| | | |
| Los días 29 y 30 de septiembre pasados se celebró en Brasilia, la I Cumbre Presidencial de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN). Las conclusiones tienen el sabor agridulce que dejan los asuntos casi siempre medio trabajados, medio discutidos, medio definidos, pero en todo caso siempre pospuestos. |
| Los días 29 y 30 de septiembre pasados se celebró en Brasilia, la I Cumbre Presidencial de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN). Las conclusiones tienen el sabor agridulce que dejan los asuntos casi siempre medio trabajados, medio discutidos, medio definidos, pero en todo caso siempre pospuestos.
Los resultados de este evento no fueron excepcionales. Con ello, la CSN con sus dificultades internas, presenta obstáculos sobre aspectos de integración a los que precisamente está llamada a ser factor de solución.
Se trata de una profunda contradicción. El no presentarse como una instancia eficaz, hace que se erosione su credibilidad. De allí que varios titulares de prensa señalaran el peligro de “naufragio” que tuvo la cumbre. Veamos aspectos que son medulares.
Surgida con el acuerdo de los presidentes sudamericanos el 9 de diciembre de 2004 en Cuzco, la Comunidad Sudamericana de Naciones se plantea como un paso, que indiscutiblemente se encuentra en la dirección correcta. Que desde un inicio asistieran los presidentes de las naciones -a pesar de algunas ausencias- hacía pensar que la región quizá esta vez, podía superar esfuerzos anteriores que no han dado los resultados esperados.
Esos fueron los casos del Sistema Económico Latinoamericano, la Asociación Latinoamericana de Integración, la Asociación Latinoamericana de Energía, el Parlamento Andino, el Parlamento Amazónico, el Convenio Andrés Bello. Son opacas entidades.
Casi nadie sabe de sus funciones, mucho menos de sus resultados. La existencia cuasi-clandestina que llevan, surgida de su falta de presencia en los debates y problemática regional, contribuye al recelo generalizado que existe hacia la creación de instancias internacionales. Se percibe en ello burocracia: tan costosa como ineficiente.
Ese aspecto es importante para comprender como acertada, la posición inicial de quien fuera protagonista clave de la Cumbre, el presidente venezolano Hugo Chávez. El mandatario insistió en que los acuerdos debían concluir en programas específicos de trabajo. Era el resonar de que los presidentes andan de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo. Eso fue correcto.
Pero lo poco alentador de la posición de Chávez y en general del contenido de la agenda venezolana, estuvo caracterizada por tres elementos.
En primer lugar, el oponerse a que la Comunidad se apoye en las ya existentes organizaciones: la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Chávez discrepando de sus otros colegas, se inclina por una “entidad propia”. Promete financiamiento para ello.
No se generó consenso. El temor no sólo es más burocracia y descoordinación. Se percibe como riesgo, que la influencia de la inundación de petrodólares que respalda al militar venezolano, le proporcione un papel determinante y excluyente respecto a otras naciones.
Un segundo aspecto, el querer hacer prevalecer “lo social y político” como ejes directrices “únicos” de la Comunidad. Chávez reitera, como lo ha hecho casi obsesivamente, que darle prioridad a los temas económicos es “caer en la trampa del neoliberalismo”.
Se trata de una audaz y magistral muestra de ignorancia económica. En Latinoamérica donde el 44% de la población, unos 220 millones de personas viven en condiciones de pobreza, y dentro de ello 19% (97 millones de personas) viven en la indigencia, nadie puede negar lo indispensable de lo social.
Pero el dinero no surge sólo de los precios especulativamente altos del petróleo. Eso es en Venezuela, una nación excepcional por ese recurso. La riqueza debe generarse con esfuerzo, instituciones eficaces, competitividad, empleo productivo e inversiones. Chávez quizá nunca comprenderá que el neoliberalismo es sólo una corriente en la economía; que lo neoliberal es a la economía, lo que la astrología y la lectura de cartas es a la física espacial y la astronomía.
Una tercera posición lamentable del gobierno venezolano: “que no se realicen nuevas cumbres hasta definir claramente el tipo de integración que se desea”. En un mundo ideal sería recomendable, pero lo que requiere la compleja realidad latinoamericana son resultados inmediatos en la integración. Hacer que las poblaciones sientan los beneficios directos de la política. Se demanda algo más operativo que retórico.
En resumen se firmó “el acuerdo”. Lo substancial: que se posterga la definición de la integración durante 90 días.
“Mucho ruido y pocas nueces”, decía un ciudadano argentino. Así es. Mientras las discusiones sean retóricas, mientras las declaraciones altisonantes sean más poemas que planes de acción, la integración seguirá empantanada. Lo que se requiere son ideas concretas, consenso, programas de trabajo, control de calidad y resultados. Algo que sigue ausente en el contenido de la integración latinoamericana.-r Por Giovanni E. Reyes mailto:giovr@yahoo.com Publicado Sábado, Octubre 22, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |