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El Cantor de Tango (reseña)
Por Malena Martinez

La última novela del argentino Tomas Eloy Martínez es una introducción al espíritu de la ciudad de Buenos Aires a partir de la confrontación entre las construcciones literarias, el simbolismo y las diversas imágenes de esta ciudad consagradas en el mundo...


La última novela del argentino Tomas Eloy Martínez es una introducción al espíritu de la ciudad de Buenos Aires a partir de la confrontación entre las construcciones literarias, el simbolismo y las diversas imágenes de esta ciudad consagradas en el mundo, y la experimentación directa de la urbe por un estudiante norteamericano que ha llegado para documentar su tesis doctoral.

Bruno Cadogan (cuyo nombre sufre las más graciosas variaciones en boca de los argentinos) pretende analizar, con la teoría poscolonial, el concepto de nación en la Argentina a través de los antiquísimos tangos mencionados por Borges en su obra. Cadogan, quien ya había revisado innumerables fotos, películas y textos, no considera realmente necesario visitar el país para hacer su tesis. Pero muerde el anzuelo cuando le mencionan a Julio Martel, un cantante de voz fenomenal que menosprecia el hecho de hacer grabaciones y sólo interpreta tangos desaparecidos, remotos, de letras casi ininteligibles, jerga pura, y que. tal vez sea mejor que el propio Gardel. Encantado por ese nuevo 'conocimiento' y decidido a encontrar al cantor que conserva los secretos que él busca, se embarca hacia la Argentina.

Desde su llegada (Junio del 2001) compara Buenos Aires con la construcción mental anidada en su intelecto. Su medio de conocimiento de la ciudad se basa en las referencias que tiene de ella. Y sin embargo encuentra una ciudad prácticamente en decadencia que poco tiene que ver con la primera. Su estudio le obliga a superponer constantemente sus 'recuerdos' del pasado a las imágenes del presente, pero ve un presente lleno de olvido, desmemoriado, inmerso en sus propios problemas actuales.

La ciudad que encuentra no tiene laberintos filosóficos abstractos como él los expectaba sino enredos cotidianos. La crisis argentina en su momento de mayor eclosión lo saluda como una realidad densa, incontrolable, como una masa que lo atrapa, lo sujeta y transporta súbitamente a situaciones para él inverosímiles: no llega al sitio que busca porque una marcha de manifestantes le cierra el paso y lo abandona en un lugar desconocido; las calles y los locales cambian de nombre; los paisajes se convierten de pronto en una suceción de círculos; los decorados o escenografías de los locales cambian sin lógica dando carácter teatral a la realidad; la lengua subterránea de Bs.As. se desplaza tan velozmente que cuando intenta atraparla se despista; incluso el valor del dinero se vuelve impreciso de un día para otro: todo lo contrario de una ciudad organizada y lógica donde uno se guía con la razón como aquella de la que probablemente proviene Cadogan.

Su intelectualidad y su apego a las referencias literarias le hacen abrigar la esperanza de encontrar nada menos que el Aleph en el sótano del bibliotecario Bonorino, quien elabora la Enciclopedia Patria de la Argentina y quien, reconociendo su inquietud por reencontrar laberintos dispersados en la literatura, le advierte: "Más apasionantes son los laberintos que tenemos delante de nosotros y dejamos pasar sin ver".

En suma, la realidad le es tan inaprehensible y su cimiento intelectual se tambalea de tal modo que en algún momento llega a temer (claro, siguiendo la lógica de la literatura fantástica) que la ciudad entera llegue a desaparecer y después nada sea como había sido antes.

Quien tampoco parece guiarse con lógica matemática, racional ni erudita es el cantor al que el intelectual persigue y con el que no da, justamente por 'alucinar' demasiado. Estudiando su itinerario de conciertos espontáneos en lugares inusitados, Cadogan va descubriendo anécdotas de impunidad e infamia, antros de tormento y crimen que han edificado la historia de Buenos Aires y que la manipulación del recuerdo oficial se empeña en borrar. Martel, en un intento utópico, trataba de invocar el pasado y recuperarlo de modo intacto: "Yo también canto sólo por eso: para que regrese lo que se fue y nada siga como está".

Sin embargo un solo personaje mítico no puede resolver el enigma de Buenos Aires. Además, esa ciudad que ha sido cantada en tangos y descrita en novelas y cuentos tampoco puede ser realmente determinada. "A veces me parece que el verdadero laberinto de Argentina son sus gentes", dice Cadogan sin decepción luego de haber buscado lo descrito en la literatura sin mucho éxito. Y termina pensando que quizás lo mejor de Buenos Aires y del tango es lo que no está registrado.

Luego de haber experimentado la ciudad viva, que al inicio temió lo alejara de las construcciones míticas que él tanto valoraba, concluye: "Su única belleza es la que le atribuye la imaginación humana". El mismo Cadogan volcará su experiencia no en una tesis literaria científica sino en literatura. Y a través de su novela el mito continúa.

Es un libro muy ameno, inteligente y con un final estupendo. Se los recomiendo.

Malena Martinez

Por Malena Martinez
mailto:malenamc@latinmail.com
Publicado Miércoles, Noviembre 3, 2004


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