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LA CIUDAD DE LOS MUERTOS
Por MC Ramon Larrañaga Torrontegui

Todas las personas que son enterradas en nuestra pueblo entran a formar parte de ese museo de Historia que es el Cementerio de la mesa, anteriormente eran enterrados en el Panteón Español o en la Iglesia.


Todas las personas que son enterradas en nuestra pueblo entran a formar parte de ese museo de Historia que es el Cementerio de la mesa, anteriormente eran enterrados en el Panteón Español o en la Iglesia. Siempre ahí, contemplando el discurrir de nuestras vidas, el cementerio es la ciudad de los muertos, es la ciudad en donde no llegan los impuestos y sus calles se asemejan a una colonia populosa nacida de una invasión. Pero cada muerte es una vida.

Por eso todos los camposantos encierran un mundo vital que se puede leer en su interior. Los vivos podemos aprender y disfrutar de lo que el cementerio del pueblo nos muestra, siglos de gentes haciendo la Historia de nuestro San Ignacio de Loyola, Sinaloa, México. Los vivos quieren aproximarse a ese lugar, pero no quedarse ese es un mundo tan temido y desconocido y que abre sus puertas para que leamos en él los signos de la huella que dejaron sus habitantes eternos.

Conocer lo que descansa en esta Ciudad de los Muertos es aprender de los que nos precedieron, vivir lo que nos legaron y reencontrarnos con un lugar que nos espera no sólo en el fallecimiento inexorable sino en el día a día, con sus puertas abiertas, mostrando sus tesoros y su historia para ser leída. Una historia que nosotros no podemos rechazar. Una historia de la que formaremos parte algún día. Una historia que nos inmortalizará para que el futuro nos lea en ese libro abierto que es el cementerio de nuestro pueblo.

Desde sus solitarias tumbas hablarán las personas que han trascendido el vivir de cada día en San Ignacio y han pasado a la Historia como algo más que simples mortales. Vemos su eterna morada y por la forma cotidiana en que nos comportamos, les conocemos un poco mejor. En realidad todos los habitantes del cementerio tienen algo que decir y queremos escucharlos porque son parte de los vivos que transitamos paseando sus genes.

Hasta en el cementerio se nota el poderoso señor Don Dinero. Pero todo Ser Humano merece ser enterrado. Y son ellos, los olvidados y los desprotegidos de la sociedad los que tienen en representación una de las más bellas formas de expresión del cementerio del pueblo. El epicentro de todo el Campo Santo siempre permanecerá aquí.

El corazón de la muerte es el que late con más fuerza. Todo cementerio tiene el lugar donde van a parar los más dichados y desdichados de la vida. Los que tienen y no tienen ni moneda ni nadie que les vea morir. Incluso los “pobres de culto” seran enterrados a precio pagado por las autoridades. A esas personas, y a las que ya no reciben atención de nadie cuando están inhumadas, se las entierra en las llamadas fosas comunes de los cementerios. De las varias que a lo largo de la historia ha tenido y tiene el cementerio, se ha venido a crear el símbolo definitivo del descanso eterno no sólo para el ignorado de la vida sino para todos los vivos.

La belleza de las esculturas habla por sí solas. Las palabras que se pueden leer en el monumento y que debería decir así: “vosotros cuyos restos anónimos yacen aquí, a quienes hizo iguales la naturaleza humana, la redención divina y la niveladora muerte, no sois olvidados de todos, alguien en algún lugar se acuerda de ustedes. La ciudad, igualitaria poco cristiana, nula justiciera y piadosa os recuerda, os proclama suyos y os encomienda a dios" Ricos y pobres, famosos y desconocidos, héroes y víctimas... a todos “la muerte nivela” porque somos humanos.

En todo camposanto siempre hay residencias, monumentos y el de San Ignacio Sinaloa México no puede ser la excesiòn, dentro del cementerio ha habido obras, créanme. Veremos si el servicio se mejora y no solo sea el espacio en donde llevamos a tirar a nuestros ancestros. Demos tiempo al tiempo que es como se funciona en nuestra sociedad. Lo que hoy no funciona se estropeará mañana pero algún día mejorará. Sobre todo si hay elecciones. Eso demuestra queridos amigos que un voto tiene precio. Por desgracia sí. Buena dicha está que se venda salvación (hoy en día el dinero salva tanto o más que un dios) pero o todos o ninguno.

Con respecto a la venta un buen cristiano romano diría lo que dijo Jesús, “no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado”. a las floristerías, bebidas para un tentempié, y bocadillos y menesteres de viandas para la gente que pasa todo el día en el cementerio (y no me refiero a los inhumados). Lugar idóneo eso sí que es cierto. Gracias a las elecciones, la muerte os sienta muy bien. A lo mejor hasta limpian, fijan y dan esplendor. Gracias a nuestros políticos y a la falta de apoyo económico también a nosotros el morir nos sale carísimo.

El día de muertos deja cosas que se pueden leer de muchas maneras pero la verdad es una. Aunque “la Vida es un sueño, a no ser que el sueño sea la muerte”. Hay ya un fenómeno social que consiste en cumplir con los ausentes hasta quince días antes del uno de septiembre. Eso se nota después en el día clave. Un gesto de esperanza, cada vez más se ven parejas de jóvenes, amigos, amantes, hermanos, que van cogidos de una mano a depositar flores. Abramos los ojos, nuestros mayores bailan con la muerte, es su Danza Macabra.

Los jóvenes, quieran a no les deben el futuro

Estampas curiosas se repiten. Una patrulla de transito a la entrada luce bien, aunque sea la unica que existe, pero esta presente. Hacen bien. Para mantener la tradición, al caer la noche todo se queda a oscuras. La gente no quiere la noche en un cementerio y de seis y media de la tarde en adelante ya no queda nadie salvo familias populosas que apuran el día. A falta de luz pocas son las velas que iluminan. Pero las luces de los copeches se aprovechan muy bien.

Algunas personas me preguntan sobre la Fosa Común, hay quien no la conoce. Por la tarde ya hay poco trabajo para la policía. Todo está tranquilo. Flores y más flores. Algunas de plástico, la intención cuenta. Siempre está la picardía de la pobre víctima que pone su ajuar mortuorio y se lo roban. El paso del tiempo se nota. Hay quien se queda sin padrino, sin flores y sin cruz. Pasado el día todo irá volviendo a la normalidad. De hecho el primer fin de semana de Noviembre, las temperaturas rozan los 38º C. Increíble. Después eso sí, todo es infierno. Pero la vida continúa. Invitamos a todos al próximo uno de Noviembre. Allí estaremos para dar fe y constatar en crónica que los vivos, aunque sea un día al año, se acuerdan de los muertos. Estos últimos lo agradecerán. Y mientras, un punto de encuentro.

Por MC Ramon Larrañaga Torrontegui
mailto:pedagogicohispanoamericano@yahoo.com
Publicado Domingo, Mayo 15, 2005


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