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LOT Y EL EZQUIZOIDE
Por Carlos López Dzur

¿Cefalino, te acuerdas el día que es hoy? ¡Once! Mono del Mes de la Lluvia. 1987. ¿Cómo festejaremos? ¿Qué, no sabes? ¡El regreso de mi cocotzin!, ¿qué mejor motivo? ¿Los días plenilunares, qué mejor ocasión? Llueve y la luna observa. Está plena, redonda... Es Shabatu.


¿Cefalino, te acuerdas el día que es hoy?
¡Once! Mono del Mes de la Lluvia. 1987.
¿Cómo festejaremos? ¿Qué, no sabes?
¡El regreso de mi cocotzin!, ¿qué mejor motivo?
¿Los días plenilunares, qué mejor ocasión?
Llueve y la luna observa. Está plena, redonda... Es Shabatu.
La carne reposa; el espíritu se afana. Los dioses sirven al hombre y no al revés. Ellos alivianan el cuerpo a quienes somos obreros del espíritu.
Lot recibió a los ángeles. Siempre humilde, él salió a ofrendarlos. Doblaba la cerviz ante ellos. Los seres divinos supieron de su tristeza. Así de simples y transparentes han sido los varones santos, separados y apartados, en la tradición que sea, y no paran, aunque el Gran Payaso se burle de ellos, humillándolos, y haga sus vidas de cuadritos sólo porque los queridos de Dios adoramos lo que es luminoso... Sin embargo, burlados o no, jamás nos cansaremos de adorar. Ni en días solares o lunares, ni en días oscuros y lluviosos cuando la Luna llora por nosotros.
¡Hablo por mí! ¿Tú? ¡Quién sabe si te cansas y no adoras! Así que regocíjate. Hoy es Shabatu.
¡Nos adorarán a nosotros!
Maltzman, mi loquero y sus mentirosos se engañan. Sofía, la amada que yo tuve, vive en constante Luna llena. Es mentira que los monstruos se coman a la Luna a pedazos. Tampoco es cierto que la lluvia erosiona los cerros lunares, o que en los mares, por las crecientes de olas, la Luna se derrita...
Hoy es aún maravilloso el proceso verificador. La Luna se filtra por todo mi cuerpo. Navega por los ríos de mi sangre. Se deposita sobre los islotes desde la punta del pulgar al tope más alto de mi cráneo. Yo siempre amaré la luna. La luna de los embrujos, la luna de los sábados de reposo.
¿Si me vuelvo lunático? ¡Qué importa!
Tú dirás: ¡Qué tonto eres! ¡Mírate, fascinado por la Luna, lunático! No me compadezcas, Cefalino. Ahora entiendo el significado del Shabatu.
Tengo lunas en mi piel. Cada lunar es un ángel, su trocito de presencia en cualquier espacio de mi cuerpo. Los ángeles trabajan para mí. Me festejan. Suspendí mis labores para verlos. Quiero oírlos y amarlos... Cerré los talleres de mis faenas y angustias. Guardé las herramientas. Este es el día de reposo. Y me servirán los que me llamaron a la soledad y a la disciplina de cada tradición o severa memoria.
En los días de Shabutu, Sofía, mi cocotzin, me ayudará con los pensamientos. El horizonte se asomará a mis ojos, con cielos que yo no había visto, y me erotizaré. Se vacían las aguas de las jarras del cielo a los más áridos basurales, incluyendo mi pobre carne solitaria...
Se me bendecirá con muchos poderes... Soy capaz de arrojar mis demonios y, con ellos, los de mi pueblo. Tengo autoridad y los ángeles me ayudarán porque ya son la mente de mis células. Tengo que querer este cuerpo mío, donde Dios está con sus mensajes, y sacarlo de las sodomas y las gomorras de la angustia.
Una noche me conté 12 lunares en la cara, pequeñitos angelitos. Alma, hermana de estos huesos míos, es menos pecosita que yo. Tiene uno grandote y tres minúsculos. Lunarzuelos duros, mas no creo que sean cancerosos. Ella odia su cuerpo porque fue violada por un militarife. Que dijo: ¡Verga pa' las comunistas y niñas rojillas de la universidad!
Una vez hace muchísimos siglos, a Noé (como a Lot) los ángeles dieron el aviso de gracia antes de la destrucción de las ciudades perversas: Escapa por tu vida. No mires tras tí ni pares en toda esta llanura. Los ángeles trajeron su ofrenda, vive por la fe y haz caso. ¡Un aviso anticipativo, cargado de convicción y desafío! Le obsequiaron la fe de vivir, o de vivir una fe, la fe de huir, o huir por una fe y compartir la fe y avisar por la fe que tuvo en sí a su comunidad para salvarse ellos, junto con él. Si la terca Alma hubiera creído, ¡ningún milico inmundo la hubiera ultrajado en Lecumberri!
Muy pocas familias y vecinos creyeron a sus avisos sobre los peligros anunciados por la fe. Después de todo, el giparu o los sacerdotes de mentiras inventaron los sacrificios. Erigieron los altares inmundos para neutralizar los males y sus presagios. ¿Sacarán algún provecho de haberlo hecho si no confían en los lunares de la consagración?
Al Gran Payaso le gustan las payasadas y el trágico holacausto de cuerpos sangrientos, como sucedió ese octubre de 1968 cuando mi hermana fue capturada en Tlatelolco...
¡No a mí! Yo obedecí como Lot.
Sobre Noé o Lot, o acerca de mí, siempre dirán que la Luna de Shabatu nos enloquece y que la convicción de la destrucción irremisible de las ciudades perversas, la gracia anticipativa de la fe con que ésto declaramos, es doctrina de demonios.
¿Sabes? Lot fue un solitario como yo. Su único amigo fue Melquisedec. Lot salía de pleitos con todos, igualito que yo. Le dijeron demonio y amigo de demonios... porque él creía en la virtud. ¡Lot no fue un demonio! Ni yo lo soy.
Ser bueno y creativo es doloroso. Es más fácil ser destructivo e irresponsable. Los demonios son tan felices. Viven para gozarse, para perpetuarse siete veces en su inercia. Aún así, se miente acerca de ellos. El giparu cree que agarró la exclusividad de la verdad. Por algo se designa, Rey-Sacerdote, dueño de las verdades, dictador de las creencias. Sus gorilas, sargentos de armas... Ellos sí en bola están al servicio de los demonios...
Mírame, ¿a quién tengo por amigos? Al Silencioso Tranquilazo, a indios oprimidos, a tí...
A veces las ciudades enteras se comportan como una pandilla. La borregada de los infieles se violenta. Entonces, esta agrede a los que buscan su propia conciencia («secure selfhood»), igualito que yo. Lot no creyó a quienes platican sobre grandes pasiones, instintos sociales y urgencias de cambios utópicos... Sólo los narcisistas y fanáticos sueñan con Grandes Consumos, Eternas Panaceas, Ostentosas Bribonadas y, en fin, con la apropiación de todo poder y beneficio. Entonces, asesinan y se desesperan. Adoran a los demonios. Olvidan la esperanza, la memoria de los pequeños milagros, la dulzura de las pequeñas batallas junto a los más pequeñitos y vulnerables.
No son nada de tiernos, amigo mío. Matan, roban, colocan bombas en nombre del amor, la libertad, la tierra justa y el porvenir... tú sabes, como el Ché, Saddam. Kadaffi y Mao. Ah, y Pancho Villa y Zapata. Y los católicos cristeros y sus cómplices de Irlanda y vascos del ETA...
Los amigos de Lot se hicieron rebeldes. O vagabundos en aras de progreso, güevones con pose de profetas y neuróticos narcisistas, igualito que hoy. Dejaron de creer y entender que lo perverso se fija inescapablemente con las formas de los límites naturales y que, por tanto, la libertad se sujeta a esos límites. No se puede escapar a la necesidad.
El trabajo es mucho más que la obligada remisión a la necesidad. Es un valor moral que, como toda disciplina, es duro de tragar. Esto sí que es terrible. La partida de imbéciles de los tiempos de Lot sigue viva. Son los resentidos borregos de hoy.
¡Qué bueno que no nací en esa época!
En la actualidad, hay muchos borregos, igualito que ayer. Nuestra maldad es caprichosa o voluntaria. ¡Yo lo sé! Pero, por lo menos, ya no somos esclavos. Hemos vencido a muchos demonios. No se nos quema sobre una pira como niqû sacrificial. Por el contrario, el opio que estupidiza... ellos han salido a comprarlo con su propio dinero, a motu propio.
Droga puede ser cualquier falsa conciencia. Motu de mota. Muchos santuarios («erib biti») están abiertos para aquellos que buscan escapar y alienarse. ¿Para qué tenemos el bar y el estadio, el fútbol y el billar, Las Vegas y los padrotes?
Aún los más flojos sacerdotes, devengan un salario y ofician sus sacrificios como shangu.
Los sacerdotes tienen muchos nombres. Representan distintas ideologías.
En Mesopotamia, el rey sacerdote fue llamado giparu; él tuvo preeminencia sobre todos sus shangus. En el opio de nuestra política, al sacerdote mayor de nuestro pueblo, ¿a que no sabes? se le llama Señor Presidente... A mí, que tengo memoria de todos los pasados, no me engañan. Ellos sirven a demonios y dicen que somos nosotros los engañados. Echevarría es un asesino engañador.
En vano, se repite que somos más ignorantes. Demonio es el que crea en S. M., el Presidente, el General o el Comandante...
No. Igualito que ayer, cuando Moisés, tantito después de escapar de Egipto, dio la Ley y, con las Tablas, anticipó los Derechos Humanos para los fieles de Sión, se repite la desobediencia. En vano, inventamos los candados para cerrar las puertas. Y tenemos los teléfonos para llamar a la policía y decir: Un demonio derriba mis puertas. Y, en vano, Tláloc nos dio el bautismo del agua y Quetzalcóatl, el bautismo de fuego...
Por más cerrojos, no basta. Cerramos los ojos y la desobediencia se duplica.
¿Quién echará llaves al corazón?...
Yo no confío mucho en la policía ni en el teléfono.
¡Están al servicio de los demonios!
De regreso a Gomorra, Lot, el antes prisionero de Tidal, el sobajado de Arioc, recordó que él fue despreciado de Amrafel, pero no le importó. Visitó la ciudad que iba a ser condenada. Se aventó sin coyonería. Cumplió su misión. Si no creyeron, allá ellos. Mi hermana, quería imitar a Lot. Se fue a la Plaza de las Tres Culturas, pero por novelería. Se metió en las trampas de los demonios, sin ninguna fe.
Supongamos que la Luna llena de hoy es nuestro Shabatu sobre Sodoma. ¿Tienes fe? ¿No? ¡Pobre de tí! Si me dices que tienes fe, regocíjate desde hoy... En otra ciudad, la Luna sobre el Zócalo o Chapultepéc grita al mundo que yo soy amigo de Melquisedec y soy despreciado por el Gran Payaso, pero no temas. He consultado mis lunarcillos.
Si Lot viniera a la Zona Rosa, merito aquí, en la capirucha, vería las mismas blasfemias que vio Lot en Sodoma y Gomorra. Ninguno ofrenda a Melquisedec, sino que, en las Saturnalias, los demoníacos dejan el culo o el cipote a la vista y provocan a los juaniquillos porque hay jotos y padrotes de jotos por todos lados, igualito que ayer en Sodoma. Saturday's night fever!
En los días de Lot, los mujercitos se jalaron las pollas, carajo, a la luz del Shabatu sin cesar, lo que es blasfemia. Echaban por el bofe hasta gambetas feromónicas. Se torcían los anillos de Aralot, se mordían los prepucios en aras de la onda visceral, caricias epigástricas y bajadas al mamey... En vano, Lot dijo a sus amigos: Escapad al monte, no sea que perezcan, pero ninguno creyó. Aún por infames dijeron sus mentiras: Dos jotos se hospedan contigo y pides que dejemos a los nuestros y renunciemos a los placeres, hipócrita.
El quería salvarles; pero, qué mala onda, ¿qué sacó? Una infamia larga y torcida como el perisférico. Dijeron que tuvo el falo más grande que Min y lo usaba con los mujercitos alados que entraron a la casa que tenía en El Pedregal.
Y así me dijo Cèline, aquella novia de Las Lomas que me iniciara en el pecado: Tienes el capullo muy rico. ¿Y a poco, te gusta más el culo de un cabrón? Y la odié.

... Mira, vecino de Sodoma, oye, Gomorra, oye Polanco y Lomas de San Angel, oye Reforma, age hoc Peralvillo y Tepito, con tus cuatro dígitos de iónica morphé, baja al Monte del Disturbio, al valle de Sidim, y quita la mano gamberra del pájaro, el chupamirto de tu igual, porque la Luz, cuanta eyaculada del Padre Enaltecido, se manifestará y los hallará en la culiadera... Afloja tus rodillas en amplitudes máximas y masturba tu propio pájaro y no el gallón de una jaula vecina porque no habrá mañana... Y en los hígados querrás adivinar que fue de tu presencia, o de los santuarios de tus shangus...

Recuéstate, sodomita, y jálate el duro electroducto por última vez. Llégate a los campos potenciales, regocíjate asociado a las ondas; erupciona por fin tus deliquios de emisiones decrecientes como verga blanda. Ofrenda tu arcoiris de refractarios olores, tus gestos y tus cuerpos calientes, tus brincos orbitales y tus espectros discontínuos porque ya ves, ya vimos, Geo-vah calienta un Leño Mayor y con él los golpeará y habrá abundancia de lumbre en las colonias de los perversos. Les quemará como leños, él pondrá en fuego vuestras propias piernas.

Esta es la historia que soñé, tal como me la contaría el Gran Payaso. No me gusta que venga nadie que hable sobre castraciones. Lo hacen para que yo tenga pesadillas. Para atormentarme, porque fui pecador hasta que conocí el Reposo y mis lunarcillos, ángeles que confían en mí y me perdonan, porque soy un pequeñito de Dios y quiero fe.
Antes que mi familia se mudara al Distrito Federal, al Padrecito Vicente dí un tratamiento de ángel... Le temí tantito, es verdad. De él, no pude escapar. Era un falso ángel. Un tentador. También lo amé. Un poco a la fuerza, quizás. Recuerdo su voz de trueno; ¿no te dije? Temí, igualito que hoy si viviera. Está muerto ya, alabado sea el Señor...
Juntos invocamos al Gran Acelerador. Por eso le amé. Dimos el anuncio de la destrucción que vendrá sobre la Zona Rosa y, con el tiempo, él caería. Dejaría de crecer en la Ciencia Lunar, en la fuerza de angelitos en tu piel. Fue al primero que ví caer. Murió... Yo lo quise mucho porque él me dijo que mi santuario está dentro de mí, mi carne es santa y su entrada es el Ojo de Horus, dios del cielo, y practicamos el ritual del ascenso del Djed...
Mi verga tuvo la cabecita de falcón. Cuando se endurecía, parecía que anhelara ascender y entonces, al contacto de sus manos, escapaba para no dejarse chupar...
Siempre tuve miedo. Un día pensé que me mordería. Cefalino, ya sabes por qué no dejo que me chupes la cabecita de falcón. Es el pájaro sagrado de Horus, el Distante. Si no quieres que te odie, no seas como el Gran Payaso. Mira que te puede pasar como a él. Lo mataron... Vicente está muerto. Dios ultraja al ultrajador. Dios abre las tumbas. Se traga las ciudades perversas.
Cuando más duro se puso su tolete pecador, el cabrón cura me empujó su ojito de Horus... ¿Se quejó de que sacó su pija toda cagada? ¡Jah, jah! A los puercos les gusta la mierda. Yo nunca le pedí: Méteme la cabecita de falcón por el ojito de Horus.
¡Aténte a las consecuencias, puercazo!
El templo no está hecho para verga humana, ni edificado con piedra para ser nicho de ídolos. El espíritu se metió en mi carne y vivió en mí, porque yo odié el pecado. Dios le envió la mierda a él y a mí el espíritu. Fíjate que Dios es sabio y fiel. Te da lo que mereces.
En esos tiempos, en mi casa, no había comida. Yo era pobre como tú. Entonces yo tenía el cuerpo blando como el de una niña. Estaba delgadito, sin músculos, suave y pálido. Alma estaba más fuerte. Me vencía en las luchas; pero yo me creí campeón. ¡Qué estúpido!
A veces, digo que soy Guerrero, Charles Atlas que pelea con las amazonas. Es falso. Un delirio. Yo tengo delirios y digo cosas horribles. El Dr. Maltzman dijo que son mis culpas por mentir. Entonces, inventé una personalidad. Dije que soy Charles Atlas. Tal vez él tiene razón, tal vez. Tal vez, mi amigo Silencioso Tranquilazo tiene razón. Tal vez, tal vez. No debo mentir con lo que pienso. Debo vivir callado como él. En boca cerrada, no entran moscas.
Hice caso al Gran Payaso...
Ven, Cefalino. Vamos a bañarnos otra vez. Estamos sucios, muy sucios...

2.

Después supe que Sodoma será destruída, una y otra vez. Leí Génesis y la vida de Lot. Mami dice que la Biblia purifica la imaginación. Por eso, me gustaría... no, no, sacerdote católico no. Sacerdote como El Aguila, nahualtin como tú. Eso es lo que yo quiere ser.
Ya sé quiénes serán barridos de la tierra. Mucha gente de la que conozco será barrida. El Gran Payaso me engañó tres veces y el Gordo una... de modo que temí que se me castigara por la Mano de The Hidden One, el Escondidazo y aquel que es el Gran Uno, inmanifestado o manifestado. Ahora sé que no seré barrido. Lo dije al Gran Payaso... Grité mi Te odio, por primera vez y él temió. El sabe que los ángeles existen.
Me dijo. No lo haré más. Esta será la última vez.
Hicimos la ceremonia de la resurrección del pájaro caído. Yo, con mi cipote, y él con el suyo. Cuando levantó el pilar y estuvo a punto de venirse, sopas, pendejo que fui. Me lo atoró otra vez donde el sol no me alumbra, se meneó un ratito y me derramó su leche encima de las nalgas.
Siempre me duele tantito; pero, mientras él me coge, me gusta. Es después que me da sentimiento y me odio, me odio... Ven, Cefalino. Vamos a bañarnos otra vez. Estamos sucios, muy sucios...
3.

¡Puede que mi cuerpo sea una vasija de deshonra; igualito que en Michoacán; pero yo sé que tengo mi espíritu! Lo quiero. Lo presiento. Lo invento. Por lo menos, acerca de ésto él nunca me engañó. Tengo espíritu y fui lavado por la sangre del Redentor. Sé que mi Redentor vive. Yo fui elegido. Aleluya, aleluya, aleluya...
Al final, se me dijo: Créelo. Tienes espíritu. Es lo único cierto. No hay rituales ni formas de adoración establecidas por Melquisedec. Todo es pantalla. Teología fatua. Ni las religiones de Atum ni Ptah ni todos los sacerdotes ni misas justifican las inmundicias que cometí contigo.
Lo perdoné por miedo.
Le dije: Gracias.
Entonces, ya ves, con el tiempo lo odié, igual que ayer. Mucho más porque él tuvo otros chavos. Dos o tres. Siguió con ellos, seduciéndolos, engañándolos, ofreciéndoles dinero. Yo nunca fui prostituto. Lo hice de oquis. No acepté dinero. Ni siquiera buenas calificaciones. Quienes se vendían o se compraban, otros fueron. No yo. Y a todos él pago, menos a mí.
¡Entonces yo no fui rico como soy hoy!
Llegué a ir a la escuela sin comer. Yo fui pobre, Cefalino, igual que tú. Hoy soy menos pobres, pero tengo muchas tarjetas de crédito y dinero en el banco, ¿sabes? Mami dice que es poco; pero mis hemanas me dicen que es mucho. Que nunca se me acabará. Y tenemos dinero en España y en Francia. Pero si me dijeran: Déjalo todo, porque Lomas de San Angel, El Pedregal, todo Coyoacán, serán barridas como ciudades de perversos, me voy de volada y no miro atrás como Sara o mi hermana Alma que fue culiada por milico y convertida en estatua de amarga angustia, granulosa.
Del colegio yo fui el único shangu verdadero, el único de los futuros sacerdotes que invocó a las deidades bisexuales de los egipcios y sumerios. El Padre Vicente dijo que sólo yo discerniría las cosas bonitas del espíritu, hasta rechazar los inventos de la Teología y las vanidades de la carne. Recuerdo que me prometió aún más revelaciones y yo persistí por una mezcla de cobardía y amor. Puse fe en cada una de sus palabras. Quise ser Giparu, rey sacerdote, como él.
En ese tiempo, yo comulgaba. Decía oraciones en la parroquia del pueblo. Quise ser monaguillo. ¿Te dije que yo quise ser cura, Cefalino? ¿Te dije que yo fuí católico? ¿Te dije, te dije?
En secreto, porque él fue mi maestro de matemáticas, me explicó la visión del sacerdocio secreto, más alto que el de Aarón y Leví. Y yo creí, ¡qué imbécil!, credulachamente, igualito que los vecinos de Sodoma cuando creyeron que el Padre Perfecto, el Originador, nace de exprimirse el pito con la mano y de las lunas fálicas de Min.
Así, culera y pinchemente crédulo, fui.
Aquellos que fueron amigos de Lot, cuando él fue prisionero de Tidal, sobajado de Arioc y despreciado de Amrafel, creyeron lo que fue mentira y descreyeron lo que fue verdadero... Creyendo, creyendo, nos ensucian el corazón también, hoy más cruelmente que ayer, porque nos creemos más espirituales, no siéndolo.
¡Pero serán barridos con la escoba de Dios en el Mes de las Escobas!
Después que dejé Morelia y me alejé de él, supe que nuestro culto del Gran Uno (Wr) fue opio, tarugadas con que se me mantuvo dócil y cómplice de blasfemias. Salió su foto en Alarma, acusado de blasfemo y satánico. El Padre Vicente tenía ídolos de piedra y me engañó con objetos históricos, réplicas arqueológicas, como las que Alma compró en Tierra Santa. Cosas que no son Dios, sino pedregales y basurales.
Pero, hace muchos años, él dejó la iglesia y el colegio. Se preparó para caer y morir...
¡El fue de los peores shangu, el más falso giparu! Aleluya, aleluya, murió.
Valiente fue quien lo mató.
¡Yo no tuve el valor, soy tan cobarde! Te digo que lo odio todavía. No debo odiarlo, porque soy salvo por el Redentor. Mami me dice que deje los rencores para que Dios se apiade de mí y me cure de la ansiedad. Tal vez, tal vez sea como ella dice.
Sí, pinche cabrón, te odio por engañador e infiel...
Por años, al no recordar ni su rostro, me imaginé que lo perdoné. De palabra le dije: te perdono. Cuando lo dejé, ví lágrimas en sus ojos. Lloró como cocodrilo para más engaño de mi alma y yo, por tonto, lo perdoné para no verlo llorar...
El Dr. Maltzman te saca los secretos con una técnica que se llama the arousal theory: recall of repressed material y te quita los recuerdos, sin hipnotizarte. Te saca la rabia que tienes por dentro y uno se da cuenta de que uno es odiador, tipejo con la misma hechura que mis semejantes. Gran cosa es the arousal theory. Perversos como el Cura Vicente, usan la autoridad y la voz de los demonios, te hablan como los siquiatras y te da un pinche miedo. Sueltas la sopa.
¿Y el Gordo?
¿Dónde estará, por qué no lo mataron también?
Hay memorias que olvido y que explican mi puto pasado. Ni aún al doctor Maltzman, yo dije voluntariamente que yo fui puto. Me sacó la confesión con The Arousal Theory, con The Recall.
Cefalino, no se lo digas a nadie. Te lo digo porque a tí nadie te cree, excepto yo. Si yo aprendiera esa técnica, sería temible. Podría robar los secretos a la gente. Jean Pierre dice que sabe esa técnica. No creo. El paga sus informantes, se entiende con detectives. Mas nunca sabe. El mundo es muy confuso y la gente muy cruel...
Hoy yo soy más valiente que ayer y no sé la técnica. Tal vez tengo una visión de la fe y la esperanza. Tal vez, es cierto, tengo la memoria del espíritu, que me consuela y me sana y ya ves, cuando me baño muchas veces, nacen los peces en mi piel. Veo las luces que tiene el agua y sé que El Escondidazo me lava. Bañarse es renovar el bautismo en Cristo, el Pez.
A mi casa iban las turbas, gentíos de pecadores. Trataban de romper las puertas cuando yo estaba solito. ¿Sabrían que yo soy cobarde? Tuve miedo que me hubieran visto con el Padre Vicente y que, en grupo, espiaran lo que él me hacía.
¿Vendrían a burlarse, a decir a mi madre que yo fuí joto?
Mi padre me habría matado. El baturro fue machista.
Fui desobediente. No fui al colegio. A mi mamá dije que tenía dolor de estómago. Le mentí. No tuve dolor. De niñito, odié la pinche escuela. Y mi maestro me vino a buscar, el odioso cura... ¿Sabes, Cefalino? El Gran Payaso no fue demonio ni ángel como yo supuse. ¡Qué bueno que lo mataron! ¡Fíjate qué feliz estoy con su muerte!
Quisiera bailar y cantar...
Quisiera que Alma estuviera aquí viéndome platicar contigo, viéndome sano, lógico, contento, sin miedo a nada. Llamaría a todos mis amigos y les diría que me curé para siempre, que no tengan miedo de mí. Ni lástima ni pena. ¡Estoy sano!
Veo todos los colores, recuerdo los mandamientos, opino sobre cualquier tema, no veo fantasmas... ¡Ah, Cefalino, son los ángeles que me sirven, Dios perdonándome, la gente amándome!
A la edad de 9 o 10 años, sí, yo pensé en matar. ¡De veras! Matar a mi padre, el borracho. Yo muchas veces pensé en matar. ¿Por qué no maté al Padre Vicente cuando visitó mi escondite? ¿Por qué él me rescató de las manos de la turba? Tuvo más poder que ellos. Les dijo: Váyanse a la chingada y le hicieron caso. Vieron los ojos de fuego que él tiene y temieron, igual que yo cuando se los miraba.
¡Ah sí, por eso no lo degollé con el machete! Lo pensé muchísimo.
Puede que yo haya sido muy cobarde a los 9 años. Ah sí, pero fui muy odiador; especialmente con él... Lo que importa es que no he derramado sangre de pecadores.
Y que él está muerto, ah sí. Y que recobré mi razón.
Ahoritita soy feliz y el Pez, con lunares y pecesillos, sanó mi mente...
¡Qué bueno es Jesús-Dios conmigo!
Cuídate, indio cambujo, de la histeria. A mí, te digo, se me olvidó la mitad de lo que supe por andarme de histérico. ¡Entonces, por tercera vez, amé al cabrón como si no lo conociera! Es lo malo de ser histérico: te embrujan con olvido y confundes el perdón con el olvido. Pierdes la firmeza de tus piernas, te asustas y te imaginas que eres más cobarde de lo que eres. Te atan, te chingan. Te la meten doblada.
¡No, no, tú si tienes tus imbecilidades, Cefalino!
Un día El Aguila que habla te investigará, Cefalino. Tú no estás a salvo. Si has mentido, te hollará la cabeza como a la serpiente más rastrera y te sujetará si eres un inmundo engañador, remedo de escorpión...
Es que tengo que ser abusado. Mucha gente viene y dice: Soy la Divina Pomada; soy tu amigo, te quiero... y son buitres, gansos, huevos pudridos, como dice Jean Pierre. O moscas en la plaza... Y el Aguila sabe que tuve que patearte las bolas por andar de ofrecido, chupaverga...
Tú sí que me sacas de onda. A veces eres muy necio y me platicas chingaderas de gente naca y pecadora. Eres vulgar, te pasas; pero yo te tengo lástima, porque eres pobre y siempre estás hambriento y sucio... Sin embargo, aquel señor supo que fui su mejor alumno y que no vendo mi culo por dinero, aunque tenga hambre. El dijo que yo sería el sacerdote perfecto. Estudioso, manso, apacible, perdonador.
Mis dioses están enojado contigo. El Supremo Acelerador echa chispas. Ayer platiqué con el Padre Enaltecido. ¿Cuál es la misión que él me encomendará? ¿Buscar al Gordo y matarlo? Eso pensé. Pues no. Dios no quiere a los violentos. Ni a la gente sucia.
¿Saldrás conmigo? Pues, no me repliques. Usa mi baño. Aséate, Cefalino... Ven. Vamos a bañarnos. Estamos muy sucios, muy sucios...

4.

En mi casa de Morelia, el sótano es pequeño. En realidad, no fue un sótano como éste. Era un cuarto de almacén, lleno de plátanos, de viandas y baúles. No tenía gimnasio. Ni espacio para pintar. Si Jean Pierre se queja de que este sótano es pequeño, ¿te imaginas mi sótano de Morelia?
Era nomás el escondite de emergencia. Cuando llegaban las turbas, ahí me iba. Me quedaba muy calladito porque los gentíos venían a matarme. ¡Ay, si mamita me hubiera creído! Se enojaba conmigo cuando le hablaba sobre mataderas y cristeros. Hasta me pegó varias veces por hablar de que me querían matar.

Te matas, grillo, si resbalas. Saltarín, mira y tén cuidado. La ballena está en el sótano. Te mueres, comegén, si caes de la ramas y miras hacia el Monte del Disturbio, un pozo por ombligo orinado de plata, mojado de cristales. Has derramado la vergüenza levítica sobre el Valle de Sidim. Gomorra en concúbito es una tierra de hipedónicos. Sodoma es más ovárica...

Allí ví a los ángeles que repartían la oxitocina. Y al INAH3. Daban voces en las colonias... Mamita Cata y mi hermana dijeron que teníamos que irnos a Coyoacán. Y uno de los ángeles que, me advirtió de la partida, se presentó y dijo:

... Prepara tus más blancas manotas y sacrifícalas en holocausto de quarkonium para Melquisedec. Charge parity and time symmetry could be violated. Manipula el zipor termógeno, haz hoy excepción, porque tengo una misión que darte. Casquetéate los soles, porque Ya-ve, ya ví, Geo, bah, pamplinas, que los infieles dicen que eres maricón y Ya-ves, ya ví, que no lo eres y eres fiel al que ha sido DNA de vida y Magnificador y Supremo Acelerador... y él se enojó con los lilos con garrotes de rosadas magnolias y de gestos obscenos, pero de tí tendrá compasión.

De modo que escapa y no mires hacia atrás... y tén en cuenta que de las hijas del Fiel, que van a los congales y se deleitan en más turbación, en ... pláceme con el rectus, o morís, horizontal, phallus impudicus... El no tendrá lástima... phalo, phalo... palo bonito, palo es... gaia ia ia... La Gaia fugaz se culimpina, so pena, in positionis supina, de verse atorada... y él no tendrá compasión. A donde quiera que vayan, las matará como a moscas... Y no tendrá compasión.

Y ésta es la Nomología del Semen Infinito que te revela el que tiene dedos de infrarroja magnitud y algas ultravioleta en las verijas. El señor de los protógonos, el que satisface a las járites y las llena de INAH3, susurrándoles a los oídos, para que penetre al lóbulo posterior de la hipófisis el ritmo de la contracción uterina, dice: Más vale pájaro en mano que succión por la boca de los caganidos...

Yo, que no amé a mi padre, no me atreví a matarlo ni a burlarme de él. No es bueno que la gente, el pueblo donde nacíste, critique a quien te dio la vida.
Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen en la Tierra.
Son buenos consejos. Síguelos, si quieres, y si no quieres, pues, véte y no seas mi amigo.
Todo lo que inspira el espíritu, según dijo el Padre Vicente, origina la profecía. Yo lo creo. El espíritu se nos dio para que ofrezcamos algún servicio muy ingrato, pero necesario: ¡anunciar los grandes cambios de la Historia!
Se paga un precio duro por ser profeta. Es malísimo pedir cambios al que no quiere cambiar por su capricho. O por ignorancia. O por no estar preparado. Se aferran a lo viejo, al pasado. Y te encaran como enemigos. Pero, en boca del hombre con espíritu, es que la profecía despliega su autoridad y da castigo al que no oye.
Sé que soy profeta. No sé qué voy a anunciar, qué cambio debo informar. Soy un profeta sin trabajo, sin mensaje, aprendiz tal vez. ¡Lo triste es que lo soy y el mundo lo sabe!
Estoy contento con serlo, pero me gustaría que nadie lo supiera. Nadie es profeta en su tierra, ¿sabías?
A lo mejor me tengo que ir de México. Y profetizar con los chicanos y los negros porque los indios como tú no hacen caso.
Recuerdo que me escondí en el sótano al escuchar la turba que llegó. Fue el día que mentí con la excusa del dolor de estómago. No tuve tiempo de vestirme. Salté de la cama nomás, sin pensar en el frío de la mañana. Temí por mi vida porque yo estaba solo. Todavía no sabía que soy profeta, conste...
El viejo bigotudo me halló con mis calzoncillos, semidesnudo, friolento detrás de unos fardos de viandas. Ni camisa me puse. Escuché cuando la turba se largó. El corrió a todos. Oí el vozarrón del cabrón. No sé cómo supo que me escondí. Se brincó una barda y halló la entrada a mi acogeta.
Me gritó: ¡Muchachito, ven acá!
Vino derechito a buscarme después que los gentíos de pecadores se espantaron. Sí, pero con la furia de su voz, él amenazó con quemar vivos mis huesitos si no daba la cara.
No. Un ángel del Padre Enaltecido no dice las cochinadas que él me dijo. ¡Todo porque no fui a las clases que él daba, Historia Sagrada y Física!
Para que no gritara más, salí de mi acogeta, arropándome con un costal vacío. ¡Ay, la pelusa sucia me dio asco! ¿Estás desnudo? Dije que no y jaló el costal para verificarlo.
¡Ay, cochino, pajudo, ven acá!
Después me agarró por los hombros y como una pluma me alzó. Me sentó sobre una mesa de herramientas. Sobre la misma, a mi lado, había un machete y otros aperos con los que él podría haberme matado si eso hubiera querido. No lo hizo; yo sí pensé en matarlo, Dios santo, y agarrar el machete y tirar tajos contra él.
El tal vez no. Lo que hizo fue sacudir la pelusa que el costal dejó sobre mi barriga. Me sacudió la pelusa que cayó sobre mis muslos y manoseó mis carnes hasta que no hubo pelusa sobre mi cuerpo ni sobre mis calzoncillos.
Mi voz se perdió por el miedo. El ya había tenido noticias sobre mis amnesias. El coraje me enferma... Y esa mañana él me reventó el cerebro, los hígados, el alma. Se comió mis recuerdos. Me chupó mis lunares. Me robó la voz.
Ahora sé que los demonios tienen ese poder. Con sus manotas, empujándome, el demonio vestido de cura, me tendió sobre la mesa. Cerré mis ojos. Esperé una puñalada. Imaginé su violencia poco a poco contra mí. Con lenguaje que jamás utilizara en las aulas, dijo los insultos más chuscos. Hizo amenazas de quemar mis nalgas y extirpar mis testículos con los dientes. Y temblé por la gratuidad de su hostilidad y creía lo peor.
¿Por qué me castiga usted?
En sus clases, yo llevé las mejores calificaciones. No ofendía a nadie, no molesté, no abrí mi boca. ¿Por qué me lastima con sus palabras y gritos? Por eso, como otras veces, lloré sin que nadie lo oyera, sin lágrimas. Dentro de mí. Y él lo supo...
Entonces amé su silencio.
... Yo sí te oigo llorar, pequeñuelo... me dijo. Y con esas rudas manos, con que él construyera muebles, habitaciones para el colegio y sembrara la tierra de los jardines, en los ratos de ocio, o se jactara del ministerio práctico especial, o se batiera a los puños con borrachos anti-españoles, me acarició como si fuese un bebito. Frotó su rostro por mis muslos. Sentí los pelos duros de su cara. Apretó mis nalgas hasta dejarlas coloradas. Mi piel se me puso chinita.
Cuando me bajó los calzoncillos, ya tenía mi verga parada y pensé que él chuparía. Me habría suicidado. No. Tendría que matarlo, medité. No supe quién entre los dos, yo o él, fue más inmundo. Me sentí tan culpable como él. ¡Pero, él me chupó la verga y yo no me maté! Quizás por eso sufrí. ¡Por cobarde! Por eso no fui profeta antes de hoy... ¡Por cobarde!
¿Can, tepocatl?
No sé, yo soy feliz con sólo caminar por los jardines. Ayer leí sobre las naked girls, las Járites y las Gracias. Me gustaría participar en una Danza de la Lluvia... Ya te dije. Hoy soy más libre; he sido vindicado divinamente. El enemigo ha muerto. Ahorita puedo ser feliz y comenzar a ser valiente y útil. El Padre me ha enaltecido. Cada vez que los demonios mueren, el Padre se enaltece y El Escondidazo se manifiesta y da valor al guango y pendejo.
Los ángeles festejan a los que aman. Hoy me siento muy amado por los ángeles. Hay un demonio menos. Y veo mis doce lunares sobre mi cara. Veo a los Mensajeros divinos. ¡A los reales, a los que ya son parte de la Luna y el Sol!
Fíjate, qué bonita está mi verga sin las hormigas ni la condenación. Te digo, me repugna soñar con hormigas porque me gustaría ser casto. Jean Pierre no quiere que yo sea casto. Ni tú, yo lo sé. La castidad da un raro orgullo y fortaleza. He recuperado mi osadía.
Mucha gente no quiere que yo sea casto para que yo sea blando y pueril como mujer.
La Zona Rosa está llena de juaniquillos de Goim, puros putos, hieródulos de ácido y caganidos de Tiro y Sidón. Jean Pierre sí tiene razón. Dice bien... Cuando yo estoy pinta que te pinta las cosas que El Aguila me pide, o haciendo retratos del tlacuilo Silencioso Tranquilazo, Jean Pierre critica a los judíos. Son los capitalistas detrás del proyecto de fundar una universidad de sodomitas en Lomas de Chapultepec. Los gamberros de Sodoma, invasores de los islotes prometidos, no se han ido de la Tierra. Mucho falta por barrer... A lo mejor se quedaron en ciudades impenitentes y no murieron en Sodoma ni Gomorra.
¡Ay de ti Corazin! ¡Ay de tí, Betsaida! que si en Tiro y Sidón se hubiera hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
Tal vez el D.F. es una ciudad impenitente y la misión de profecía es avisarlo. Hay espíritus demoníacos, no sujetados, que están en la Zona Rosa. Yo tengo la potestad de hollar las serpientes y los escorpiones. Soy profeta, ¿recuerdas? y esos poderes los tengo. ¡Sujeto a los espíritus malignos! Mañana quizás no me sienta tan valiente como este día. Voy a tratar de que sí, sino acuérdamelo, Cefita.
Me siento como el mensajero del Magnífico de Lot...
Ya estoy curado.
¡Quiero bailar, cantar, hasta cagarme!
¿Qué me importa que el doctor Maltzman crea que no estoy curado? Dirá que es la luna, dirá que es una catatonía, una euforia neurótica...

Publicado en la revista Mizares

Por Carlos López Dzur
mailto:baudelaire1998@yahoo.com
Publicado Domingo, Noviembre 7, 2004


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