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¿Dónde pasás las fiestas?
Por Luis Buero

Esa es la pregunta que todo el mundo te hará próximamente, y esconde más de un significado. El primero es aquel que indica que para las fiestas debés estar con alguien en algún lugar específico donde se reunan familiares. Ni se te ocurra decir “sólo, tranquilo en mi departamento” porque te van a mirar como si fueras un esquimal rubio. ¿Por qué? Pues, se ha escrito hasta el cansancio que el hombre es un ser social y que necesita agruparse para aminorar sus miedos básicos, es obvio pues que el que se lleva bien con su soledad en estos días será visto como un anacoreta poco confiable.


Esa es la pregunta que todo el mundo te hará próximamente, y esconde más de un significado. El primero es aquel que indica que para las fiestas debés estar con alguien en algún lugar específico donde se reunan familiares. Ni se te ocurra decir “sólo, tranquilo en mi departamento” porque te van a mirar como si fueras un esquimal rubio. ¿Por qué? Pues, se ha escrito hasta el cansancio que el hombre es un ser social y que necesita agruparse para aminorar sus miedos básicos, es obvio pues que el que se lleva bien con su soledad en estos días será visto como un anacoreta poco confiable.

Pero hay otro mensaje implícito en la frase dónde la pasás, que pareciera referirse a un suceder inevitable, como si se tratara de la convalecencia propia de la escarlatina o de la gripe aviar. Y es porque estamos obligados a sentirnos felices, pues así se ha bautizado a las fiestas.

Por eso algunas personas ruegan no quedarse sin pareja ni que nadie querido se enferme en estas fechas. Las cirugías mayores y los despidos se postergan para después del cinco de enero. Y alguna psicóloga mediática aconseja no hacer los famosos balances de fin de año. Que nada nos impida sentir la felicidad que corresponde.

Sin embargo si estás divorciado tendrás que negociar en qué momento ver a tus hijos, los cuales andarán de gira en los distintos espacios en los que se diversificó su vida. Y al revés, no podrás evitar encontrarte con aquellas personas que trataste sabiamente de eludir durante los otros 350 días. A saber: esa cuñada que te quiere menos que Hillary Clinton a Mónica Lewinsky, ese primo desubicado que le tiene ganas a tu mujer y le clava los ojos como mendigo a la vidriera del restaurante, el tío que cuando se bebió todo Mendoza y San Juan quiere empujar a todo el mundo a la piscina, el abuelo que se quita la dentadura postiza para comer los turrones y la sumerge en el vaso con soda, y el yerno que compite con el vecino para ver quien tira la cañita voladora más potente, se ha compra un misil tierra-aire y te deja sin oídos por una quincena. Pero lo peor es que quienes sufren el síndrome Campanelli y quieren invitar hasta la maestra de primer grado necesitan elegir para reunirse una casa con fondo y varias habitaciones. ¿Y a cuál irán? Nombres de localidades como Marcos Paz, Los Cardales, La Reja, empiezan a barajar los otros delante de tus ojos asombrados, mientras tratás de recordar si tenés actualizado el pasaporte, porque el kilómetro cero está en el Congreso y de ahí en más todo te parece la inmensidad. ¿Cómo llegar con el auto descompuesto en el taller, justo en esas horas en las que los colectivos y taxis desaparecen de la faz de la Tierra?

Pero bueno, el milagro ocurre y finalmente nos reunimos, como siempre, imaginando las excusas que diremos el año que viene para no volver a ese sitio, y sabiendo al mismo tiempo, que llegada la fecha, no las vamos a usar.

www.luisbuero.com.ar

Por Luis Buero
mailto:luisbuero@tutopia.com
Publicado Jueves, Diciembre 8, 2005


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