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DESDE EL PLANETA TIERRA (II)
Por Pablo Brito Altamira (Mercurius)

Otra de las costumbres arraigadas de manera profunda entre los humanos es la de mentir.


Otra de las costumbres arraigadas de manera profunda entre los humanos es la de mentir.

Son muchas más las ocasiones en que los humanos mienten que aquellas en las que dicen la verdad sobre sus intenciones, pensamientos y sentimientos.

Decir toda la verdad , sólo la verdad y nada más que la verdad es una práctica poco normal, a la que sólo se someten por obligación y bajo amenaza de severos castigos.

La práctica común y normal de la mentira, en cambio, lleva a los humanos a mentirse a si mismos con mucha frecuencia y produce en ellos una tendencia creciente a la atrofia de la parte del discernimiento que distingue mentira de verdad.

Desde las declaraciones públicas más importantes para la comunidad hasta los más banales comentarios íntimos entre los individuos contienen generalmente una dosis de mentira mayor que de verdad. Decir la verdad sin un propósito determinado es considerado la mayor parte de las veces como una conducta maleducada o descortés.

En este sentido, la comunicación entre los humanos se parece a un juego en el que gana siempre el que mejor disimula su intención al interlocutor, con lo que quienes se comunican se perciben casi siempre como adversarios.

La tendencia a disimular, fingir y aparentar lo que no es se manifiesta en todas las actividades humanas de manera permanente y es considerada como algo normal y aceptable. En muchas profesiones, como en la política y la publicidad, cuenta mucho más la manera en que los hechos y las ideas se presentan que lo que en realidad son: poco importa si lo que se oculta es más importante que lo que se muestra.

La mentira generalizada y convertida en hábito cotidiano provoca no pocos desórdenes y transtornos de orden mental y psíquico.

Para aliviarlos o curarlos las personas acuden a psiquiatras y psicólogos, cuya tarea consiste principalmente en escuchar las verdades que sus pacientes no pueden manifestar de manera libre a su semejantes. El consultorio de estos especialistas es considerado un lugar “seguro” para decir la verdad , protegido por la ley con la figura del “secreto profesional” , con lo que se evidencia que la verdad es vista como algo peligroso y en muchas ocasiones ilegal o al menos antisocial.

¿A qué se debe esta curiosa costumbre?

Cualquier investigación o encuesta que se emprendiera para determinar sus raíces o su origen tropezaría con un obstáculo insalvable: los entrevistados estarían muy poco dispuestos a decir la verdad sobre el tema.

Porque ganarse la confianza de un humano es en verdad una tarea ardua y muchas veces impracticable. La desconfianza es un efecto secundario de la misma dolencia que produce en el humano una dificultad crónica para creer. Muy pocos humanos son capaces, en efecto, de creer en los demás , en si mismos, en el futuro y en cualquier cosa o idea de la que no tengan garantías absolutas. Por esta razón cualquiera que manifieste creencias de alguna clase es considerado como sospechoso de fanatismo.

Esta falta de fe en el sentido más amplio de la palabra hace dudar de que existan las cosas que dan sentido a la vida y hacen que la felicidad sea posible.

A través de la mentira, la desconfianza y la falta de fe se cierran así las puertas a la mayor parte de las fuentes de placer , alegría , esperanza y sosiego. El malestar general resultante se manifiesta en agresividad, violencia y guerra.

Pero la mayoría de los humanos mentirá también si se les inquiere acerca de dicho malestar. Casi todos afirmarán ser felices.

La infelicidad y el malestar son muy mal vistos socialmente por tratarse de verdades difíciles de disimular.

Y si se les pregunta por qué creen que hay tanta infelicidad en el planeta responderán que la vida es así, con lo que pondrán de manifiesto que el hecho de estar vivos y según ellos felices es una verdad que como las otras les produce una profunda desconfianza.

Por Pablo Brito Altamira (Mercurius)
mailto:mercurius132003@yahoo.com
Publicado Viernes, Noviembre 26, 2004


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