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| Ramona, ¿ adónde está la mochila de Angelito, no la encuentro y se va a hacer tarde para dejarlos en la escuela, a él y a Frank? Además, a mí también se me va a hacer tarde para llegar a mi trabajo. - Así gritó Abelardo sofocado y sin poder hablar del coraje que tenía. |
| Cuentos de MECHO.
- Ramona, ¿ adónde está la mochila de Angelito, no la encuentro y se va a hacer tarde para dejarlos en la escuela, a él y a Frank? Además, a mí también se me va a hacer tarde para llegar a mi trabajo. - Así gritó Abelardo sofocado y sin poder hablar del coraje que tenía.
- Búscala en el comedor, ahí la dejó ayer cuando terminó la tarea - contestó su mujer desde la puerta de salida, cuando iba a montarse en su carro para ir a trabajar.
Mientras tanto los dos niños caminaban detrás de su padre hechos un robot, movidos por las palabras nerviosas de Abelardo. El trataba de despertarlos y de quitarles el movimiento soñoliento que tenían los niños al salir de la cama.
Frank tenía 6 años y Angelito 5; a los dos niños ya les pesaba la responsabilidad de vivir en el sistema de una ciudad calculadora y rápida donde se estaba perdiendo el amor, el afecto y el abrazo.
El mismo Abelardo estaba preocupado, pensando que lo único que hacía por sus hijos era llevarlos a la escuela y buscarlos al terminar. Los depositaba en la casa y se preparaba para ir al otro trabajo; cuando regresaba de noche, ya estaban durmiendo.
Abelardo seguía penando: “no tenemos, mi esposa y yo, un solo día para los niños” y cada sábado y cada domingo los niños parados en la puerta le decían: - Papá, vas a salir otra vez? - Sin saber por qué, este reclamo de sus hijos le estaba trabajando en la mente.
- Ellos tienen razón porque su madre y yo nos vamos a trabajar y ellos se quedan solos con las dos niñeras: la que los vigila y les da de comer y la que los entretiene: la televisión. Su madre, Lily, el sábado lo pasa en el salón de belleza arreglándose el pelo y las uñas y el domingo preparando la ropa que va a usar para competir con las compañeras del trabajo.
Era lógico que los dos adoraran a sus hijos y se mataran trabajando para el futuro de ellos, pero ¿y el amor, cuándo se lo demostraban, cuando hablaban con ellos? En el carro, camino al colegio, no los dejaban hablar para no perder la atención al volante.
Hoy era domingo y oyó la vocecita de Angelito diciéndole:
- Papá, ¿vas a salir otra vez? --
Volteó la cara y los dos estaban parados en la puerta, más temprano que nunca....porque los días que no van a la escuela, todos los niños del mundo se levantan más temprano....parecían dos niños solos, dos niños huérfanos!
Abelardo reaccionó y se quitó la gorra, la corbata y el saco y lo puso dentro del carro junto al maletín de trabajo. Los dos niños lo contemplaban mudos y asustados. Corrió hasta ellos, los abrazó y les dijo:
- Nunca más trabajré el domingo; entren a la casa y quítense la ropa de dormir, hoy vamos a Misa juntos y después a divertirnos hasta la noche! No quiero oír nunca más que me reclamen diciéndome - Papá, vas a salir otra vez?
FIN
MERCEDES GONZALEZ Mary_pili77@hotmail.com Por MERCEDES GONZALEZ mailto:Mary_pili77@hotmail.com Publicado Domingo, Abril 3, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |