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DIOS NOS HA OIDO
Por Mercedes González

El calor era insoportable, todos sudaban como si estuvieran en un calabozo sin ventilación. Eran las 3 de la tarde, un grupo de personas estaban participando en una Hora Santa en la casa de Heriberto y Mariana.


Cuentos de Mecho

El calor era insoportable, todos sudaban como si estuvieran en un calabozo sin ventilación. Eran las 3 de la tarde, un grupo de personas estaban participando en una Hora Santa en la casa de Heriberto y Mariana. Una señora leía: daban gracias al Corazón de Jesús por algo especial que habían recibido.

Después de terminar la lectura y los ofrecimientos, sirvieron a los presentes bizcochos, pasteles con refrescos naturales, café y chocolate. Como habían jóvenes comenzaron a charlar haciendo comentarios sanos de los años pasados y anécdotas tristes y jocosas de la mayoría de los presentes.

Era frecuente hacer Horas Santas en diferentes casas de un vecindario donde se veneraba la memoria del Corazón de Jesús; esto daba motivo para que la comunidad se reuniera y se fomentaba así la fe católica de los vecinos.

A eso de las 5 de la tarde la temperatura había comenzado a descender, sintiéndose el tiempo agradable y fresco. Estaban todos los visitantes tan a gusto que nadie parecía querer retirarse. Sentados en grupo seguían charlando y riéndose a carcajadas.

De momento, uno de los jóvenes dijo con ingenuidad:

- Tanto rezar y total, todo es como es! Hay un refrán que dice: “unos nacen con estrella y otros nacen estrellados”.

Todos volvieron a reír. Un ojito chiquito, a quien decían el “chino” dijo:

- Uno no se puede alejar de Dios, porque EL es quien nos da seguridad de vida.

- Para entender eso hay que tener fe - comentó Chilo, un morenito del barrio. - La fe en Dios da seguridad y fuerza para vivir y luchar en este mundo donde hay tantos amigos falsos y enemigos ocultos, que no tienen conciencia para hacerle daño a los demás.

- ¡Habló el filósofo! - gritaron todos a una voz.

La fe no se ve, pero se siente. - prosiguió el Morenito - tú vas al doctor y porque tienes fe en lo que sabe de medicina, tú haces todo lo que él te diga, verdad? Pero la fe en Dios es diferente, es algo más fuerte, que nos levanta espiritualmente, tú te siente caminando en el mundo protegido por EL, como si el Espíritu Santo, hecho paloma, volara sobre tu cabeza, toda tu vida.

Sin saber por qué, todos callaron. René, un señor de unos 60 años aprovechando el silencio dijo:

- Voy a contarles lo que le pasó a un amigo hace unos años en los EE.UU. por tener fe. El vivía en Manhattan y era dueño de un edificio de 5 pisos en el Bronx. En cada piso vivían 5 familias de diferentes nacionalidades. Muchas eran personas insolventes que vivían de ayuda pública ( welfare); otros no trabajaban, pero vivían de lo que recibían de sus padres y algunos usaban drogas. Por eso, mi amigo tenía muchos problemas, porque mientras más pobres son los inquilinos más exigen y odian al dueño.
- Por otro lado, aunque Uds. no lo crean, en los EE.UU. estas personas son más protegidos por el gobiernos, que los que trabajan. Por eso, él no podía hacerles exigencias por el pago de la renta, ni darle desalojo. Pero por ley, tenía que dar un buen servicio y buen mantenimiento al edificio. El trabajo de José era atender el edificio. Todos los días estaba allí desde las 9 de la mañana hasta las tantas de la noche

Un día, bien frío, en el mes de diciembre, a eso de las 10 de la noche llegó a su apartamento, como dicen muchos, de capa caída, mudo. Su esposa, que siempre lo esperaba, notó su preocupación y por decir algo preguntó: ¿ No vas a cenar? -

- El contestó: - ¡ no! - y entre dientes le dijo - mañana no voy al edificio

- Qué pasó? - preguntó ella frunciendo el ceño?

- Nadie pagó la renta; la boila sólo tiene aceite hasta las 12 de; día, debo el último pedido a la compañía de aceite y para colmo, una tormenta de nieve nos llegará en unas horas..

José, así se llamaba mi amigo, se quitó el abrigo y con las dos manos agarró su cabeza tratando de sacar de ella sus preocupaciones.

Su esposa, también mortificada, le dijo: - Ve, acuéstate, yo te sigo más tarde, voy a rezar un poco para que Dios nos dé la solución para mañana.

Cuando José llegó, su esposa tratando de entretenerse, estaba haciendo un álbum, pegando en él solamente imágenes de Jesús. Puso el libro a un lado de la mesa, cogió un rosario para rezar y no pudo; trató de meditar en un libro y tampoco pudo. Entonces cogió otra vez el álbum y lo abrió diciendo: - “Jesús no puedo concentrarme para orar, pero poniendo mis manos en tu imagen, mirándote, ésa es mi oración; Tú sabes lo que debes hacer para ayudarnos a salir de esta situación.

A las doce de la noche sonó el teléfono; como su esposo no se había acostado, ella cogió la llamada. Era un amigo de José que le dijo:

- Pon a José al teléfono: es una emergencia para mí! - Y al José coger el teléfono le dijo:

- José, no te vayas temprano para el Bronx, espérame, quiero que me resuelvas un problema.: me entregaron una sociedad, $10,000 (en dinero dominicano). Yo me voy a mi país en dos meses, pero como soy ilegal, no tengo social security, ni identificación, por eso no puedo ponerlo en el banco y donde vivo no es seguro. Sé que tú has hecho este favor a otras personas, no me digas que no.

José quedó mudo frente al teléfono; su esposa intrigada la preguntó: - Qué pasa, José ?. El, nervioso le contestó>

- Dios nos ha oído!

Con ese dinero José solucionó sus problemas inmediatos, y sin apuro, en dos meses restituyó el dinero de su amigo. Jesús le solucionó el problema buscándole el dinero......¡ y sin intereses!

Lo importante fue que ellos creyeron en Jesús y tuvieron fe en ser oídos por El, dijo René con aire de predicador.

FIN







Por Mercedes González
mailto:mary_pili77@hotmail.com
Publicado Lunes, Abril 25, 2005


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