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La entrevista
Por Carlos López Dzur

«I have given all! ...» dijo como apertura a la entrevista.
La Diva sirvió dos coñaquitos. Sobre una mesa de centro, colocó nerviosamente un calderito con perfectos cubitos de hielo. Supuse que una copita sería para mí. Mas ni me atreví a tomarla, porque observé que, a la primera oportunidad de cada ronda servida, sorbía la copa que supuse mía y no decía ni perdona.


Serás llena de embriaguez y de dolor / por el cáliz de la soledad y desolación,
por el cáliz de tu hermana Samaria.../ Y se prostituyeron con ellos, con todos
los más escogidos hijos de los asirios / y con todos aquellos /
de quienes se enamoró, / se contaminó con todos los ídolos de ellos:
Ezequiel 23:, 7, 23

«I have given all! ...» dijo como apertura a la entrevista.
La Diva sirvió dos coñaquitos. Sobre una mesa de centro, colocó nerviosamente un calderito con perfectos cubitos de hielo. Supuse que una copita sería para mí. Mas ni me atreví a tomarla, porque observé que, a la primera oportunidad de cada ronda servida, sorbía la copa que supuse mía y no decía ni perdona.
Además, al contar sus bellacadas, una tras otra, me asqueaba con ella y, no por otra cosa que el hecho de que decía ah caray, hijodeputa, no sabía si a mí; pero a los más célebres productores con los que negoció sus contratos para cine y giras teatrales, endilgaba el don similar de ser pargos inmundos. Entonces, me consolé al pensar que no se refería a mí.
Sobre lo que ella viviría con los más chafas, pues, imagine usted qué dijo...
Sin embargo, había una chispa de elocuencia, loca, repentina y desorganizada, que añadía cierto rigor y credibilidad a su vejez y su guapura y, por momentos, a la plática de sus descargas. A veces me tenía que auto-resucitar del eco malicioso de su retórica y salir del empequeñecimiento con que elaboraba anécdotas sobre los periodistas que se clavaron sobre sus mullidos sofás.
Decía que había ciertas vedettes, muy conocidas, a cual más bribona, que ofrecían las nalgas para que uno, el periodista fijara a un apoyo de cola su libreta de notas o enchufara el micrófono, si quería, cuando utilizaba grabadora, con pilas de poca carga. En sus nalgotas perfumadas, habría agache y sostén. Nada es más prostituyente que vivir de la publicidad.
Estuve a punto de detener la entrevista, con rabiosas ganas de ubicarla en el carajo; pero renunciar al encargo sería una cobardía y lastimaría mi incipiente vida en la prensa. Al fin de cuentas, ella me abrió la entrada a su casa. ¡Y como tenía dinero en inmuebles y joyas esa perra malparida! Me besó las mejillas con dos besotes que me secuestraron hacia el interior de su piso. Después ví que sacó álbumes de fotos y recortes de sus viejos cuadernos y portafolios. Uno tras otro, quería enseñarlo todo aquel día porque ya nadie joven ni respetable se acordaba de ella, ¿será?
Fue insufrible, cuando se puso uno y otro de sus vestidos que aún conservaría, celosamente guardados, como galas de su farandulería... y uno esperándola por la prisa de entrar en materia e irse de una vez.
Mi admisión fue su pretexto para actuar y una cita a ciegas con sus propios fantasmas, en particular, los ya olvidados o menos frecuentes. Se maquillaba y desmaquillaba para tales espectros. Rescataba de su memoria, tan portentosa, los trozos predilectos de piezas teatrales, películas inéditas, monólogos que le dieron su fama. Así, por igual, reconstruía entrevistas que concedió, en su mejores tiempos de estelaridad. Rehacía entuertos y profetizaba,como si Ezequiel dictara alguna nueva diatraba a la musa que la anima. Teorizaba.
Para ella, el teatro nació en Grecia cuando el hombre descubrió su introspección y sabía debatir con sus culpas, sin sucumbir en el desastre de las vergüenzas al punto de castrarse y oprimirse en favor de falsos cielos y redentores.
Esto es algo que sabe cualquier artista de verdad que haya nacido para dar espectáculo y dejar una huella en el ágora, en la plaz o, en las tablas. El arte es inmortalmente griego y se hizo una inmoralidad universal.
Cítame eso, carajo...
Encendí una grabadora. Al ver que no tomaba notas, como ella hubiese preferido, lanzó sus puyas. Entonces, ya a esta altura, con más tecnología a su disposición, según lamentó, las nuevas tendencias del cine y la televisión harían un impropio espectáculo de las realidades de la imaginación, basado en las meras cosas, en vaciedad o carencia de lo humano.
El espectáculo se ha despersonalizado.
Un objeto inconexo sustituye al espíritu para que el actor o la actriz desaparezca.
En los tiempos del teatro verdadero, ¿quién fue la que danzara? Terpsícore y Polimnía. ¿Quién fue la que cantara? Una musa que creyó que la garganta es el pájaro más bello. Erato es la energía que te llena. Realmente cantas, no das berridos. Lo crees y lo transmites con plenitud. ¿Quién canta hoy? ¿Chalino Sánchez, Ezequiel Peña? ¿Tanta voz letrina y putilla en paños y payaso en chamarras de circo y de colores?
¿Quién convocaría la risa? Talía...
Ahora el teatro es una blasfemia de nacadas, una tras otra, puerco asco,, porque si subes un marrano como seudo-intérprete, vestido de colores, al director de escena da igual. La moda del mediocre es el suicidio. Tú lo admites todo por un pasito duranguense, tú le cantas a la mesa que más aplausa de un ZA-ZA-ZA de afásicos, imbéciles inveterados de la industria y lo más chusco...
La gente se entretiene con cosas, no con vidas, con empatía... Un cartel de marquesina da mayores méritos que la persona, llena de dioses con energía divina. Te igualan a Lassie, a la Mona Chita y hasta un estúpido robot, electrónicamente manejado, vale más que un carácter trágico de Melpómene... Con lo mejor que la Naturaleza ha impreso, con engramas de la evolución para comunicación y para disfrute del espíritu, han hecho burla y escarnio... Vea, hijo mío, todo es FADE OUT.
¿Dónde están las bellas, auténticamente bellas?
La diva cruza las piernas. Aún son bonitas, aunque más nerviosas que ágiles. Dice que ya suspendió su ejercitamiento. Estudió el ballet durante los primeros veinte años de su vida. Pero el ballet no lleva a ninguna parte cuando quieres mucho dinero en la bolsa.
Hace otros veinte años que el espectáculo verdadero subió a los corceles de los asirios.
¿Qué quiso decir con la metáfora?
No dí crédito a mi ignorancia. Es más seria que todo lo que imaginaba.
Ella recitaría a Ezequiel, pidiéndome que mudara mi cara de babieca, desfigurada por el rubor y el asombro, cara que le pareció más estúpida que lo que yo pude ser. Acaso, ¿creería yo que sus cinco matrimonios fueron productos del amor? No. Ella con descaro, lo confesaría:
¡Me degradé hasta lo indecible hasta que, al fin, supe que moriría sola, hastiada de tanto hombre fatuo y chupasangre!
Ni aún al primero de sus maridos quiso, confesó a quemarropa, entreteniéndose con algunas hipócritas carcajadas. Se hundió sobre el presunto macrofalo de uno y otro, y matriz adentro, del primero al último, jamás ninguno puda fecundarla para dar el consuelo de una simiente para que en los días de vejez, se jactara de haber sido madre. En aras de entrar a Hollywood, que es Sodoma, con sus crueldades, con su oropel vacío, se dejó querer. O desear.
Tuve que hacerlo. Te diría mentiras si lo quieres. Que no soy una criaturita de cuatro letras, p-u-t-a, que estoy más que olvidada, malcitada y deformada... pero, ¿para qué? Han crecido por millones, gracias a las revistas, quienes saben que no soy monedita de oro y que tengo menos virtudes que leyendas relacionada a mi vida... Yo vendí mi juventud al mejor postor y por más aplausos, me olvidé que la belleza a flor de piel, se acaba y sin saberlo. Y dejaste la vida en vano en manos ajenos el día que sigues creyendo que gustas a alguien que te aborrece porque ya no eres joven... Comencé tan niñuela que creí, siendo joven, que fui más vieja, creí que no se envejece y con la vejez se crece el olvido...
Antes, aún vendida por los precios y ambiciones que no puse ni inventé yo, no sabía lucrar. Obedecí a mi musa y a la carne... Creí que tendría el tiempo a mi favor y que el amor de los públicos sería fiel hasta el día de mi muerte y de mis arrugas... ¡Falso, falso!
Entonces, cuando joven, expresé toda la gracia que los griegos llamaban karités, agradabilidad de mi naturaleza femenina. Fui un sex-symbol... Amada por todos, aún por el neutro Don Nadie, que es uno y cada uno de ustedes. No sabía que otro mundo, de gente que me pudo amar mejor, más desinteresadamente, estaba inexplorado, en vidas privadas que jamás se acercaron al teatro y que jamás formaron ídolos ni aplaudieron a nInguna, pudiendo hacer con más pureza lo que yo... Por tanto, a esta gente ni las conocí ni me conocieron... Los que me amaron, que son los que contarían, al fin y a la postre, fueron los que me vieron crecer en el escenario, o endiosada en la pantalla...
Bailaba con muslos firmes y era un capullito sediento de sol, la auténtica Aglaia, radiante, sin arrugas, sin indicio de cansancio. Y nadie se molestó en educarme para que me fijara en un hombre, en un posible marido, en un cómplice que me viera desconectada de las musas y en una casa, con jardines, con niños, con ropas en remojo, calderos y platos, que yo refregaría con mis propios puñitos y uñas...
¡Por eso estoy tan sola hoy!
Entonces, la ví llorar como lloran las divas terrenales...
Una cosecha de carcajadas se corta en su garganta cuando recuerda que su primera experiencia sexual fue con la masajista del teatro. Esta es la mujer que la recogió de los portales de un antro de Broadway, donde la dejaron envuelta en pañales. Es difícil saber quiénes fueron sus padres. No dejaron una nota. Un aviso. Habría sido la hija de nadie, pero una pareja de teatreros la recogió y la crió para los duros desafíos del baile.
Ahora mi entrevistada se queja de que se le pida que salga de su self generated crisis, a fin de redirecting frustrating feelings to lift self-esteem. Asegura que su agente, sus amigos productores, la membresía de Lo Nuestro, han sido advertidas por ella: Mierda, yo no tengo complejitos ni complejotes. Mi contacto con las musas sigue pleno. It's in full swing. Lo que sucede es que hoy digo las verdades que no pude decir. Quisieran verme haciendo de abuelita boba, una Sara García o qué sé yo. No, no soy material para las telenovelas estúpidas.
¡Perdóneme usted!
Este es su punto: las musas de las que habla aún servirá a la divinidad de su meta cósmico-concreta y macro-inclusiva, no a las nimiedades de los seres individuales. La musa acompañante, el ángel o duende lorquiano de una diva (como ella es, cree ser una), creerá que cada actriz es sacerdotisa, incapaz de pensar egoicamente y de fijarse miras de corto alcance, como sería irse a la TV de México a dar lástima.
Hice cine en Europa y en Hollywood y teatro en Broadway. No quiero menos A la devoradora de dichas privadas y hogareñas, la musa la transforma en una mera espectadora, la que aplaude, no en protagonista sobre el plateau. Un adagio equívoco declara que de músicos, poetas y locos, todos tenemos un poco.
Mentira. Al oírlo, lo rechaza de plano. No tengo un poco de locura de músico o poeta; yo, diva, me llené de divinidad. El verdadero arte es destino. Los dioses me pusieron en el teatro y el cine. Del pañal al escenario. No elegí. Fui echada a este mundo donde hoy me sacan. ¡Gente que no es divina, mercenarios!
La diva empina el último cognac de la botella, antes de echar un suspiro hondo como el tufo dulzón con que abofetea los cachetes del aire.
Olga Breeskin es una caricatura con un violín en la mano. Dále una escoba y es la misma estampa de arte chueco, de gato por liebre. Laura de León es una chiva que muge o una yegua en pantaletas... A más viejas, estas inmaduras personalidades se aferran a las máscaras que jamás llegaron a transformar en espíritu, en presencia plena de musa... Creyeron que el arte está en los huesos, o las tetarras de silicón, como pintura o en la piel como escama o pellejo, como ridículo tattoo...
... Puedes creerte la más bella de las Gracias... Imagínate, Calé, hembra preciosa, adorada en Pafos y asociada a Venus, Afrodita. Hasta los espartanos más rudos y misóginos que los atenienses adoraban la imagen de la gracia en cuanto pedazo de carne y juventud; pues la gracia, lo femenino, lo sexualmente provocador, no es arte. Lo que es arte y catharsis es trágico. Es interpretación y purga.
María Félix es el simulacro femenino de Drácula... Yo sufro, con nervios, cada vez que escucho, en boca de animadoras que se anuncian como inteligentes y sensatas, que estos volúmenes de carnes y curvas, son guapuras, hembras de cuantía, majas en el sentido griego de járite, gracia voluptuosa, imágenes de la Venus ante la pupila universal del arte... y, de cierto, que les celebran el busto y las caderas como si se tratara de abundancias de mérito artístico, de calidad interpretativa... Sí. Ellas venden carne, su bustarro hecho con dos pencas de coco... Así de simple es el arte de ellas, abrirse la falda, soltar el calzón y provocar erecciones en cualquier matraco... Soy artista de otro tipo. Hice que mis pies sangraran hasta aprender a bailar; me preparé y me hice querer de las musas... Mi último papel en el cine hubiera sido con José Quintero que dirigió esa película sobre las ricas matronas de Norteamérica en Roma. Vivien Leigh me quitó el papel, porque no fui joven. The !
Roman Spring of Mrs. Stone es un bodrio, and I meant it.
¿Qué sería el espectáculo sin ese elemento erótico del cuerpo femenino?
Hoy parece ser lo que más gusta, porfié.
Esto de que cara y pinta suplanta a la disciplina y aptitud. Esa es la vanidad prostituyente con que se prospera para medrar con arte chapucero. ¡Y aún yo lo tuve que hacer, es verdad! Conocí la amargura desde entonces... El 90% de una interpretación hay que sudarlo con las musas, sino la gloria es pasajera. Estas niñas, puras pimpettes de mi generación en Hollywood, de Leight a Lotte Lenya, son bisutería... Si la pechuga hace a la diva, yo renuncio. Si no se tiene una musa, su duendecito como decía Lorca, lía bártulos, nena, y a vender tortas a otro lado.
Dijo que se comía los codos de la ira cuando televisó cierto canal de México y vio que Ricardo Rocha sostenía el más cursilón mamarracho, dizque diálogo sobre los esplendores de La Doña. Lo había sintonizado y en toda una vida, con ojos pegados a la tele, nada fue más desmoralizador. Me sentí la puta más barata de la tierra. Y, en el papelón de ungir a María Félix como la divina pomada, él se pergeñaba como perro domesticado.
Si usted viene aquí y se deja pendejear por mí, ¿de qué han valido sus años en la Ibero o la Sorbona? En el juego de los gatos y los ratones, o los gatos y los poderosos, hay siempre uno más tonto y ese alza la cola del poderoso autólatra, cuya única función es la más contraria a las artes: oprimir a través de la negación de la catharsis. La María Bonita es el fraude más grande de la farándula mexicana. Cuando la supe creyéndose estrella en México y echando menosprecio sobre gente de mayor belleza y talento, dije: Esta bellaca lo va a echar todo a perder. En la rodada echará mi vida a la mierda... porque yo fui mejor. Ella comenzó a pendejear a lo más fino, auténtico y sólido, que había en México, de Agustín Lara a Diego Rivera, de Negrete a sabe dios qué otros y, sobre todo, empezó a cagar otras divas que sin jactancia, del modo cristalino con que las musas se expresan, servían a la divinidad, no a la lujuria.
Una yegua de lujo es lo que La Doña es... Ella es el trofeo que Calígula merece.
... Unos hombres creativos, como Lara o Diego Rivera, se merecen a una artista con musa, no un demónico parto de los montes que enloda por Europa la honra de los más finos hombres de México... y que un babieca como Rocha ofrezca el foro para que diga sus caballadas, mixtificándolas con un falso joie de vivre y citas de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, envenena mi alma, tan puta como ella, pero con la diferencia de que yo sé actuar, bailo, canto, me desnudé con gracia como pudo verse en películas que hice con Marcel Carne, Les Enfants du Paradis y Martin Ritt, el que dirigió Paris Blues...
Recuerdo que yo fui instruído: Esta vieja lengua suelta, cuando le piques la cresta, va a despotricar y no dejará una vaca sagrada, sin desgreñar...
La musa deja que tú crezcas, que florezcas, que te vuelvas radiante, alegre y hermosa. No te dice que hay ojos profanos que te comen y testículos hinchados en las braguetas. Estás exhibida como una fruta abierta, jugosa, presta al diente de cualquiera y no sientes culpa. Y una no piensa que esta es una agresión moral, sino una virtud, porque el arte es inmoral y serlo es una de sus bellezas más humanas. Lo que te monta sobre el falo del asirio es el precio. Cuando comienzas a querer dinero y el favor de una publicidad que Don Nadie maneja para los que son como él, mercenarios traficantes.
La diva dijo que no tuvo niñez. Una musa la raptó. La introdujo al teatro. Exhibió mi culo a los cuatro vientos. Y ellZ tenía trece años y su nombre ocupó una marquesina. Tenía la gracia de Eusofrine, la alegría, y la llamaron Friné, para que hiciera vodevil, desde pequeña.
Mas yo nunca tuve la soberbia de creer que yo fui la más bella de mis compañeras, o más bellas que las mujeres de mi barrio, de mi pueblo... Lo peor que pude ocurrir a una artista es que comiences a creerlo.
Dijo que, contrario a La Doña (María Félix), a ella no le gusta hablar del esplendor de la inteligencia. Ella no cree ser intelectual. Ni escribo libros ni los dicto. Y mis memorias serían tan chuscas y vulgares que me place más quedarme borracha y no recordarlas. Me proponen que las escriba. ¡Ah, qué mala leche! para quemar mi imagen yo sola y hacer más hediondo este abismo.
¡No, hijosdeputas, los escritores mentirosos!...
Y dijo que le vale cuatro carrizos que los periodistas ofrezcan tan hinchada pleitesía por La Doña y que la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas conceda premios a una que otra putarraca... El acto de la self-promotion exije un tipo de gente especial: cómplices y profanadores de la artista, adoradores de Baal hecho propaganda y culto publicitario.
Ella no es una de ese tipo. Ni fui ni seré ahora, ya vieja, una defensora de nada. ¡Sólo de un arte auténtico que ya a nadie le importa! No me pongo a hablar de los indios ni de Chiapas ni de las etnias jodidas o por joder. Cuando hubo hambre e injusticia en todas partes y, en especial, en mi cercanía, yo como La Doña me escapé a las zonas de seguridad y me cayó marido del cielo, con bolsos llenos de dólares, que los gasté, me los bebí, los jugué y supe que me vendía al mejor postor y que, con la misma lucidez con que festejé este logro de la mocedad y la belleza de entonces, tendría que lamentarlo cuando, con los años y las vejeces, el asirio se apartara y me dejara sin un papel, sin un reconocimiento... Este mundillo es duro e ingrato. Ahora vivo de los recuerdos de mi soledad...

Publicado en El Reportero Gráfico
(Orange County)


*

El Gran Concurso

Muchos todavía relacionan a Arnold el de Hierro con un héroe que salva al mundo de los malvados... Es una pésima noticia para millones de mexicanos y latinos que viven en California; los antecedentes de este actor hablan de que impulsará un programa de gobierno hostil para los inmigrantes: Francisco Mora Ciprés, diputado del Partido de la Revolución Democrática

Este hombre se observa al espejo. Quiso ser el más hermoso de los seres del género y, desde adolescente, ya movido por tal anhelo, sospecha sin teorización, él plasmó con alarde el sueño de utilizar esa imagen externa, su poder, a la sazón, eficiencia constitutiva e inherente de sus músculos, protomasas que visten sus huesos, con la idea de que salvará el mundo.
A él tocaría la tarea de llevar su corpacho a los espejos de la historia. Admitido el reto: se le dijo que ponga su cabeza, su hombría cultivada, en el asador. Y lo hizo.
Hay un poder genético, quiso él que se pensara, que lleva a la superioridad biológica y a los honores masivos. Hay una macharrería que apela a los mirones, a la plebe de las mayorías, que son tan crédulas de la mass-media. El hombre histórico se afana por verificar ese modelo, la casi bestia, sublime, triunfante, oportunista, y la sospecha de que existe se evalúa de modo ideal, weberianamente. Hay que ver cómo se las cotiza. De plácemes, las célebres bestias del afecto multitudinario ganan billonadas y salen en revistas. Vale la pena nacer, alto, duro, brutal, sí, para la industria... y jugar con las bolas... de fútbol... y echar puños y patadas, o amenazar a las niñas y las viejas, con un billete orgiástico, con amparos de fama y anonimia fálico-calculada.
En Sacramento, capital política de la quinta economía del mundo, lo creyeron. Dicen que allí hace falta el terminator. Quien fumigue y se atore a los gandallas. Y él fue por los premios de intentar una verificación empírica de que la bestia puede, con amor de su fanaticada. E hizo triunfar una del tipo weberiano, aunque la bestia de su imaginación, la pintó más guerrera que los hunos y cosacos.
Meditaba que él nació para divertir a esas mayorías, utilizarlas, fascinarlas y hacerlas que consumieran su presencia; sea Sacramento o Washington, da lo mismo; pero saber acerca de ésto no fue el resultado de conceptos profundos y apasionados en torno al hombre y los avatares de la cultura defectuosa que arrastra a las sociedades a sus momentos de represión social y de mala economía.
Todo fue tan sencillo y casual como el mismo narcisismo. Arnold no necesitaría otro conocimiento que su disposición a prestar su nombre, su imagen y vaciar un poco de su caudal personal de propaganda en la empresa. Cierto es, con riesgo de unos dólares, también se abona al desafío. Hay que añadir la harina al pan que gobierna el mundo: el dinero canta muy claro y catapulta a los que buscan gloria y destino.
Decir yo soy un triunfador y tengo buena voluntad y deseos de aportar, yo soy honorable ciudadano, quiero servirte, pueblo mío no basta. Ni unir su vida conyugal a una familia prestigiosa, con el mismo afán de lucro o de servicio que el suyo. Había que presentarse junto a 135 candidatos al Gran Concurso, encarar a cada uno en la contienda, sin perder el temple; sonar los cascabeles y danzar, dionisíacamente, formando el ruido que calla a las prudencias en lo oscuro.
Si alguno había allí que se extralimitara como ente mortificador, subluminoso, vaya y pateélo sin piedad, descabécelo, métale su cabeza en lo hediondo de la toilette. Mofándose de sus vidas y haciéndolos pasar aún por más mediocres, enanos, oscuros o pálidos, que él ganaría más que al convencer con ideas posibles en lo incierto.
El no fue capaz de estudiar otra que el cómo meterse en un braguero, casi en pelotas. Las nenorras de Playboy, con chochos afeitados y senos grandilocuentes, hacen lo mismo. Cómo dejarse maquillar y memorizar sus libretos es lo que importa. Entenderse concienzudamente con planteamientos, como los que Camejo trajo a la luz, a la palestra pública, no dará ni honores ni dinero.
¡Qué afortunado! A él no se pedirá que explique el por qué hay hombres y mujeres brillantes, solos / solas, en las torres de marfil, miseriosos pensadores e intelectuales, sin seguidores, sin la confianza de las mayorías de sus pueblos:
¿Quién es el más poderoso y atrayente de los hombres del Estado Dorado? Espejito, espejito, ¿acaso no soy yo ese hombre superior, extraodinario, el más espléndido en músculos, el más bonito, pragmático y heroico? ¿Quién hay que pueda negarlo y repetir mi sendero de éxitos?
De hecho, él vivió en un mundo de sombras, de puras excresencias culturales, pero bastará que ahora enfatice que ha sido iluminado por las luces de carnaval, la democracia de consensos multicolores y que, tanto él como sus fans, van hacia el horizonte glorioso de los votos y que, en ese tránsito de la biología a la propaganda consagradora, no tendrá un estúpido descenso, ni piedra de tropiezo con el nombre de los amantes bustos, como Arianna. O dieciseis casos de chicas cachondeadas por los dedos ligeritos de sus manos.
No hay problemas. Una vez allí, donde la propaganda y el dinero todo lo esconden y perdonan, la esfera de poder de los condescedientes y los condescendidos es tierra de nadie. Con Arnold, el Yo-todopermisivo, el yo-triunfante-vitaminado de esteroides, el todo en torno a todo será fácil, sin dolor, promisorio; Sacramento va en camino al paraíso. Todos se auparán por la ingenua percepción de los sentidos; él los llevará a los orgasmos sucesivos, al paroxismo de la felicidad republicana.
El reino de las celebridades es como la fe, divina, utópica, y sublima cada golpe bajo y cada culpa remordiente. Por codicia, por poder, se cena la mentira cotidiana y cada noche y día se puede continuar como si nada. A Dios rogando y con el mazo dando.
Los educadores de Arnold son igualmente los voceros de las sombras vencidas y olvidadas. Convocan el Total Recall en la Caverna platónica del ser-ahí; se confíarán a las Manotas de Hierro, a las invisibles manos de cátaro-alibegenses, los problemas del Estado y se dirán exculpaciones. Dios perdona al Terminator, que actúa con látigo de esparto y acaba las corruptelas del perverso. El demócrata, corrigió Arnold.
Aún los hijos de las sombras, más oscuros, demócratas latinos, confusos por servir a los oligarcas blancos, susurran que son hijos preclaros de la luminotécnica hollywoodense y del mejor leño encendido en la Caverna. Arnold tiene luz en la mirada. Es un sol visible en el abismo. Es el emisario de Dios que viene desde el cine en la forma de austríaco atrabancado, con prusianos gestos y tambores.
Te voy a dar mi voto, GoverNator. La licencia de manejo no me la quitarán. Soy ciudadano.
Hasta entonces, a debatirse con el sol de las ideas, no había salido el Arnold prometido, el ángel de nalgas planas y de grandes morrillos; pero, él ya está de gira con su grupo de demonios y harpías. El circo-móvil. La prensa lo sigue a todos lados. Cada ciudad que visita está en actitud de carnaval y rito mágico. Se vuelve un coliseo de gritos entusiastas y alaridos de lujo.
Las bastoneras desfilan, con faldas cortas, uniformadas y las porristas, con pantaletas azules del Partido, exhiben sus lindas piernas y llamativos traseritos. Arnold besa a las hembras, partidarias de todas las edades y, a los hombres, les estrecha las manos, aprieta traviesamente los nudillos. Que no vengan a clamar palmaditas en la espalda; no sea que se enfurezca y se le antoje levitar a patadas unos cuantos fondillos.
Otros que se encarguen de pedir el dinero. Yo no, les advirtió. Otros que le expliquen de qué se trata todo, si es que gana; por ahora sólo quiere caminar y dar abrazos, medirse las partidarias en su ombligo, exhibirse como un pavo y echar diabladas, con su boca chueca, torpe de labios y con acento torcido.
... y así pues, al final, en cada evento, él no hablará sobre nada; el colapso cultural autoinducido (que explica la fe en el referéndum revocatorio del status quo, cariacontecido, no fue su culpa. El desastre se debe a la figura más odiosa hasta el momento, Gray Davis, el encerrado en su buró, el decadente de pelo cano, el político escondido. Siempre oportunista, sin nexos afectivos con el pueblo.
Yo no elegí a Gray Davis; yo ni voy a las urnas. El día que vote será bajo mi nombre, dijo. El matón peliculero está sembrando amores y esperanzas en vivo y en directo. No pidan más. El va a salvarlos, California; ya declaró Carlos Olamendi, su vocero latino. Arnold sólo pide que le den su libreto en anticipo.
La efusión afectiva y la adrenalina, con brincos y piruetas de su elenco, perdura porque la comunicación es meramente visual con él; las camisetas con lemas schwarzeneggerianos convencen. Un bomber stricker en el carro presupone que eres, o puede que seas, miembro de su círculo selecto, no simple obrero de los estratos mal servidos y subcompensados. El es la simpatía que vincula conciliadoramente a las mayorías y la mano dura del que mata a las moscas, disidentes y hostiles, de cantazo.
Ninguno está junto a él, o se aproxima, para oirlo, o pedir las teorías que nunca hizo. Todos son cómplices de falsedades sistémicas aceptadas («necesitamos al super-héroe, al hombre fuerte»). Los que son indispensables y preclaros, en el propósito común, ya están con él y han pedido las reversiones con premura. Le entregaron un plan: convertir la democracia en maroma para las élites derechistas, por largo tiempo en muina y con la legalidad oscuramente promovida de los golpes de estado fue posible. Comprendan que Arnold sólo quiere que no se hable bazofia y lo confudan; vayan al grano les pide...
Después que él gane se verá cómo hacer justicia y complacencias con los datos.
Algunos de los interesados que salen en la prensa, sustituyendo al Arnold (que callando se esconde, contrario a Davis que al hablar se distancia), tienen mucha cola que les pisen; otros sacan de los escotes sus engendros peludos, sus cabezas cornudas. Son seres de tres ojos, objetos de la parafernalia surrealista y subcontextos utópico-maníacos. También el pueblo llano, impávido novelero, lo agradece... ¡Es divertido verlos! Cine y ascenso hasta el poder se coauxilian, se transmutan, saltan por encima de sus mismas sombras en la cueva. En fin, pueblo y dirigentes se re(V-B)elan para desafiar los límites alienantes y espectrales aunque, a tontas y a locas, aparezca el desastre.
Van surgiendo secuencias que a la luz mitológica, aparentemente dionisíaca y vital, se explicarán más tarde. De veras que se requieren cambios... Estas caricaturas (que al hombre real lo desfiguran) se ofrecen a los auditorios del voto libre, secreto, todopoderoso, sin tiempo para rescatar lo sublime que esconde el mundo, es decir, sus utopías de amor y cambios verdaderos. Empero, estos seres hedientes, con absurda programación hollywoodense, colocados en el carnaval, son no siempre inútiles y decorativos. El pueblo dice que tiene miedo, pues venga el hombre fuerte, Rambo, Archi-terminator, Diosito Santo: venga el cambio.
Ninguna cosa sagrada y profunda se discierne a la vista, cosa que no sea en función del circo desatado: el homo politicus cavernario y delirante. Ahora hasta los ojos de los demócratas, débiles, vendidos a los casinos del azar y el menosprecio por los pobres del suburbio, verán al paladín con las armas de siega y la venganza que chinga tan quedito.
¡Ha llegado el Gover hercúleo, el invencible con puños de acero!
Juntos van a las calles, disfrazados de trasgos de historieta y aparato retorcido. Demócratas y republicanos se reunen dizque civilmente con los hombres más poderosos y glorificados de la Tierra. Ninguno habla sobre nada para el pueblo; mudas sombras, panaceas de mágico milagro, porque de las cavernas del paradigma platónico vienen todos, sin cognición; tontos cada uno por parejo y, si acaso saliera de la boca algo, ¿qué ha de ser, Olamendi? Humo de esperanza, materiales obnubilados por capricho.
Al menos, otros en la comparsa, harán el simulacro de ofrecer discursos alusivos a cómo sacar a la economía de la crisis, sin desmantelar las ilusiones axiomáticas del Partido y sus falsas compasiones y agendas para el futuro del Estado. Con la victoria en ciernes, los republicanos serán los agresivos. Neopitwilsonianos. Bustamante y Davis ya son dos gatos grises. Se los tragará la sombra y la cueva del reposo.
A Sacramento falta este portento: un Arnold de corte rumfeldiano, un Dick Cheney, de nuevo cuño agandallado, con el poder de Casa Blanca, un Bush lleno de callos y espinas en las vedijas, con púas testiculares, con las bolas de plomo.
Vamos pues a apresurar el trago amargo, dijo el pueblo como pidiendo un golazo. Que el recall sea en octubre y el debate final, lo antes posible; venga, Mr. Arnold, y haga frente a los más picudos candidatos. Venza su miedo.
El acento austríaco de Arnold no es problema. El será breve, parco, calculadamente mudo y modosito. Basta que sonría y se suavicen sus mandíbulas y pómulos enormes. El micrófono no temblará en su mano.
El es un amor, su simpatía me ha cautivado, dijo la colegiala de Chapman University; un latino (que se rompe las espaldas como albañil y de albañilería sí sabe) fue entrevistado por el Canal 34 y dijo que lo admira porque, Arnold, inmigrante como él, aprendió buen inglés, trabaja duro, gana millones y es hombre sencillo, según ha comprendido.
De Arnold, al parecer, se espera mucho. California piensa generosamente: él no será un Pete Wilson. Arnold hará lo que sabe; no más, y eso es lo bueno. Y lo que sabe es poco, según se dijo. Que no se meta en camisa de once varas y en vez de ayudar, la cague... Viene de abajo, dice el pueblo y repiten. La estrategia que lo sube es que sea agradecido. Que se deje llevar, asesorar, conducir... que no sea terco, como Davis en la crisis energética. Que no actúo a tiempo ni sacó el valor de decir a Casa Blanca: Bush, no me chingues, dijo el pueblo.
Al nuevo governator le dieron la oportunidad de ser, como el modelo weberiano, el Tipo Ideal que todos sueñan, aún los poderosos. Ha surgido con augurios de muchas bendiciones.
De los mercados de violencia televisada, él sacó raja y de engendros subhumanos de la sombra (rivales que posan por ser humanamente plenos y reales), hizo arquetipos con sus caracterizaciones. Protagoniza lo que es y lo que quiere ser, dijo Arianna Huffington e hizo ladrar a sus perros en el debate del público silencio.
En el cine, Arnold se da el lujo de ser un delincuente y tomarse la justicia por su mano; en la pantalla, puede golpear a las mujeres, vandalizar las calles, estallar explosivos, producir hecatombes. Cuando maneja irresponsablemente, él pasa su vehículo por encima de los cuerpos inocentes; mas, aclárese el hecho, la fantasía morbosa se queda como subproducto del matón hollywoodense y el vengador sin otra moral que músculos de hierro o de granito.
En realidad, el hombre es bueno y va a salvar a California de los chupasangres y cabilderos que la roban; yo sólo repito como loro lo que me ha dicho el pueblo...
La mayoría ha hablado. Lo defiende. Una cosa es el cine y otra cosa, la personita con su boca torcida, como si fuese seña de una apoplejía facial de su pasado. Otro porcentaje lo castiga: Arnold se aferra animalmente a la certeza de los sentidos. De seguro, sus más hábiles meditaciones las centró en la líbido. Este es el hombre-bestia de Nietzsche, redivivo; un super-hombre, puñetero por amor al Bienestar del sinergismo oligárquico.
Sin embargo, se supo por encuestas y por hechos. Va a ganar. Supo cómo hacerlo. Habló, con sus silencios, desde esos músculos que le entregaron el título de Mr. América y, sucesivamente, Mr. Universo, y enaltecerá la acción destructiva del Depredador, El Bárbaro, El Destructor y El Terminator. Se lanzará contra el pudrido Establecimiento.
El Ministro del Interior de Francia, Nicolás Sarkozy, lo llamó la encarnación del Sueño Americano: la gloria publicitaria del líder internalizada por la opinión popular y la política, cuando en nombre del líder práctico se aguarda el momento de actuar, su llamado testoterónico tardío, ambas potencias yendo, unívocamente, a no se sabe dónde, o si suicidamente o si en magno advenimiento, el Arnold político victorioso. Al pueblo, a estas alturas, no le importa si se elije a un prestanombre necesario.
Decía él que, algún día, haría que las comunidades enteras rabiaran por él; el pueblo de mirones estaría en sus manos, bendecería su nombre. Y fue por lo que dejó su tierra y parentela. Dejó muchas de sus viejas costumbres; pero no la rutina de mirarse al espejo, tensando cada músculo, mientras musitaba: Espejito, espejito, ¿quién con la sola persuación de su presencia, sin coerción alguna, dará cimientos al poder y tendrá a su disposición cualquier nivel de estatus social y de honor público?
¡Qué hermoso soy! ... así terminaba diciendo casi siempre. Y se sentía muy hermoso, más hermoso que nunca, cuando ganó las elecciones del martes, 12 de octubre. Jorge Castañeda, al saberlo, lo ha llamado Arnold, el venturoso. No vaticina que vendrá una catástrofe en las relaciones con México ni el trato con la bola de morenitos y mojados.
El hecho es que opacó con su triunfo a los que creyó sus enemigos más temibles: los morenitos, el bloque de inmigrantes legalizados, aún en inopia; a los naturalizados, lo mismo que a los indocumentados que han llegado como ratas por recónditos y peligrosos caminos de la gran frontera del Sur americano, al norte de México, peleando con la muerte, la miseria y el fracaso.
A todos puede que llegue a quererlos; pero aún no lo sabemos...

15 de octubre del 2002

Por Carlos López Dzur
mailto:baudelaire1998@yahoo.com
Publicado Miércoles, Noviembre 3, 2004


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