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| Los profesores de mi facultad se mofan irónicamente de la ínfima calidad de la literatura y de la filosofía contemporánea, y he de decir que hasta que no me he plantado en una gran librería recién inaugurada de mi ciudad, no he comprendido la veracidad y la magnitud del problema. Después de haberla escudriñado minuciosamente y visualizado en su totalidad, me persuado plenamente de ello. |
| Los profesores de mi facultad se mofan irónicamente de la ínfima calidad de la literatura y de la filosofía contemporánea, y he de decir que hasta que no me he plantado en una gran librería recién inaugurada de mi ciudad, no he comprendido la veracidad y la magnitud del problema. Después de haberla escudriñado minuciosamente y visualizado en su totalidad, me persuado plenamente de ello.
Actualmente permanece en vigencia la majadería de plasmar en páginas y páginas las hazañas épicas de unos caballeros templarios, las abundantes sectas existentes, los incontables secretos eclesiásticos o los asuntos ocultos jamás desvelados. Lo peor de todo es que hay gente dispuesta a leerlas. Siempre hallaremos al típico listillo de turno que profiera: "Esos libros son los más vendidos y por tanto los mejores" Una vez más, he de convencerme de que la masa nunca se encuentra en posesión de la verdad. Que algo sea popular denota, en la mayoría de los casos, la estupidez que encierra. Platón acertaba en decir que si la masa opinaba que algo era positivo, habíamos de desconfiar inmediatamente y empezar a creer que era negativo, o viceversa.
Un caso peculiar de literatura basura lo constituyen los "manuales de autoayuda". Esos libros con letra para ciegos y con ilustraciones para infantes intentan que sus víctimas alcancen la felicidad, superen la depresión, sepan vivir en pareja o afronten sus problemas, entre otras muchas fatuas cosas. No sólo hay libros, sino también una cantidad ingente de revistas, con extensas y variadas secciones de consultas psicológicas. El leer dichas consultas, bajo títulos como "mi novio me ha dejado" o "no sé qué hacer, tengo depresión" acarrea al instante una carcajada incontrolable.
Otro caso digno de mención es el de aquellos que se autodenominan filósofos por el mero hecho de redactar un par de cuentos con moralejas; y la absurda moda de embriagarse con libros místicos, budistas, zen, y un sinfín de pintorescos epígrafes, tan prolíficos en las librerías. Ya teníamos bastante con el cristianismo como para que ahora nos invadan con paparruchas orientales iluminatorias.
En fin, así queda afirmado que lo novedoso es atrayente. Vivimos un momento de verdadera decadencia filosófica literaria, en la cual imperan, en este mundo de ciegos, unos cuantos tuertos. Por Aitor Pindado
Publicado Jueves, Diciembre 8, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |