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Angustia de Occidente
Por Carlos López Dzur

Es cierto.
Hoy como ayer, estamos
a merced de la angustia identitaria,
clavados por los garfios hostiles
de peces secos, intrusos, subversivos,
peces espadas, provenientes
del oblicuo mar de gestos y costumbres
y, once veces, con cada luna
de septiembre nos visitan,....


Es cierto.
Hoy como ayer, estamos
a merced de la angustia identitaria,
clavados por los garfios hostiles
de peces secos, intrusos, subversivos,
peces espadas, provenientes
del oblicuo mar de gestos y costumbres
y, once veces, con cada luna
de septiembre nos visitan,
al menos besan el miedo,
nos sofocan adentro,
introyectándose.

Fluyen desde el polvo,
se multiplican en la vibras del desierto.
En corales de cuevas y abismos
hallan su energía, su afán de avanzar
hacia nosotros y darnos su doctrina
de demonios, deyectando el veneno.

El Islam que nos escama
revienta en pústulas de odio,
nuestro odio será más sabroso
que su carne, nos tiemblan
en las quijadas xenofóbicas
como memoria de ancestros olvidados,
se obnubilan y desfasan
en el iris profundo de los azules ojos
porque aunque estonios, húngaros,
filandeses, fuimos ellos, hijos de Atila,
bárbaros en la nieve de los viejos días.

El discurso occidental ya los define:
Son los Ejes del Mal.
Veneno al laicismo.
Rémora a la democracia y al honor.
Son bárbaros, matan con dagas turcas,
cortan cabezas como terribles Hunos,
humillan a mujeres,
ocultan la hermosura de sus rostros.
Son gentes con turbantes
(con serpientes enroscadas en los sesos,
con flautas sisiseantes,
magos de barbas largas y de lunas
con filo de hojalata y de puñales).
Adulteran, ejercitan genocidio
(¡pobres armenios!), te callan,
de cuajo arrancan la voz
y la vida de su canto.

Se asoman en Lepanto,
bizantinamente se aproximan
donde está tu codicia y tu tesoro.
¡Todo te quitan, todo a los viejos
y nuevos imperios coloniales,
porque no perdonan ni los rastros
de Balcanes, ni la Bosnia desfasada,
ni el albano que va, siquitrillado,
en esta otomana senda de reyerta,
matanza, angustia, capricho...

Es cierto, hijos de Occidente,
¿qué haremos con estos peces
que navegan tan fuera de los mares
desde la costa Egea del Turco
a la cuna-corazón del Niño Santo
y la Troya que arde en angustia identitaria,
nosotros, custodios de las Torres Gemelas
y de Babel del Cielo, NY, qué haremos
cuando salgan las lunas de septiembre
y once veces nos escupan
el rostro con aviones y bombazos?

Del libro inédito: ¿Por qué nos odian tanto?

Por Carlos López Dzur
mailto:baudelaire1998@yahoo.com
Publicado Miércoles, Enero 5, 2005


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