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| El refrán que dice "muerto el perro se acabó la rabia" es, como casi todos los refranes, peligroso por su ambigüedad, también se le dice proverbialmente, a ese riesgo "arma de dos filos". No estamos de acuerdo con el refrán. Porque el que decimos perro rabioso es perro enrabiado; lo que quiere decir que padece la rabia, y no lo contrario que es él el que la procrea. |
| "Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río."
Federico García Lorca.
LA FURIA O LOCURA HUMANA QUE EL HOMBRE PADECE
El refrán que dice "muerto el perro se acabó la rabia" es, como casi todos los refranes, peligroso por su ambigüedad, también se le dice proverbialmente, a ese riesgo "arma de dos filos". No estamos de acuerdo con el refrán. Porque el que decimos perro rabioso es perro enrabiado; lo que quiere decir que padece la rabia, y no lo contrario que es él el que la procrea. El perro no acaba con la rabia, sino por ella, porque es la rabia la que acaba con el perro. Los perros se mueren de rabia, como también otros animales y los seres humanos mordidos por ellos. Y así han muerto miles y miles, mientras una previa vacuna no los inmunice. Luego lo malo no es el perro rabioso por perro, sino por rabioso. Muerto el perro no se acabó la rabia, se acabó el perro.
Ahora bien hay perros y perros, como hay rabias y rabias y no todos los perros ni las rabias son malos ni malas. Los estudiantes que hace veintinueve años se dijeron rabiosos o, mejor "enrabiados", en la revolución de mayo en París, no tuvieron a nuestro parecer, ni la maldad ni la malicia que los "ordenadores" contrarrevolucionarios les atribuían. O las tuvieron algunos pocos, o muchos, y otros pocos o muchos no. Como suele también pasar con los perros. A los perros domesticados (y todos los son o lo están por las manos del hombre) se les ponen bozales, cadenas y collares, que unas veces se cambian y otras no. Por eso también se suele decir, proverbial o refraneramente, aquello de "los mismos perros con distintos collares" y aunque se diga menos, se dice también porque sucede, "los mismos collares con distintos perros".
Lo mismo que con esto de los perros y la rabia, sucede con todo o con casi todo en la vida. Y en la Historia. Porque el huevo nace de la gallina como la gallina del huevo. De manera que no podremos saber nunca si hay rabia porque hay perros o hay perros porque hay rabia, lo que me parece igualmente dudoso. Depende de lo que entendamos por rabia. Y también por perro. Nos saltaremos estas dudas para no caer en nominalismos formales, o sea, estructurales, y diremos que el término o vocablo rabia también sirve para significar muy diferentes cosas y no sólo la enfermedad mortal envenenadora de los animales y el hombre. Y así decimos rabiosos con el mismo sentido de la terrible enfermedad a quienes padecen una rabia cualquiera por metafórica extensión del vocablo o, al contrario, por su significado mismo: al que decimos, por ejemplo, que se pone o vuelve rabioso por algo, por alguna cosa que le enrabia o enfurece de algún modo. Aunque no muerda ni ladre como un perro de veras. Ta! mpoco los perros ladran y muerden a la vez, y hasta es dicho proverbial y refranero el de que "perro que ladra no muerde".
Pero, dejando a los perros en paz, (cosa difícil en España, aunque no tanto como la de dejar en paz a los seres humanos llamados españoles), habría que decir y, pensar, si esto de enrabiares o ponerse rabioso es equivalente o análogo a lo de enfurecerse o ponerse furiosos; a la furia a la que en ocasiones se ha dicho sinónima o análoga o característica de lo español: a la enajenación de lo racional, a la que los griegos llamaron poesía, considerándola como una enfermedad divina; una furia o locura humana que el hombre padece, pero no crea (como el perro la suya). Porque esa rabia o furia es otra cosa que la de la perruna enfermedad y no se parece nada a ella.
Los españoles, como todos los seres humanos del mundo, de los que en nada nos diferenciamos al mismo tiempo que nos diferenciamos en todo, según sea en lo que radiquemos esa diferencia por las otroridades -como diría Gracián- que a todos nos unen y separan o que separan para poder unir, solemos ser más bien fonéticos que fanáticos; o sea, por seguir con nuestras comparaciones perrunas, que ladramos más que mordemos. Y como dijo el poeta: "No tiene ni padre ni madre / ni quien te dé de comer: / por eso quieres tener / un perrito que te ladre".
Francisco Arias Solis e-mail: aarias@arrakis.es URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Gracias. Por FRANCISCO ARIAS SOLIS mailto:aarias@arrakis.es Publicado Domingo, Noviembre 23, 2003 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |