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| Hace años un cura amigo me contó este chiste:"Manolo, el tipo más bruto que pueda existir, llama por teléfono a la santería del pueblo y pregunta: "Óigame usted, buen hombre, ¿tiene cruces marca INRI?". Y el gallego que lo atiende contesta: "¡Si! ¿Usted las quiere con el atleta, o sin el atleta?" |
| Hace años un cura amigo me contó este chiste:
"Manolo, el tipo más bruto que pueda existir, llama por teléfono a la santería del pueblo y pregunta: "Óigame usted, buen hombre, ¿tiene cruces marca INRI?". Y el gallego que lo atiende contesta: "¡Si! ¿Usted las quiere con el atleta, o sin el atleta?".
Lo que reflexionábamos con el sacerdote es si puede haber gente en el mundo occidental que no sepa quién fue Cristo. Pareciera que no. Pero yo dudo que todos recuerden sus enseñanzas en la mesa de Nochebuena.
Sin embargo, de lo que nadie se olvida y es más, un mes antes del 24 de diciembre ya algunas madres lo están planificando, es qué se va a comer en las fiestas. Hasta es motivo de conferencia familiar de algún domingo de fines de noviembre, especialmente en los hogares en los que en vez de un árbol, tienen un bosque genealógico.
Deliberando, siempre aparece la que quiere ser original y pide que este año se sirva algún plato de cebollas a la naranja, porque lo probó en algún lugar donde los mozos atienden con turbante. En el extremo opuesto está el tradicionalista, el que se niega a cambiar su ensalada rusa con "matambre ", ese al que hasta una mayonesa de atún le parece una violación a las costumbres. La abuela previsora argumenta que ya deberían haber encargado el pavo, el lechón y el peceto, porque unos días antes de las fiestas ya las carnicerías vendieron hasta el loro. Es aquí cuando reacciona el dueño de la casa donde se hará la bacanal porque se resiste a estrenar el verano parado diez horas frente a Porky estaqueado sobre el fuego. Finalmente se arma una comida única en el que cada grupo traerá algo que será compartido con los demás. Y es ahí cuando cada uno comienza evaluar si lo que se comprometió a llevar es más caro que lo que le toca al otro, e inesperadamente decide cambiar el menú.
Así es que en la cena en cuestión nuestro paladar inaugura una insospechada lujuria en la que mezcla el vitel toné con salpicón de ave, ensalada de manzanas y nueces, rollitos de pescado con salta de soya, carne vacuna a la ciruela, pollo asado con almendras y piñones, solomillo de cerdo a la miel y conejo a la mostaza. Todo esto rociado con vinos de distintos colores, con o sin burbujitas. Y de todo hay que servirse porque si no el que lo cocinó se ofende. A los postres, una sumatoria de turrones, cremas heladas y frutas secas aparecerán acompañadas por chorros de sidra, champagne y ananá-fizz.
Finalmente llega el día después y por 48 horas amanecemos diez años más viejos y nos movemos como si viniéramos de jugar contra la selección de rugby de Nueva Zelanda. Solo hablamos de gastroenteritis aguda, inflamación intestinal y contamos que estamos usando el baño de dormitorio. Eso sí, nos juramos que el año siguiente vamos a festejar con churrasquito y ensalada. Y si mi amigo estuviera nos preguntaría sabiamente irónico: "¿con el atleta o sin el atleta?".
Datos del autor en www.luisbuero.com.ar
Por Luis Buero mailto:luisbuero@tutopia.com Publicado Jueves, Diciembre 1, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |