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EL RAPTO CHARRO
Por Carlos López Dzur

En atención al hecho de que la vida es algo más que un principio moral y un solemne ritual en las fiestas y Tradiciones Litúrgicas de Nuestra Santa Madre Iglesia, en la Hermita Dominica en Bar-sur-Seine, bendije para Evaristo, alias El Habromaníaco, su ejercicio de libre albedrío..


Bulla Carnalis expedida en septiembre de 1308, relación de expedientes de su concesión por la Hermita Dominica de Bar-sur-Seine, y documentación recobrada en 1978.

EDICTO: Indulgencia temporal para comer carne en Cuaresma y vivir en pecado por tres años hasta la próxima Cuaresma de 1311.
PROPIETARIO: Evaristo, el Habromaníaco
VALOR: $600 pesos (de los viejos) para la tramitación autorizada con sello de bulla en el documento pontificio, 2 sanchetes de oro, 25 barriles de vino, 5 vacas y 12 cerdos.

DESCRIPCION Y ARGUMENTO EXEGETICO: En atención al hecho de que la vida es algo más que un principio moral y un solemne ritual en las fiestas y Tradiciones Litúrgicas de Nuestra Santa Madre Iglesia, en la Hermita Dominica en Bar-sur-Seine, bendije para Evaristo, alias El Habromaníaco, su ejercicio de libre albedrío, que es su ingénito derecho, sabido que aún Dios en Su Generosidad nos predestinó al pecado en Adán para después redimirnos en Cristo por la Gracia del Nuevo Pacto.
Yo, el Concesor de Indulgencias de Bar-sur-Seine, pastor de Scadza en Berga, extendí la clemencia temporal y la absolución de pecados para Evaristo, vecino de Coyoacán y heredero de los ámalos del linaje Guthan y de la Casa Montceda i Reixac, ahora que visita el cortijo de Sarrasa, sobre el cual desde los tiempos de Alberto Magnus, ejercitamos jurisdicción. Gaudeamus igitur juvenis dum sumus.
En días del Dum vivimus, vivamus, cuando el presente es más preciado que el mañana (porque tal vez no habrá día postrero), pocos son los varones con la piedad del hermano de Berga, quien come poco aunque hay cosecha abundante en sus haciendas y carne de ovejas y becerros sanos en sus campos; él nada que sea espiritoso bebe, pero sus lagares son mejores que los de los Dominicos de Vincennes.
Mihi est prositum in taberna mori.
Haz sobre haz, el varón es la evidencia, antípoda y externa, de los vagabundos y gouliards, que invocan al Demonio. Su alma salvable y limpia entre los impíos no es la de un clérigo que invoca a los Obispos de Golías. Por ende, él ofrenda sus cánticos de alabanza al Verdadero de David e inciensa su olor grato a Dios, cuando con su piedad deplora el pesimismo de esta Edad de Tinieblas. Otros, distintos a él, alborotadores y violentos, se descarrían del edil y se suman a los vagabundos que maldicen y burlan la buena doctrina, con gritos de Comamos, bebamos y gocemos, que mañana moriremos. Estos mueren sin óleos de salvación en los caminos. Roban y matan. Violan doncellas y la Ira de Dios les toca con la plaga, lepra y bubas asquerosas, para que mueran y se apaguen sus fornicaciones.
Nacido en medio de la peste y la violencia, este pequeño de Dios, hijito paulino, ha sido feliz en las cosas espirituales. Obedece a los ancianos y sin alardear su abolengo de la Casa Guthan de Scandza y, en sus patios, él mismo alimenta a los hambrientos. Su madre da limosna a las hermitas para que la lepra sea combatida con amor por los Frailes Negros y las monjas y todo aquel en cruzada en favor de Unicef, World Vision y Christian Children Fund; pero los ingratos de Vincennes les viran las caras y se burlan al saber que él ayuna y, a solas, como San Jerónimo, resiste con victoria a los espíritus de fornicación y, aún en Bar-sur-Seine, cuando trae sus carretas de abastos para la hermita, se le da por necio por su poco deseo por unirse a los carnavales y las ferias, junto a los nobles y senescales.
Los descarriados marchan los sábados a los congales orgiásticos de la Zona Rosa, pero él se queda a rezar y a leer viejos códices, que según él son la sabiduría ancestral de otros santos de una Tierra Lejana sobre la Laguna de Texcoco, pero que en Bar-sur-Seine no conocemos porque somos tan pobres que no viajamos. Menos aún en los Días de la Ira de Dios y de la peste. A más lo roban los criados, jornaleros y salteadores de las campiñas, más abundancia reverdece en los prados y más se multiplican sus vacas y sus bestias, sus caballos y sus cerdos; más huevos pujan las gallinas y más conejos saltan y corren de las pedradas y las flechas de los cazadores que sirven al Barón de Sarrasa. Hay milagros que ocurren cuando Evaristo, el Habromaníaco, entre los cristalinos riachuelos, llama al Sol.
Yo, el Concesor de Indulgencias para los predios de Bar-sur-Seine y Vincennes, supervisor de las almas de Berga y Sarrasa, requiero del Vicario de Cristo el Sellado de San Pedro para una indulgencia de carnes.
Es necesaria para que Evaristo, de 16 años, durante la Cuaresma sea cebado como padrote, por la servidumbre del palacio, y vaya ante nupcias por la viuda Enriqueta de Nápoles, casada a los 12 años, y en temprana ausencia de su varón, vírgen, porque no conoció al que fue pactado para ella por padres y esposo que encontró la muerte... y sean ambos, los dos vivos, consolados.
El nuevo pretendiente sea consolado por diligencia pontificia y jus mariti, en las condiciones descritas en este edicto, porque, a la sazón, vencido el plazo pertinente para este oficio, el Obispado no ha resuelto el sellado de la indulgencia de 1308, que ha pagado en sanchetes, moneda de provincia, viejos pesos del Situado Mexicano, antes que López Portillo robara del Fisco y con multitud de ganado, cerdos y gallinas, se abren los ojos de mi autoridad por favorecer a Evaristo.
Ella sea consolada porque es mujer viuda y peca... y la sombra y figura de los deleites de la carnalîtas, dedo y lengua del Veedor, les han sido provistas sin llevarla a la plena satisfacción y la doncella encuitada, seguramente por tal causa, no hará vocación para los hábitos santos y se baña en cueras en el estanque del convento, que está a milla del cortijo de Scandza en Berga, tierra de Evaristo, cuando cruza mares, salido ya de Texcoco y navega desde Ultramar. Y ella, en la descrita impudicia, se exhíbe para que ojos lascivos de pecadores la cortejen, o corroteén, como se dice... y la tentación maligna sea cumplida. Y así la observó él, el penitente, y por lo que la conciencia pecaminosa interrumpió su servicio de bienaventuranza, desde entonces está por la lujuria del Obispo Golías y no por Dios. El hermano se accidenta en malos pensamientos por la causa descrita y yo lo testifico con estos ojos míos y de nadie más.

OFICIO DE PRECAUCIONES EN SU FAVOR: (1) Yo, el Concesor de Indulgencias, pido el Sello de Plomo con la Cabeza de San Pedro y San Pablo, para la confirmación de este documento de Bulla Carnalis y que se proceda según lo descrito, pido al Vaticano.

(2) Yo, el Concesor de Indulgencias, extendí una clemencia temporal a la líbido, en nombre de la esclavita de Dios, Enriqueta, porque se refociló en presencia absolutoria del Veedor con un monje al que masturbó seminen in ore, y éste es uno de los más castos frailes de Vincennes.
(3) Yo, el Concesor de Indulgencias, sobre-veedor, prorrogué la bulla de clementia al condecillo chocho y pecador que, desde Roma, se nombró Veedor y, que en solapa y sotana de pecado, pervierte a una criatura regenerable en la barraganía y que sometida es al azote de demonios. En matrimonio bendito, la mujer se rescatará para el Edil de santos y no lo está siendo. ¡Que pecamos! El Veedor tomóla como propiedad adquirida, pero con las escasas limosnas del Convento y esto es robar a Dios.

ANTECEDENTES: El hermano Evaristo, inocente, casto y feliz, el más pío de los fieles de la Cofradía, hizo petición ante mí después de ver en putas pelotas a la que necesita marido: Los ayunos de la Cuaresma se aproximan y yo me siento por primera vez, después de mi reclusión en los prados de Berga, donde medito, preparado para romper mi dieta de célibe y cesar el ayuno. No quiero estar chaqueteándome en los días santos y endeble en mi ánimo por carencia de carne.
De modo que me compadecí porque este siervo es fiel a la vita benedicta, dador alegre de la Hermita de los Dominicos, simple y manso como Dios desea, inclinado a la soledad como ermitaño y a la meditación como pichote... Su piadosa madre, al verlo entristecido como ciguango, pidióme la viudita napolitana que se refugió en el Convento de Vincennes y que fue vendida al Veedor por los enemigos de Juana I, hija de Enrique I y reina de Navarra, fecha del 1305.
Al morir Juana I, el viudo Felipe IV de Francia, expedito en temeridad, mandó los esbirros con espada contra Jeremías de Campas, proveniente de El Pedregal, quien recibió trato de cuerdas y puñaladas cuando ella cumplió la edad de 14 años y la esperaba para horas de farra en Jacaranda's. En mala y rechúntara onda, S. M. despreció a Enriqueta (díjola presunta bastarda de Juana I), y despojóla de la fama de servicio que cumpliera como dama de cámaras en la Corte de Nápoles. Desde hace 5 años, el condecillo de Nápoles, viejo y arruinado, como veedor a nuestro Convento fue enviado y éste no la sirve bien ni reconoce sus viejos servicios. ¡Porque es mogrollo de Satanás y yo vílo con estos ojos y de nadie más!
Yo, el Concesor de Indulgencias de Sarrasa, vílo flaco en carnes. Y yo que, como lumbre de otro leño, duro de carne y músculos, lo viera, ahora lo desconozco ya que llegó (como procónsul y jefe de los infames, a título personal) y echó gran pleito y queja por la tardanza del oficio de Bulla Carnalis y se llevó cinco vacas que nos había regalado y doce cerdos, con gala de violencia. Y de su dulzura inocente y del generoso corazón con que nos obsequió, ninguna miga se delata de tiempo acá.
Y como Enriqueta, según es alegado por muchos que con ella fríen y comen, tiene su rostro más bello que la madre que la parió y parece ser de más ligera sangre e insinuadora desvergüenza, rumor es que se corre en la villa, el hermano Evaristo y las pocas almas fieles que iban a misa, con corazón de cuitas y obediencia, han perdido la gracia. Unas porque no comulgan la Palabra que se ha dado por los dedos de Dios, otras porque se dedican al pomo y a las francachelas, almas que pecan son en conjunto y mal rayo de Dios los parta; él, porque codicia a esa viudilla y, digo en este antecedente, que los monjes también pecan y heretican, porque se puñetean, aún escondidos en la credencia de los altares y la pudenda está en sus mentes a todas horas. Y se cuenta de monjas que se van con atorrantes y resbalan en los pasillos por los charcos de inmundicia descritas en Levítico 15 como humores pecaminosos.
Y la princesa bastarda, repudiada, in hostilitas infamis, por Felipe IV, los Domincos somos los custodios inexpugnables de su protección y debemos casarla bien, como ha sido ordenado al Veedor por Doña Juana. Desde que Enriqueta se alojó en Vincennes, en reclusión, en las vedijas, antes libres de los seres de aúpa, como en las pudendas del siervo Evaristo, se citaron las garrapatas, como si arara la jovada de los perversos y se me dijo que él sueña despierto, de noche y de día, buscando conejos debajo de faldones de mujeres no santas y dícese qie de su jeta van cayendo babas por quien como infeliz sierva fue tomada. Digna del jubón de azotes la menciono, porque de la virtud de los santos se burla y los trae como zarandillos, pues gulembos y mareados están por su causa.
Así que, de paseo por las naves de mi templo, se detuvo el que menciono como Evaristo y de golpe, que lo ví con estos ojos míos y de nadie más, que él comenzó a extasiarse, con lujuria, distinta conducta a la que fue en antaño, y miró a los rostros de las santas de júcaro y otras que son talladas de madera menos dura y vio desnudez a los ángeles que en mi templo, dispuse yo, sean cubiertos por mantas.
Vílo, con estos ojos míos y de nadie más, que se mordía los labios. agarró del bullarengue a los iconos desnudos, según caminó de uno a otro. Y, aún más, se aferró a los pechos de mármol de Santa Rosalía y chupólos y lamiólos. No es, por lo dicho y visto, el mismo siervo de Dios que yo conociera antes de la llegada de la ilustre viudilla y peor putezuela.
E hizo una ranura a las vestimentas con que cubrimos al icono de cedro, al de Santa Agueda. Y arrimó una mano cachonda en aras de hallar unas formas blandas y húmedas. Y a todo dí por abominación.
(4) Yo, el Concesor de Indulgencias, concedí la clemencia por penitencia ante las perversiones que practicó en mi presencia, a cambio de las cinco vacas y doce cerdos, que había subido a las carretas que trajo del rancho, y bendije a los cinco peones y 8 caballos que lo acompañaron. Lo bendije a él por una limosna de cinco sanchetes y suministré una Misa de Purificación del Templo ese día. Vista su lujuria iconolágnica, dí al profano reprensión de tal modo que lo enternecí y lo llevé al confesionario, donde contó los sueños que ya conocemos de San Jerónimo y San Agustín y las ganas de adquirir a la viudilla para darse vida con mujer.
Y por aquello de que mi ministerio es compasivo y práctico, homo sum, humani nihil a me alienum puto, ordené que él cantara unas cincuenta avemarías del Manual y que, en los montes de Berga, se propinara unos veinte azotes de látigo sobre la espalda secretamente, en recordación de la casta vida de Santa Rosalía que en la cueva de Palermo se castigó. Mujer de gran alcurnia, ella abandonó el palacio de su padre con voto de pobreza...
Y lo mismo reprendí en defensa de Santa Agueda. Y ordené que usara una medalla al cuello de ella y diera limosna en su nombre.
(6) Yo, en Scandza y Sarrasa, el Concesor de Indulgencias, prorrogo la bulla de indulgencia para el pleno e incondicional perdón de los pecados de la carne que solicitó la familia De Berga. Madre e hijo son de familias de cuna cristiana de Navarra. Indulgencia que será efectiva para los pecados que se cometan de 1307 al 1310, tiempo suficiente y acordado, por oficio del Tribunal de Bulas para confirmar con el Sello de Plomo, con las Cabezas de San Pedro y San Pablo, la bendición de Roma a este documento y solicito otra vez el permiso de matrimonio con la viuda, con los plenos privilegios, jus mariti.

ADQUISICIONES: Ya que se supo, en Coyoacán, que fue vendida como borricote, hermoso y fuerte, y pagada sin protesta por el Abad y Veedor de Vincennes, que es mi subalterno, dispongo que porque fue pagada con fondos del eleemosynarium, procede en legalidad con mi representado, Evaristo de Berga, bachiller del Distrito Federal, y propongo que su familia en Berga y Sarrasa, ofrezcan una partida de compra-venta más ventajosa al Convento de Vincennes y la Hermita Dominica de Bar-sur-Seine. Cumplida sea la diligencia del modo siguiente:
(1) El Hermano De Berga et als triplicará la fianza por débito del Veedor, quien ofrece $50 pesos de su propio peculio por la mujer y propongo que doblado sea el recaudo de cinco días para las arcas del eleemosynarium y ofrenda 62 sanchetes de oro y 15 barriles de vino de Sarrasa al Veedor, con condición de que se exima de la prerrogativa de jus primae noctis siendo que el Conde y veedor de Vincennes ha descrito pernada suya a la viuda y según la costumbre del droit du seigneur. la codicia y advierte de sus pretensiones.
(a) La opción mayor se premia con la adquisición de la propiedad, consistente en una mujer blanca, de 16 años, vírgen con cédula de limpieza de sangre. Tiene estatura regular, sin cicatrices ni marcas, agradable semblante y complexión, largos cabellos castaños, ojos claros, con baúl de finos paños, aretes de oro, capa napolitana, dos pares de zapatos, dos sombreros y otros articulejos menores. La Hermita de Bar-sur-Seine se quedó con su coche de tres caballos y una dote de 40 sanchetes porque sólo se vende a Enriqueta y sus paños de uso personal.
(2) Y fue necesario añadir el perdón de vendaval de pecados y profanaciones a este petitorio porque, en vista de las negligencias cometidas en el primer pliego de oficios que sometí al Pontífice, dióse que el antes habromaníaco y piadoso optó por desmesuras, y ejercitó lo que en Texcoco designan como serenata yucateca, festejo con violines, harpas y guitarras; amén de que con forajidos armados en caballo se robó a la mujer de sus deseos, luego de cenar inmundicias, consistentes en tepocates, charales y jumiles que él y sus peones consumen con salsa de chiles. El guiso de jumiles tuvo olor ingrato de chinches, pero él comió de tales cucarachas y negóme que sea comida diabólica, sino manjares de Texcoco, pero vílo yo con estos ojos y de nadi más.
(3) Y pidióle el Tribunal de Bulas, el pago de misas purificadoras por el impío banquete y multó con $3 sanchetes adicionales.
(a) En compensación de generosidad, Doña Catana de Berga, viuda de Abro, madre del maniáco, prometió que traerá a la Iglesia y los conventos cinco vaquillas de Morelia, y aún donará de su hato, otros tantos cerdos y cabros, con lo que coman por dos años en mis abadías. De sus corrales, nos abundará con las gallinas más gordas y ponedoras y hará banquete al Obispo en los Solemnes Días, sólo que sin vino y sin mota, porque no se estila en la Hacienda de la Ciprifobia y oídos no quise dar cuando ella prometió aún más galas de esplendidez para la boda de su hijo, porque el fiel varón no es plebeyo y hereda gran fortuna, sólo que lo arrecha como berraco salvaje esa puta infanta que llegó para general escándalo.
Dador alegre es, o lo fue, y creyente en Bartolomé de las Casas, Francisco de Molina, Morelos e Hidalgo, Sahugún y todos los Evangelistas que sirven con su apostolado entre los tenochas y tlaxaltecos, cuyas naciones y provincias él prometiera que ganaría para el Dios Unigénito, tan pronto sea consolado en la Gracia.
Urgeme la tramitación de esta bula de indulgencia porque después de echarse a los montes, en hábito de ceniza, ayunos y mortificaciones, con lúcida introspección, este hermanito Evaristo supo que los demonios de la inmunditîa quitáronle la tontez de ser muy generoso y, sobre todo, lo casto, y no ya es tan habromaníaco, ni tan solícito al soltar y no llevarse algo que compense, por igual, o en alguna medida.
A estas fechas, como díjolo Blás, ni da ni quiere que su madre que mira por sus ojos dé. Ahora, más bien, él reparó en la viuda, que es bastarda de Juana, ex-reina de Navarra, mujer que llenó de sombras y musarañas la honra de Felipe IV, hoy por hoy, bajo protección de los Sacramentos de la Santa Iglesia.
En vista de que la viuda quiere y el veedor no y la situación empeora, propongo ante un vaso cazurro, con aceite bendito, el sello pontificio y con la Autoridad del Santo Papa a este edicto temporario y fióme a que la paz llegue al alma del hermanito y ablande su alma para dar y la de su madre. Doy fe de que los méritos de él son muchos, aunque una crisis lo tiene cautivo, caído y no confortado, por causa de los jofores de moriscos. Lujuria es quien lo tiende sobre los henascos de verano, en azacanes de pecado y yo lamento la situación porque los pecados del Veedor son mayores y fue el último quien sujetó a esclavitud y libertinaje, a degradaciones inmundas a la infanta, que la Iglesia se comprometió a amparar, aunque sea cornucopia y juba de Satanás.
En estos días, ya que menguan los cultivos y nadie labora por miedo al disco de Atón y chacales de Kagera, digo que hay comerciantes viajeros que traen pestilencia y quebrantan los corazones creyentes hasta el Orco. La iglesia en la austeridad de estos tiempos sucumbe y aún los fieles desesperan; pero, Excelencia, por la misma razón, que no se desconozca, deber para la iglesia ni la oportunidad de consolar a estos hermanos que, siendo extranjeros de Coyoacán, abrazan la Fe, la Esperanza y la Caridad y, al dar bulla de indulgencia, proveerían un sostén que hace falta para las fincas de los templos, donde ya escasean uvas, frutos y limosnas.
Que los apetitos de Evaristo sean por bien consolados y aseguro yo que ganamos en finanzas; y una vez que se les satisfagan esas debilidades de la carne y el humano podecer en la pollanga, con el don de la Eva idónea, o una menos virtuosa como la susodicha Enriqueta, se me aseguró, por boca de su familia y vistas las riquezas que les abundan y darían, vistas le aseguro por estos ojos míos y de nadie más, cereales y granos no han de faltar nen Bar-sur-Seine ni aún mayores bienes a la Hermita y nos quedaremos con la dote de la viuda.
Y, por estas ventajillas, solicito que sea anulado el matrimonio de la viuda por inconsumado. La dote representan los 40 sanchetes anuales y los ingresos más generosos a la Cofradía y al Convento. Y liberada de la carga del casamiento, vuelve a tenerse por libre y doncella ante Dios y sus autoridades terrenas y a los que la ven y se la comen con el pensamiento, siendo todavía prohibida en la Ley de los santos


E informo de paso y me consta, por abadesas de esas, inmecionables por su alcurnia, que el Veedor es satán de una pieza, inmundus y sacrílego como no hay dos de su vara y que el Veedor está en tisis y la boca le huele a exceso de vino, peor que los guisos de jumiles, y el pene del susodicho es demasiado chico, debajo de la enorme panza, lo que le incapacita de facto para cumplir el requisito de Veedor de la Castidad de las casaderas y oficiante de las pernadas. En su lugar, el Conde que se nos enviara, aparta a las mujeres de la villa de la conducta piadosa y, para hospedar a los huérfanos, cuyos padres son labriegos de Vincennes, a las niñas pubescentes o viudas por parir, a todas desnuda y de todas lame por alguna endija y sólo por esta vía, da amparo y abrigo a los pobres, después de actos de lascivia.
Cuando él se sienta en la putaka con aires de benedicta pax y con la violencia de sus ojos y la salacidad de su lengua ejercita adoración profana, a mamar, a toda encía, es que sienta, aunque por escasez de dientes ya no muerde, como su costumbre fue y a la blanda genitalia da por las aguas prohibidas y aún bautiza el paladar con las leches de las niñas y las que están por parir.... Y a todo doy por abominación.
Advertido fuéme, por añadidura, sobre cómo el Veedor y su cómplice, el Abad, cometen sus inmundicias y sobre cómo los criados del pobre siervito de Dios, Evaristo, asaltaron a caballo el Convento. Al Veedor y al Abad él los patearía hasta cansarse por sus sendos traseros. Después entró a los aposentos de las monjas y al hallar a la viuda de sus desvelos, que estuvo en compañía de otras novicias y viendo que lavaba los pisos a trapo con tinajas de agua y amoníaco, a puños, como requiere la iglesia para honra del sudor, cayó como potro y huracán en enojos. Quiso montar a todas y mojar sus culos por la ranura que ya no se nombra por tal y dijo que en tal hecho había venganza y que trato como tal no quería para la viudilla napolitana.
Debido a la escasez de agua y la falta de aguadores que vayan por oficio a los riachuelos, doy noticia sobre mi mortificación y que, al asunto con este siervo y su petición de bula, se bendijo... Conviene que las indulgencias se concedan, porque Evaristo da un respaldo de doblones y hacienda a las bendiciones. Y díjolo Blás, el antes fiel del Señor ya mandó al Erebo los escrúpulos de su otrora inocencia y el recuerdo de sus previas pudibundeces, encomendándose a la carnalidad como poseso de oxitocinas, y la iglesia no tiene aguas de azaleas que dar a ese sediento, tan anheloso de unos pétalos rosados, por la Iglesia benditos, con que se pueda sustituir a los filtros de drogas malignas, el imperio del pecado que se fascina con lo bello y sus manifestaciones esplendorosas en la carne, como es ejemplo la infanta napolitana ya que borda flligranas con sus puterías.
Más hay en las haciendas del pecador, ríos de aguas que, en la iglesia permitirán que florezcan las rosas y llevemos a la Vírgen los ramilletes de virtud renovadas y que no falten, ni las azalea en las cráteras de nuestros predios santos, ni suficiente sal y carnes que guisar, huevos y mulas. Por causa del filtro embrujador que él invoca, padece y justifica, la iglesia sangra. Las rentas menguas; los fieles se abandonan a sus placeres y pesimismos.
Con el hermano, por excepción, el ejemplo vendrá, aunque hoy está en desobediencia. Testimonio doy sobre cuanto ví y cuanto quiero que sea perdonado. Por la bragueta pena... Y es que lo ví. En caliente, el invasor envilecido, demonio que ha tomado cuerpo en Evaristo, levantó el faldachón de la viuda. Así, en cuatro patas me fascinas, borricote, díjole y se bajó el calzón, pájaro en mano, y vio sus nalgas que son el más redondo y curvosamente empinado bullarengue y, como díjolo Blás, se empezó a sudar en su babilla a contratapa por espacio de horas e hizo de ellas un tal por cual e improvisado tambor con vedijas, el nalgatorio.
Y cómo el Veedor había inaugurado a dedos, un acceso al cañocal, contóseme que le fue muy fácil al mancebo rajar entre los pelos, la genitalia y atornillar el perno más adentro y consumar atroz clavada para regocijo de los demonios. Y tuve el acto como abominación.
Entonces, aquellas novicias que tantas veces acariciaron las cuentas del rosario, con el pensamiento en el fascinum, se delataron en sus debilidades, pecadoras como infieles de negro Kafir y ayudaron al hijo desobediente a desnudarse y aún lo levantaron en vilo, tres o cuatro de ellas, y lo tendieron en el más próximo carnarîum. Significo con tal imagen el tálamo de las cachondeces, donde él buscó el Ojo de Horus y hundió el pilar después del ascenso de Djed... y a la sodomía la dí por abominación.
E hizo lo mismo una y otra vez, después que la manceba lujuriosa fue echada como cerda de tersos perniles sobre el camastro del Abad, que es el más mullido y holgado de las 50 literas del Convento pues cinco de las novicias ahí fueron engendradas en las noches más frías... Y se supo, antes de completar la altura del morcillo y hacer dos plomos de sus bolas, al verla como una pastora de las égoglas bucólicas, el gentilhombre de Texcoco la jaló por las greñas y le dijo: Chupa, que no es tequila. E hizo volar sus pies, cerca de su mentón a fín de besar sus perniles antes que ella le hincara las paletillas con sus rodillas, después de sacar el nabo de la boca. Y fue para él mucho más divertido porque citó el Evangelio: Y vio Dios que era bueno y fue la tarde y la mañana el día primero. Y a la mamada yo la dí por abominación.
Y él buscó el frijolito perdido entre las breñas sin espinos porque, siendo princesa, o infanta, la napolitana tenía su piel sin granos, sin rasposas verijas y con el mons pubis, ligeramente afeitado, como huila persa o afgana. Gustoso del pegajoso y acridulce fluído de papaya, gritó el hermano: Injusto es ayunar en la Tierra de Ríos de Leche y Miel, dadme mi bula y terminó la tarea impúdica de un intenso cunninlingus que llevó a las novicias a morderse los labios, como si lujuria con jubitos saborearan con ellos y, con estos ojos míos y de nadie más, ví que ellas salían por aire a las balcones. Y luengas horas se consumieron en ese julepe, sumadas a las horas previas.
Y díjolo Blás: el hermano Evaristo se acomodó de panceta y juntó ombligo con ombligo y tentó el agujero con la punta del capullo e inició la bullanga en el cuerpo de la pecadora y los dos parecían encantados, a la postre, con el acoplamiento, porque se buscaban el sebo y los riñones.
Ella abría los perniles, muslos como pétalos de azalea, y se los cerraba sobre la rabadilla y aún descansaba a sus tobillos sobre los hombros de él. Sonaba el camastro con el balanceo como cascabeles. Cuando más hondo por el centro, con su introductus torque, inexpiabilis en su bautizo de ardores, él pujaba... también ella, uno contra el otro. Pero yo, el fiel relator, todo dí por abominación, porque vílo con estos ojos míos y de nadie más.
Cuando ella quiso estar arriba, él vio sus tetas e imaginó que son dos asas de bien torneada botijuela y dos pitones para beber. Para amargar el calducho, el Juicio Final se dio en forma de Venida de aguas tibias a borbotones, según se reventaron en sus revolcones, y como ladrón en la noche, con fractus quebrantus por prisa, se dejó la evidencia en salsa cremosa, derretida, perfectamente dentro de una desembocadura peluda bajo el culo. Este flujo de inmundicia mojó la frazada más fina con la que contara el convento. Y vílo yo con mis ojos y los de nadie más.
¿A dónde irá tal besamela serpentino?
No cunda el pánico, borricote.
Chupó él esta vez del horno incognoscible. Le mordió el conejo del dolce far niente y yo dije: Amén.
Consumatum est...
Y no quise saber de más abominaciones.

FIRMA: Sobre-Veedor de Vincennes.

Por Carlos López Dzur
mailto:baudelaire1998@yahoo.com
Publicado Domingo, Noviembre 7, 2004


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