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| Jorge llegó al campo vestido de pueblo y soltando el equipaje corrió hasta su madre, abrazándola amorosamente.. Ella, llorando como una dolorosa, le dijo;.... |
| CUENTO.
Jorge llegó al campo vestido de pueblo y soltando el equipaje corrió hasta su madre, abrazándola amorosamente.. Ella, llorando como una dolorosa, le dijo;
- Qué bueno que has llegado a tiempo porque aun no se ha puesto el cadáver de tu padre en el ataud..
- No sé por qué tengo que estar presente para tú decidir esto - dijo Jorge con asombro.
Pero la madre, llorando desconsoladamente le dijo en voz baja: - No me preguntes nada ahora porque tenemos que hablar a solas.
Jorge, abrazándola mientras caminaban al interior de la casa le dijo:
- No llores más, no te desesperes, no te angusties, ya estoy aquí contigo, además, no te das cuenta que por fin eres libre? Qué ahora reirás a carcajadas y podrás mirar el cielo por las noches y encontrar la luna?
- Cállate, hijo mío - dijo ella con un poco de miedo en sus palabras. No blasfemes - continuó diciéndole - que Dios puede castigarte. No ves que lloro la muerte de tu padre; y a los muertos hay que llorarlos para que se les refresque, con las lágrimas de sus familiares, el camino que los llevará a la gloria.
Jorge iba a hablar otra vez, pero prefirió callar y se quedó contemplando el rostro de aquella mujer tan triste, tan sumisa, tan ultrajada y abusada por su padre.
Jorge creció en el pueblo con un tío, allí se graduó de abogado; como era hijo único siempre visitaba a sus padres semanalmente. Ahora que su madre enviudó, él se la llevaría a la ciudad con él, si ella lo aceptaba.
Volteando la cara Jorge vió el cadáver de su padre tendido en la cama mientras varias beatas rezaban el rosario a su alrededor.
Frunciendo el entrecejo se preguntó en silencio, cuál era el misterio de esperar tanto tiempo para poner el cadáver de su padre en el ataud, si ya lo habían bañado y lo habían vestido..
Adela, que así se llamaba la madre, respondió a la pregunta muda de su hijo, lo guió con la mirada hacia la otra habitación donde no había nadie. Ya en el salón, Jorge le tiró un chorro frío de preguntas y agarrando sus dos manos le dijo:
- Qué pasa, mamá? Qué es lo que tienes que decirme? Veo terror en tu cara. Cuál es el misterio que rodea el cadáver de papá?
La gente del vecindario, amigos y familiares, comenzaron a llegar para el velorio. El entierro sería a las diez de la mañana del día siguiente. Reuniéndose en grupitos comentaban y cuchicheaban diciendo:
- Quizás Moncito no tenía traje para usarlo en el entierro...era tan tacaño!
- Sabrá Adela dónde escondió el dinero? Tanto trabajar y ahorrar y ahora no poder llevarse nada a la tumba!
- El pobre, dicen que murió de cáncer; puede ser, porque él siempre tenía un dolorcito en la boca del estómago, pero nunca quiso ir al médico, sólo fue para morirse y dice Adela que él se enfermó por tomar todos los días como desayuno un té de tuatúa con limón y esas hojas dan cáncer.
- Yo creo que él murió de hambre, estaba muy flaco y de hambre es que se mueren todos los tacaños; como no comen, la tripa gord y el estómago se le corroen con el propio ácido que produce su barriga hasta matarlos.
- Eso dicen los que leen, pero yo no sabía que él era tan avaro - dijo un primo del difunto -- porque de que tenía dinero junto, lo tenía por balsa, toda su vida trabajó como un buey y de ñapa, todo le florecía como por encanto. Pero dicen los viejos del campo que a la gente que no da nada, para que puedan juntar mas dinero el diablo es que le riega los sembrados por la noche para poder adueñarse de sus almas.
Mientras la gente comentaba en el patio, Adela, nerviosa y llorando a la vez, seguía tratando de hablar a solas con su hijo, sin encontrar oportunidad, pero cuando ya iban a entrar el cadáver en la caja, Adela, agarrando a su hijo por un brazo, lo llevó hasta el aposento. Allí le dijo a Jorge:
- Tu padre, antes de morir, me pidió bajo juramento frente a ese Cristo, que le pusiera todo el dinero que él juntó y trabajó dentro del ataud, para él llevárselo a la tumba. El problema es que son muchas las fundas que hay llenas de monedas y pesan mucho; él no podrá subir con ese peso al cielo y nadie podrá cargar la caja porque , hijo, ahí hay dinero de años.
- Y tú le dijiste que sí ?
- Pero, Jorge, él no iba a morir hasta que yo le jurara que lo haría.
- Dónde está el dinero? - preguntó Jorge.
- En ese hoyo que hay en la pared, detrás de ese escudo; él me hizo contarlo cuando estaba agonizando, pasé la noche en eso complaciéndolo. El no quiere que yo le coja ni un solo centavo.
Adela, asustada, continuó diciendo a su hijo:
- Yo no quiero nada, porque después me sale y no me deja dormir.
Jorge ya no escuchaba a su madre, ahora pensaba lo que debía hacer antes de enterrar a su padre y aquietar a su madre. Para pensar mejor le dijo a su madre:
- Vete a atender a los presentes, mientras yo sumo todas las fundas que papá marcó.
Cuando Jorge terminó de contar el dinero, hizo una nota da su padre diciéndole:
Querido papá: como adonde tú va’ hay tantos raqueteros que han muerto recientemente, no te dejarán llegar donde tu va’ con tu dinero Por eso te lo puse en un cheque. No te olvides de firmarlo. Tu hijo....Jorge. Por MERCEDES GONZALEZ mailto:mary_pili77@hotmail.com Publicado Sábado, Enero 29, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |