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| Es cierto. Hoy como ayer, estamos a merced de la angustia identitaria, clavados por los garfios hostiles de peces secos, intrusos, subversivos, peces espadas, provenientes del oblicuo mar de gestos y costumbres y, once veces, con cada luna de septiembre nos visitan,.... |
| Es cierto. Hoy como ayer, estamos a merced de la angustia identitaria, clavados por los garfios hostiles de peces secos, intrusos, subversivos, peces espadas, provenientes del oblicuo mar de gestos y costumbres y, once veces, con cada luna de septiembre nos visitan, al menos besan el miedo, nos sofocan adentro, introyectándose.
Fluyen desde el polvo, se multiplican en la vibras del desierto. En corales de cuevas y abismos hallan su energía, su afán de avanzar hacia nosotros y darnos su doctrina de demonios, deyectando el veneno.
El Islam que nos escama revienta en pústulas de odio, nuestro odio será más sabroso que su carne, nos tiemblan en las quijadas xenofóbicas como memoria de ancestros olvidados, se obnubilan y desfasan en el iris profundo de los azules ojos porque aunque estonios, húngaros, filandeses, fuimos ellos, hijos de Atila, bárbaros en la nieve de los viejos días.
El discurso occidental ya los define: Son los Ejes del Mal. Veneno al laicismo. Rémora a la democracia y al honor. Son bárbaros, matan con dagas turcas, cortan cabezas como terribles Hunos, humillan a mujeres, ocultan la hermosura de sus rostros. Son gentes con turbantes (con serpientes enroscadas en los sesos, con flautas sisiseantes, magos de barbas largas y de lunas con filo de hojalata y de puñales). Adulteran, ejercitan genocidio (¡pobres armenios!), te callan, de cuajo arrancan la voz y la vida de su canto.
Se asoman en Lepanto, bizantinamente se aproximan donde está tu codicia y tu tesoro. ¡Todo te quitan, todo a los viejos y nuevos imperios coloniales, porque no perdonan ni los rastros de Balcanes, ni la Bosnia desfasada, ni el albano que va, siquitrillado, en esta otomana senda de reyerta, matanza, angustia, capricho...
Es cierto, hijos de Occidente, ¿qué haremos con estos peces que navegan tan fuera de los mares desde la costa Egea del Turco a la cuna-corazón del Niño Santo y la Troya que arde en angustia identitaria, nosotros, custodios de las Torres Gemelas y de Babel del Cielo, NY, qué haremos cuando salgan las lunas de septiembre y once veces nos escupan el rostro con aviones y bombazos?
Del libro inédito: ¿Por qué nos odian tanto? Por Carlos López Dzur mailto:baudelaire1998@yahoo.com Publicado Miércoles, Enero 5, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |