perú, no hay quien pueda olvidarlo. Fue nuestro héroe. Dirigió la Federación universitaria de Trujillo y luego la Federación de Estudiantes del Perú.


Entre los que fuimos universitarios en los años 60 o
70 en el Perú, no hay quien pueda olvidarlo. Fue
nuestro héroe. Dirigió la Federación Universitaria de
Trujillo y luego la Federación de Estudiantes del
Perú. Su voz de tenor, que acompañaba a una reflexión
valiente pero serena, resonó en los claustros y rebotó
en las plazuelas llamando a los jóvenes a la lucha por
la vigencia de la reforma universitaria y al trabajo
permanente por la justicia social, única manera de ser
de veras joven porque juventud sin rebeldía es
servidumbre precoz.

Recuerdo a otros muchachos de esa época con quienes
luchó Wálter brazo a brazo por una causa en la que
todos coincidían. Max Hernández, ahora uno de los
psiquiatras más importantes del mundo; Guillermo
Guerra, rector de la Universidad Privada Antenor
Orrego, Valentín Paniagua, el presidente que devolvió
la democracia al Perú y no quiso quedarse ni cinco
minutos más en Palacio después de cumplir con su
tarea. Fue y es una generación decente.

Antes de que lo conociéramos en la universidad de
Trujillo, lo conoció Mario Vargas Llosa en el colegio
secundario de Piura. Nuestro novelista, entonces un
adolescente, escribió allí su primera obra de teatro,
una pieza basada en los últimos días del inca
Atahualpa y le pidió a Walter que representara al
trágico emperador con quien se desplomó el
Tahuantinsuyo. Tan patética fue la personificación que
tal vez Mario mismo se sintió como espantado, como
ocurre cuando de súbito sabes de niño que estás
obligado a ser para siempre un autor genial.

Sin embargo, lo primero que me viene a la memoria es
la envidia que sentimos, contra Walter, Juan Morillo
Ganoza y yo cuando, recién llegados a la universidad,
escuchamos su programa de radio -"La hora de Walter"-
en el que, apoyado en música clásica, leía lentamente
poesía, cincelaba indolentes acrósticos y respondía a
las llamadas (todas femeninas) que le hacían
directamente a la radio. En el patio universitario,
las chicas, en ese entonces con enaguas y cola de
caballo, como en las películas de James Dean- cargaban
una radio portátil y miraban hacia el cielo, o
sencillamente no miraban. (¡No nos miraban!)

Esas son las primeras imágenes que me trajo el
recuerdo esta tarde cuando leí el mensaje de Ximena
Palacios, su hija, ximena_palacios@hotmail.com> quien
solicita a los magistrados encargados de juzgarlo que
cumplan con los plazos y términos legales para no
prolongar su injusto encarcelamiento.

"¿Juzgar a Wálter?¿y por qué?,"se preguntarán ustedes
como lo hicieron varios amigos del mundo a quienes
reenvié la carta de Ximena.... Porque Walter Palacios
está acusado de terrorismo, una acusación tan infame y
carente de todo fundamento como aquellas que en su
momento empujaron al cautiverio a Yehude Simmons,
actual presidente del gobierno regional de Lambayeque
y a Nelson Mandela, el héroe de Sudáfrica. Los que, en
congresos de filosofía en Buenos Aires, Barcelona y
Roma, escuchamos su posición pacifista y más bien
próxima a la teología de la liberación sabemos que
nada puede ser más absurdo ni tirado de los pelos.

La dictadura de Fujimori, a través de sus medios de
propaganda y de sus iletrados jueces castrenses,
identificó toda ideología de izquierda con el
terrorismo que Walter siempre estuvo dispuesto a
condenar, y decretó de forma brutal y terrible la más
criminal guerra sucia que se haya dado en América. Y
ese fue el pretexto para que sus rábulas condenaran a
Simmons y a centenares de ciudadanos de izquierda y
para que sus sicarios degollaran a los dirigentes
sindicales o quemaran vivos a los estudiantes de la
universidad de La Cantuta.

En México durante la tiranía, Palacios sin embargo,
decide regresar al Perú y presentarse ante la justicia
seguro de que la democracia pondría su caso ante
magistrados de verdad. Y ha sido así porque llegó en
setiembre del 2002 y ese mismo diciembre, un juzgado
lo absolvió de todos los cargos y decretó su libertad.
Sin embargo, la trama kafkiana de este caso hace que
ahora, al cabo de un año de prisión indebida, tenga
que afrontar dos juicios más por -prácticamente- las
mismas acusaciones.

La magistratura de un país democrático obedece el
imperio de la ley, y no a los mandatos ni a las
cobardías de los regímenes de turno. Estamos seguros
de que, como lo pide Ximena, los jueces no prorrogarán
más el padecimiento de este peruano ilustre Acaso la
mejor prueba de su inocencia -si la inocencia debe
probarse- estriba en el hecho de que su nombre no es
bandera de ningún grupo terrorista. A Walter Palacios
no lo están defendiendo aquellos, ni tampoco la
izquierda legalista y citadina. Lo defienden sus hijas
y sus amigos como algunos que menciono y recuerdo. Lo
defiende el paso firme con el que retorna al Perú a
ponerse a derecho. Lo defiende su trayectoria de
intelectual honesto. Lo defendemos los que, junto a
él, leímos en el Evangelio que hay una hora del
martirio y del sufrimiento, pero que también hay una
hora de la justicia.

Correo de Salem 320
Por Eduardo González Viaña
Escritor y profesor universitario. Su e-mail:
Gonzale@wou.edu

Amigos del "Correo de Salem": Los invito a escribirle
a Ximena Palacios ximena_palacios@hotmail.com> para
apoyar con su firma la carta que sigue:

Los abajo firmantes abogamos por Walter Palacios
Vinces quien desde hace un año se encuentra detenido
en el Penal de Máxima Seguridad Miguel Castro Castro
en Canto Grande acusado y procesado de los delitos de
traición a la patria y terrorismo, en juicios penales
abiertos en tribunales militares durante la dictadura
de Fujimori y Montesinos.

Puesto que la práctica política de Walter Palacios
Vinces es contraria a la violencia terrorista,
solicitamos a los magistrados encargados de juzgarlo
que cumplan con los plazos y términos legales para no
prolongar su injusto encarcelamiento.
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Eduardo González Viaña [gonzale@wou.edu]
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Por Eduardo González Viaña
mailto:Gonzale@wou.edu
Publicado Miércoles, Septiembre 24, 2003


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