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| Historia suele constituir para la inmensa mayoría del alumnado una tedia asignatura que se acoge con monotonía y desgana, principalmente debido a que páginas y páginas han de ser almacenadas por la memoria para posteriormente recitar sin ton ni son. |
| Historia suele constituir para la inmensa mayoría del alumnado una tedia asignatura que se acoge con monotonía y desgana, principalmente debido a que páginas y páginas han de ser almacenadas por la memoria para posteriormente recitar sin ton ni son. Yo era uno de los muchos que pensaba que dicha materia carecía de valor; nuestro contacto más reciente fue en el último curso de la ESO, ya que en el primer curso de bachillerato no se imparte, dejándome un sabor agridulce.
Sin embargo, en segundo de bachillerato, se alteró radicalmente mi percepción sobre esta asignatura, básicamente, gracias a una persona, alguien mucho más que un profesor.
Ahora sé, como él dijo, que "hemos de aprender de la historia para no cometer los errores del pasado". Una vez iniciado el curso, los profesores debían presentarse al alumnado con su asignatura y correspondiente temario. Xose Estévez accedió al aula. Instantáneamente, en mi cabeza se forjó una primera impresión: "Impone, éste hombre debe de ser muy riguroso, seguro".
Después de explicar cómo estarían estructuradas sus clases y exámenes, se tejió otra idea en mi interior: "Habrá que estudiar duro para aprobar". Nada más lejos de la realidad. Hoy en día no dudo en afirmar que la primera impresión casi siempre resulta ser la equivocada.
Comenzadas las clases, el interés que adquiría por ellas iba aumentando paulatinamente. No sólo aprendía el transcurso de las guerras carlistas o la desamortización de Mendizábal, aprendía mucho más que acontecimientos pasados. Xose ornamentaba sus lecciones con apuntes históricos pintorescos, anécdotas curiosas, conocimientos sobre tan variopintos temas como el arte, la filosofía, la agricultura, la medicina, la política, la actualidad, la arquitectura, la organización del ejército, y un largo etcétera.
Quizás lo que más me agradaba era que compartiese sus vivencias personales; debido a su gran experiencia, he tenido la oportunidad de escuchar testimonios de la posguerra, de cómo funcionaba España durante la dictadura franquista y las escuelas en la década de los cuarenta, de cuáles eran los pormenores del servicio militar obligatorio. Todo ello tintado con su peculiar estilo de narración. Asimismo, una faceta que admiro de Xose es que expone sus ideas clara y abiertamente, al contrario que otros profesores, los cuales prefieren mantener en silencio sus pareceres. Se esforzaba para que sus alumnos pensasen por sí mismos y mantuviesen una actitud crítica frente a lo que les rodea, para que no permitiesen pasar de largo las incontables injusticias que padece el mundo. Las citas que recuerdo con mayor cariño son verdades como puños, del tipo "En este país se hace más caso a lo que diga un papa natas que a lo que digan cinco intelectuales"; "Muchos universitarios salen de la facultad como auténticos analfabetos funcionales, ya que no se imparte una educación integral"; "La genialidad en un individuo es inútil y estéril si no existe empeño, esfuerzo y constancia". También me ha ayudado a seguir creyendo para continuar escribiendo estas pequeñas reflexiones.
Bien difícil es encontrar un profesor que produzca en un alumno una honda y permanente huella, en la actualidad no se valora tanto su trabajo, por ello me considero un afortunado por haberme topado con tamaña joya en mi último curso de bachillerato. Bien cierto es que innumerables alumnos no habrán tomado en consideración a Xose; y habrán dejado pasar a un hombre excepcional, no obstante, opino que lo que debemos tener en cuenta no es la cantidad de gente que se ha aburrido en sus clases, sino a aquellos alumnos que han sabido apreciar su gran talento y valía; a aquellos alumnos que les ha beneficiado de una manera indescriptible, a aquellos que han aprendido mucho más que historia; a pesar de que sean una mínima parte del alumnado. Ha cumplido con su misión como educador, ya que ha conseguido que unos pocos jamás le olviden, ha logrado que unos pocos, como yo, le consideren alguien mucho más que un profesor, le consideren un amigo. ¡Gracias!
Por Aitor Pindado
Publicado Jueves, Diciembre 8, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |