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Ravaillac en «Cristina»
Por Carlos López Dzur

Desde que él se presentó en el teleshow de Cristina, la vida anímica, emocional e intelectual de Damian fue más evidente a sus vecinos y a todo aquel que, por afán de saber acerca de él, se interesó en identificarlo en las calles del Condado de Dade.


Desde que él se presentó en el teleshow de Cristina, la vida anímica, emocional e intelectual de Damian fue más evidente a sus vecinos y a todo aquel que, por afán de saber acerca de él, se interesó en identificarlo en las calles del Condado de Dade. Estaba en una foto del periódico. En un programa subsecuente, Cristina dijo que el viejito murió.

Se supo su santo y seña, su realidad y por qué dijo que su nombre fue Ravaillac. Es culpa de él. ¡Es que el susodicho habló hasta por los codos, danzó e hizo maromas de poseso, por la televisión! Y siempre hubo quien tomó por tarea separar el grano y la paja. Y, pasado el mes, saber si fue mentira y ruido lo que dijo, si su muerte fue la consecuencia de un hartazgo con la Viagra milagrosa, todo produjo gran curiosidad. En verdad, en la Florida hay santeros y creyentes en el más allá. Y él tuvo cómplices de tablacho.
Soy un filósofo del puterío.

Antes él perjuró que en su cuerpo, su alma, su mente o la gresca que tendría por conciencia, se encarnó o posesionó un tal Ravaillac. Dijo que hay espíritus poseyentes, ancestralmente determinados a llegar a su vida hasta robarlo, de modo que diría, guste o no a quien lo vio: yo soy él y no soy yo...

Un teleprograma como tal permitiría la suplantación, al menos, que se designara a voluntad como quien dijo y alojara un ideal del ego con su renuncia al ser. Damián querría ese ente procesado, aunque en el proceso perdiera la cuenta de lo que fue. Hoy sabemos que se atascó con viagra. Que sufría por su negrez. Y que ante millones de televidentes expuso una teoría erótico-social:

(1) La (cápsula del) Viagra es una dispensación divina, providencia que Dios da porque el Creador aprueba en todas sus criaturas una gran sexualidad. El talento sexual se dispensa a los machos latinos, no a los sodomitas que, desde los tiempos de Lot, o la Vieja Gomorra, amenazan a la civilización. Los dominicanos es la gente más sabrosona de la nación.

Nos sabemos menear.

(2) Dios no se burla del pene del hombre (conste: Damián dijo vocablos censurados por sucesivos bips en la transmisión) y del tamaño con que la V... bip... se creó la vaina del dominicano, ¡qué santa es (el pene es el báculo de Dios, aún vaya al culo... bip por equivocación y con ella, el Lingote / Morcilla prieta, se dará placer a las vírgenes de la Nueva Jerusalén:

¡Las mamis ricas!

Para el Nuevo Orden post-napoleónico y post-ratzenhoferiano de la conscuspiscencia universal, tercermundista y darwinista, que vivimos, la señal de los escogidos es el prepucio. La V... bip... es lo que cuenta. Y entre los 444,000 selectos por Dios y que sepan moverlo, merengueando el baile del perrito, están hijos del llamamiento.

Bailar es la ecuación perfecta del ser y santo ceremonial.
(3) Norteamérica es la frontera de salvación, la ciudad de refugio. Aquí el hombre salvo, hombre nuevo que San Pablo predijo se volvió quisqueyano y toda la vieja Babilonia, hijos de la Gran Ramera, son el Tercer Mundo pre-industrial, con oligarcas castrenses, coqueros, bananeros y corruptos que no se habrán de salvar. El viejo orden pre-capitalista-católico-burgués, carente de esta visión sucumbirá. Quien se niegue a aprender pérez-será y sancho es. Bailar es la ecuación perfecta del ser...

¿Qué piensan de las teorías de nuestro invitado?, Cristina preguntaba al auditorio.

¡Es disparatero! Que deje la religión en paz...
¿Hasta qué punto será tolerada su imaginación?
Diga Cristina que soy Rey del Viagra a mi edad y filósofo del puterío ---bip.

Adoptó, en primer lugar, el nombre del tal... Ravaillac, el tirano católico que mató a Enrique IV. Este personaje, violentamente desaparecido en la historia, si fue real como lo es él, fue atenazado y descuartizado el 27 de mayo de 1610.

Una mami muy rica es la que me puede matar y le va a dar trabajo, Cristina, porque el Don que Dios me dio es duro como el moralón.
Y reía desde su boca bemba con grande dentadura, aún blanca y saludable, sin postizos.

Como invitado de la noche, en galas de teorías oscuras, envalentado por leyendas históricas que escuchó, quiso ser llamado por Cristina ... díme, mamita, que soy el espíritu de Ravaillac.

¡Como el tirano! y murió, por coincidencia, el mismo día que él: el 27 de mayo, pero más de tres siglos después y sin que nadie lo esperara, ya que apareció en televisión y se murió sin más ni más.

Desapareció. Y Damián adujo proféticamente.

Moriré bailando y cingando, cebado de joder.

2.

Ravaillac is back!, dijo Cristina en inglés.
¡Pero qué distintos son los detalles de hoy!
Estuvo at issue deslindar hechos relacionados a su vida. Por ejemplo, ¿quién fue su Enrique IV de Borbón? A dos meses del Gran Llamado que alegara, la prensa comunica que se suicidó. Murió el negro al revés, designado por Cristina el Rey de la Viagra. Tenía una estampa de mandingo. El pelo con tintes de rubicundez. Nadie fue más aplaudido que él, el negro que no lo quiso ser y que dijo que, aún viejo como es, se comía a las nenas de la cabeza a los pies. Cruditas y sin sal.

A pesar de su jactancia, Damián cosechó la simpatía del gran tirano: la audiencia que lo aplaudió. El público que ríe. La animadora lo azuzó o acomodó el tema en las erotomanías que comprendió por causa de Damián. Y el perfecto fulanista se creció ante cámaras de televisión. Como guajiro que acariciara la raíz de la universalidad; como fantasma candongo del más allá, este invitado se dijo renacido en la fe del Cristo protestante, redentor, y que odiaba al Orden Nuevo de Napoleón y repetía como Voltaire, en actitud anticatólica, que el Sacro Imperio Romano ni sacro, ni romano, ni imperio fue.
Había quien, al oirlo, lo quería rectificar, pero tenía menos elocuencia y chispa que él.

¡Todo estuvo a su favor! Cristina quiso que él, bombo o maraca, se sintiera americano bajo la gran bandera occidental. Que ofreciera su buen show... y comunicara el espíritu de Ravaillac, divertido y enjundioso... Amén...

El habló sobre la leyenda negra de la Iglesia, el pietismo sin viagra y las jerarquías demónicas, postnapoleónicas y ateas... Por pedantiño, aquí habría para todos su vacilón...

Nada es más antidemocrático que la Autoridad papal... , dijo él.
¿Qué de malo hay en ser católico hoy, hombre de Dios?, preguntó Cristina.

El celibato, mujer, y que sus curas ya no mueven el culo.. (ay, bip).
Despreocúpate, ¿cuál es tu nombre, eh?
Mentiroso.

Cierto. Damián creyó en demonios y en vudú. Dijo que alguna vez le arrebataron su fe y anduvo con mujeres, anglófilas, sedientas de placer, y que perdió su confianza en las instituciones de la religiosidad. Mas, aleluya, el Santo Viagra lo regeneró.
Volvió a las nenas, presunto haitiano.

No se supo, en realidad, hasta que murió. Se las dio de quisqueyano aquella vez. Que en la tierra de la yuca y el merengue nació. Después de elucidar una exégesis sobre la Masacre del Día de San Bartolomé (1572), él danzó con meneos tan lúbricos que Cristina se ruburizó. Sus obsesiones con Dios y el espíritu que dijo comunicar tendrían poco que ver con esas contorsiones de sátiro cabrón. Había que verlo bailar, luego aplaudirlo.

¡Qué escándalo, señor!, decía la animadora con calores de rubor, o por relamida lascivia a flor de piel.

Y por ser hombre de más verga que virtud, oversexed guy y otros afines, que ya no se ajustan a su edad, lo aplaudieron. Lo elevaron al pedestal de Rey del Viagra y del Vacilón. Se robó el show en la tarde de la grabación. Y sería escuchado, no sé si con respeto o qué sé yo. Decía cada barbaridad, religionadas de postín y credo quia absurdum, y había que verlo en sus moles, en lo que mejor sabía: ¡que fue bailar!

¡Qué poco duró la vida suya a partir de ese día! Damián is dead! se dijo. El programa de seguimiento sería un requiem, adiós para el guapachosamente inútil y fementido Ravaillac...

La temática, Dígalo en Cristina: ¿Por qué se dañó su vida sexual? El desafío fue la confesión fundamental. El nuevo tema fue propicio: la disfunción eréctil, la impotencia y, desde este nuevo contexto, se hablaría más en serio del sepulcro de su pretensiosidad...
Y, en justicia sea dicho, de la vida de Damián, la precaria gloria se esfumó. Se había echado la audiencia al puño, pero no es eterno... y el viagra no es panacea. Tiene sus peligros. François Ravaillac no pudo volver. Historias como la de Juan de Mariana y Ravaillac tienen un triste final. Como homenaje ad hoc, Cristina transmitiría otra historia que Damián no contó. La verdadera historia de Damián.

En el nuevo contexto, se explicó por qué él dijo que es uno entre los judíos, hugonetes y pequeños eunucos de Dios que a las manos de Dios se entregará. Que Dios lo sellará. Y lo hará bailar furiosamente como David ante los ojos de hermosas doncellas, las gringuitas de las discoteques, pero esta vez en El Paraíso, en la semivida eterna del vudú.

Señores, El Paraíso es un antro. Nada qie ver con las Santas Escrituras, aclaró ella para desmentir las interpretaciones teológicas de aquel cabezón.

Un informe policíaco aclaró que Damián escapó de Haití.

Navegó en una balsa, hecha de ramiza sobre una llanta de camión. Llegó a las costas de las Bahamas, donde fue capturado y aporreado por guardias, pardos de carabalí más negros que él. Y lo tupieron por jovencito, por mentiroso y por ladrón. Lo violaron con glande pistolón que empujaron por los chiquitos túneles de su piel. Y donde no quema el sol fue herido. Y se inventó un nuevo ser y su querer olvidar.

Sí, se me olvidó decir
que así hablo yo:
loando el azúcar y el café,
el rico cingar y el suave bongó.
Y yo realmente bailo
por no sufrir ni llorar,
y al bailar, olvidar...

Quizás fue sincero en aquel canto que rapeó.

Antes de su captura, Damián desnudó un muerto. Su botín fue el pantalón verde, moteado, de ratina. Lo usó por meses y meses, sin lavar hasta que la lana entrefina se desmenuzó y volvió a estar desnudo y pobre. Con los timbales al viento, calato. El cadáver fue de cierto boina verde, pero allí en el monte lo halló y lo robó.
Les juro que yo no lo maté...

Y, vestido con pantalón militar, pasó de la miseria de su ayer a los mitos de América, a los años de Miami, a la seguridad, a la fe de creer, a la razón de olvidar... En fin, a una nueva identidad, la que él presumiera en televisión.

¿Qué importaría si haitiano o cubiche, si dominico o negro, en merengue o en inglés, si con boca de mamón o en chiquito te doy, sólo ha querido pervivir? Ante los que son aquí y los que son de allá, darse su identidad menos triste que el pasado, evitarse más cautiverios e interrogatorios sobre su vida, el robo del pantalón y la temeridad de emigrar.

Un túnel, fronterizo, casi locura, lo tragó. Vivió del baile y del billar. El sol arriba es falso... Ahora sí es más dura y real la oscuridad. Se quitó la vida. Hombre de Dios, rey de la viagra, hueso duro de roer, machazo del vacilón, merenguero y rimador, jactancioso because of his twelve inches of real meat long...

Tristes están las putas que lo supieron y no lo tendrán más: Hoy se murió, viejto, afanado por probar que su virilidad fue un evangelio para su salvación... Había dicho... por SIDA no será...

... si muero en la raya es que voy a morir.

De joven trabajó como security guard en la misma discoteque... donde se le halló... Ya, total, que se diga la verdad. Nació en Haítí. Golpeado y casi muerto, se lo entregaron a funcionarios de Inmigración. Lo navegaron por muchas islas y cayos. Dijo que nació en Aguadilla o Mayagüez y nadie lo creyó. Se jactó de ayudar los Green Berets y, por decirlo, lo interrogaron en Miami y en San Juan. Lo llevaron a Ramey Field; lo metieron en prisión.

De Santo Domingo lo devolvieron a la Florida, donde se abrió las venas, sin morir. En Miami, él perfeccionó su modo de mentir y lo golpeaban; pero también le dieron servicios médicos y pan. Y se hizo viejo, loco y juguetón. Ninguno tenía una noción clara de su identidad

A veces despertaba con recuerdos de cadávares tendidos en los montes. Matanzas. Y tendría que haber sido alguno de los muertos porque olvidó su ser. Le presentaron una lista de nombres de combatientes clandestinos, de víctimas y perdidos, en 1966, cuando las Fuerzas Interamericanas de Paz partían a sus naciones... Y él ya no sabía su nombre.

¿Cuál de ellos seré?
Sus obsesiones con el más allá, numinoso, la umbra, mentiras que se inventó le permitieron sobrevivir y ser más listo que muchos. En fin que lo llamaron: Nometoques, Ravaillac... Cristina misma lo dijo: Jamás olvidemos que fue un hijo de Dios.

En algún momento, en aras de salvación, como si se lavara en río de leche y miel y su piel se transfigurara, dijo ser blanco. Blanco, nometoques, como el ángel y el amor... A cada caribeño de tez oscura y labios bembos les llamó hugonotes, judíos de perdición, demonios de hollín, eunucos sin el sellado de Dios.

Lavado y bendito fui
y lo negro se me borró
y así también los mulatescos
pecados del cañaveral.

Ya no tengo dinga ni mandiga,
ni soy morisco ni cuarterón
y las mamis me quieren
y lo mismo a ellas, yo...

Y se jactó de poeta. Dio recetas para el público. Que se coma mucho el melón y el tomate cocido y la guayaba porque son buenas para el corazón y su alto contenido de licopene evita el cáncer en la próstata. Satanás sella con la maldición al atacar el metabolismo del colesterol, pero el licopene, Rico-Pene, es un antioxisante carotenoidal. Coman uva rojas, pimientos rojos y chupen del Rico-Pene su Lycopene.

Cristina abrió los ojos como una vaca a punto de cagar y el auditorio lo retó a rimar sus recetas del rico-pene antioxidante y caroteneidal.

Para hacerse simpático, con rimas de su rap, él estalló en risotadas y habló de las hojas bivalvas del Gynko con hizo pócimas para no perder la memoria y ayudarse a triunfar. El jenjibre es bueno; Gynko refrena la demencia precoz. No hay afrodisíaco mayor que el manoseo. Las nenas que tragan el semen son más ardorosas; se mueven mejor, tienen clímax más intensos, hasta se echan pedotes al hacer el amor.
El neurotransmisor dopamina es el secreto. La piedra filosofal. El elíxir de la pasión. En el semen (bien lo elucidaba Damián) la dopmanina, combustible de la pasión y la excitabilidad, baila con calor infernal y por eso él no cree en el uso del condón ni en los remilgos de las nenas que se niegan a mamar. Bailar quita el estrés, dijo el Sabio del Melón, pero abrir una papaya a lenguetazos, dejar color de tomate en las mejillas y las nalgas, el manoseo cariño y dulzón, es una forma de bailar y recuperar la hormona cortisol, porque sin cortisol, sin dopamina y sin sertonina suficientes, por causa del estrés, sólo hay ansiedad, desasosiego, frigidez.
Lo triste fue que este sabio de jenjibre y el licopene se suicidó.
Cristina ya no lo podrá rutilzar para que nos divierta e ilumine con sus rimas y mineos, sus dicursos sobre la química hormonal o la teología del Nometoques, del Negrito renegao, espíritu de Ravaillac.

Antes, sin embargo, el seudonegro listo, divertido, Damián o François, bailó al son de la erótica de perrito. Urdió palabras ruborizantes, apenas dismunuídas por el bip bip censurador. Atrajo así a mujeres a la complicidad. Dio detalles sobre las mañas de entrar sin pagar, beber toda la noche a expensas de la discoteque y festejar la cultura de la carnalidad, la salsa y el sabor. Estuvo dispuesto a mostrar el Rico-Pene del Lycopene caroteneidal.

Nunca dijo que había tristezas en su vida y que estaba viejito. Hasta el último día se sintió con ganas de amar y levantar la Vara de Moisés, el Báculo de Dios.

Vivió la caída del triunvirato dominicano de 1964 a 1965. Sobre el General Caamaño Deñó y otros en el Gobierno de Juan Bosch, hablaría como si fuese de la Corte del Rey Borbón... Si fuera partidario del coronel Elías Wessin, jamás se probó... si lo fue de las fuerzas interamericanas de paz o los infantes de marina, ¿quién lo sabrá?... Pero, en su más remoto recuerdo, la fecha de 1965 tuvo su desquiciante morbidez y dolía, a pesar de su joder hasta olvidar... Desde entonces quiso ser llamado Ravaillac.

27 de mayo de 1990. 380 años después de la muerte de François, el tema memorable es: El Viagra y los Cristianos en la Víspera del Milenio. Y como Cristina lo clasificó como no nometoques, tipejo con alguna etnohistoria del padecer, Damián se antojó una mescolanza de negro y francés. Tendrá que agradecer los genes a alguna blanca mujer que lo parió.

Ni pierde ni cuje: sus ojos tenían la inocencia tranquila de Jon Secada; su nariz, la chata expansión de Johnny Laboriel y las quijadas de cabecita de algodón, el esposo de Celia Cruz; pero ¡era un negro, en plenitud! Y no lo quería ser y recomendaba el viagra para quien dejaba caer la Vara y el Bastón Divino en abismos de flacidez y tedio.

El consejo de Damián para su público, a pesar de la censura fue de lo mejor: «Nenas, a mamar (BIP); machitos, a menear el culo (BIP), a formar su vacilón y, si hay disfunciones eréctiles, por la vejez o el estrés, a la Viagra, al jenjibre, al tomate y al melón. Gracias, Cristina».

Miami, 12 de mayo de 1994

Por Carlos López Dzur
mailto:baudelaire1998@yahoo.com
Publicado Miércoles, Noviembre 3, 2004


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