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| Una de las principales preocupaciones y responsabilidades de un padre es marcar límites a sus hijos. La mayoría lo hace apelando a la palabra "No": "no toques esto"; "no hagas aquello"; "no digas tal cosa"; etc. Pero este método no siempre funciona. Basta decirle "No" a un niño pequeño cuando está a punto de meterse en problemas para que termine haciéndolo! Ante la desobediencia, muchos padres se alteran y optan por reforzar ese no. |
| Una de las principales preocupaciones y responsabilidades de un padre es marcar límites a sus hijos. La mayoría lo hace apelando a la palabra "No": "no toques esto"; "no hagas aquello"; "no digas tal cosa"; etc. Pero este método no siempre funciona. Basta decirle "No" a un niño pequeño cuando está a punto de meterse en problemas para que termine haciéndolo! Ante la desobediencia, muchos padres se alteran y optan por reforzar ese no. Por ejemplo, gritan a su hijo: "¿No escuchaste que te dije que NO lo hicieras?" Sucede que los niños pequeños no reaccionan ante la palabra "No" (y ante muchas otras) como nosotros deseamos que lo hagan: deteniéndose, apartándose de algún lugar, o abandonando cierta idea. "No" es un concepto abstracto, que se opone directamente a una tendencia natural en la niñez: explorar el entorno. Ante el "No", los niños enfrentan un serio dilema a nivel inconsciente: obedecer a sus padres, o a su impulso natural de exploración y experimentación. Como padres,! en lugar de alterarnos cuando nuestros hijos desobedecen nuestros "No", deberíamos entender que esa "desobediencia" es parte de su desarrollo. Esto no justifica no ponerles límites y dejar que hagan lo que les plazca, sino apelar a otras formas de marcar límites. Aquello que queremos trasmitirles a través del "No", podemos comunicarlo con métodos más positivos. A medida que un niño crece va comprendiendo mejor el lenguaje, puede razonar ante una situación y entender la diferencia entre algo deseable y algo indeseable, algo bueno y algo malo. Se calcula que un niño alcanza esta madurez a la edad de seis años. Pero hasta entonces, es mucho más efectivo demostrar con actos, que advertir o prohibir con palabras. Entre estos actos, uno muy efectivo es la re-dirección. Por ejemplo, si nuestro hijo sube a un armario y tememos que pueda caerse o romper algo no le gritemos "No" sentados cómodos en un sofá. Tomémonos la molestia de ponernos de pie y conduzcámoslo hacia otro lugar. Re! direccionando su atención hacia otra parte, otro estímulo, u otra cosa que pueda interesarle, podemos alejarle del peligro, o enseñarle que algo no se hace. Es mejor mostrarle algo que pueda hacer, que insistir en aquello que no puede hacer. También, en lugar de decirle "No" para que deje de hacer algo, podemos buscar la manera de involucrarle en la decisión de dejar de hacerlo. Por ejemplo, si deseamos que no diga malas palabras, propongámosle otras palabras que signifiquen lo mismo y ofrezcámosle que elija la que más le guste. Esto le permitirá sentir algo de autonomía y poder personal. Con un niño como con un adulto siempre resultan más persuasivas las opciones que las órdenes. Por lo tanto, en lugar de decirle a nuestro hijo "deja de jugar y ayúdame con la mesa", podemos decirle ¿prefieres ordenar tus juguetes ahora, o después de ayudarme a poner la mesa? De la misma manera, en lugar de decirle "No" si pide ser alzado, podemos preguntarle: ¿Prefieres ir alzado y cargar m! i bolso, o ir caminando sin cargar nada? Otra alternativa para apelar menos al "No", es modificar el ambiente donde se mueve nuestro hijo. Adaptemos nuestra casa de modo que el niño no se enfrente a objetos "intocables", o a situaciones peligrosas frecuentemente. Comprendamos que si hay algo llamativo, él querrá tocarlo. Evitémosle la tentación! La seguridad es una de las cuestiones que más nos preocupa como padres cuando tenemos niños pequeños. Procuremos mantenerlos seguros sin permitir que nuestros miedos los desalienten, o aterroricen. En este sentido, la supervisión es una efectiva medida alternativa al "No". Usted seguramente le dice a su hijo que no cruce la calle y le advierte acerca de los peligros pero de todos modos no le deja solo en la puerta de su casa, o jugando en la vereda. No lo hace porque sabe que él no puede cuidarse solo, que aún necesita su supervisión. Para reforzar la relación entre un "No" y un peligro, reservemos el "No" para situaciones realmente ! importantes, que involucren un riesgo. Si bien no queremos que toquen ciertos papeles, saquen libros del estante, o coman golosinas antes de la cena, esas no son situaciones cruciales. Mucho más importante es que no toquen una estufa encendida, un enchufe, o una caja de medicamentos. Mientras más utilicemos el "No", menos efectivo resultará. Los niños prefieren recibir atención negativa a no recibir atención alguna, por lo que muchas veces se involucran en una conducta incorrecta, prohibida o peligrosa, sólo por obtener una reacción de parte nuestra. Si nuestro hijo nos ve indiferentes, es probable que haga algo incorrecto para "despertarnos". Nos está diciendo "aquí estoy" Por lo tanto, prestemos atención a aquello que hace, nos muestra, o dice. A su vez, si vemos que intenta llamar la atención "por las malas", ignorémosle (salvo que esa situación sea grave, o implique un peligro para el niño). De esta forma, buscará otra cosa para ganar nuestra atención y entonces probable! mente se oriente hacia una conducta positiva. Por último, tengamos presente que los niños aprenden imitando a sus padres. Si nuestro hijo nos ve tomando una píldora, puede pensar que es un caramelo y decidir tomarse una. Si encendemos un cigarrillo delante de él, seguramente el encendedor llamará su atención y desee jugar con él. Tengamos muy en cuenta qué hacemos frente a nuestros hijos y evitemos hacer cosas que no deseamos que ellos repitan. Recordemos lo siguiente: una excelente forma de evitar decirles "No", es no mostrarles un "Sí" con nuestro ejemplo. Modifiquemos nuestra expectativa de tener hijos que obedezcan todas las órdenes. En lugar de intentar controlarles, procuremos guiarles, alejándoles de las conductas inapropiadas o peligrosas y acercándoles utilizando diferentes recursos a aquellas correctas, deseables y seguras. Si educamos a nuestros hijos a través del "No", estaremos fomentando en ellos sentimientos que inhiben su autonomía y les restan seguridad, com! o la duda, la vergüenza, la culpa y el miedo. En cambio, si apelamos a formas positivas de marcar límites, estaremos brindándoles una educación más constructiva, que contribuirá directamente con el fortalecimiento de su autoestima, su independencia y su capacidad para tomar decisiones.
Por Eccio Leon R mailto:cedros@hcb23.com Publicado Jueves, Noviembre 3, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |