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| Un fotógrafo, estaba visitando las selvas de Amazona. Una mañana, mientras caminaba por una aldea, se le ocurrió prestar su cámara a los pobladores y ofrecerles que fotografíen aquello que "quisieran mostrar al mundo". Los aldeanos aprendieron rápidamente el uso de la cámara y comenzaron a fotografiar diferentes escenas de su vida. |
| Un fotógrafo, estaba visitando las selvas de Amazona. Una mañana, mientras caminaba por una aldea, se le ocurrió prestar su cámara a los pobladores y ofrecerles que fotografíen aquello que "quisieran mostrar al mundo". Los aldeanos aprendieron rápidamente el uso de la cámara y comenzaron a fotografiar diferentes escenas de su vida.
Cuando el fotógrafo reveló la película, notó que en todas las fotos se habían cortado los pies de las personas. Al principio, creyó que era un problema de enfoque. Después de todo, quienes habían sacado las fotos eran principiantes. Pero luego se enteró que para esa comunidad estar descalzo era señal de pobreza. Como todos lo estaban, quisieron esconder su pobreza cortando los pies. Aquello que no mostraron esas fotos reveló mucho más que aquello que sí mostraron.
¿Cuántas veces creemos conocer bien a alguien y descubrimos que no era como pensábamos? Nos decepcionamos y decimos: "Nunca hubiese esperado esto de fulano", o "Quién hubie!
Se pensado que mengano fuera así. " Esta decepción ocurre porque creemos que podemos conocer a otra persona con sólo mirarla, o escucharla y no es así.
Las personas no nos mostramos tal cual somos y eso nos dificulta conocernos unas a otras. Aquello que "dejamos ver" suele decir mucho menos que aquello que ocultamos. Como descubrió aquel fotógrafo, lo más revelador de una persona puede ser aquello que no revela de sí misma.
Por lo tanto, si comenzáramos a prestar atención a lo oculto en los demás, a lo no mostrado, seguramente aprenderíamos a conocer mejor a las personas. Como resultado, tendríamos mejores comunicaciones con ellas y construiríamos relaciones más sólidas.
Una forma práctica de reconocer lo no mostrado, es prestar atención al lenguaje no verbal de nuestros interlocutores. Las personas no sólo hablan a través de sus palabras, sino también de sus reacciones físicas. Pero como éstas generalmente son involuntarias, pocos toman conciencia de que integran su comunicación. Podemos comprender a otra persona y conocerla mejor, buscando ciertos "signos físicos" reveladores: si tiene las pupilas dilatadas; si se le contrae la garganta y cambia su voz; si parpadea rápidamente; si se sonroja; si se acelera su respiración; si desvía la mirada de la nuestra; etc.
Estas señales pueden indicarnos aquello que le enfada, le excita, le perturba, le genera ansiedad, o entusiasmo. Si estamos frente a una persona que usualmente se mueve y gesticula poco y de repente comienza a realizar movimientos más rápidos, intensos o frecuentes, o cambia de postura constantemente, es posible que estas conductas indiquen preocupación, incomodidad o inquietud de su parte.
Hay personas que, cuando están nerviosas, tienden a mover exageradamente las manos, otras a cruzarse de piernas continuamente y otras a petrificarse en sus asientos. Algunas hablan más de lo habitual, otras menos. Estas conductas pueden decirnos más acerca de sus sentimientos, intenciones e ideas, que el contenido verbal de su comunicación. Todas las señales que no forman parte de su comunicación voluntaria, pueden decirnos mucho acerca de alguien.
Otra herramienta que tenemos para descubrir aquello que no nos muestra directamente alguien en su comunicación, son sus preguntas. Normalmente, pensamos que una respuesta contiene más información que una pregunta. Por eso, se nos enseña a formular preguntas como medio para conocer a otra persona, u obtener información acerca de una situación. Sin embargo, las personas revelamos más a través de las preguntas que formulamos, que de las respuestas que damos.
Para aprender más acerca de alguien, no escuchemos tanto sus respuestas (a nuestras preguntas) como sus preguntas. Coloquemos a nuestro interlocutor en el rol de interrogador y permitámosle que nos formule muchas preguntas. Podemos lograr esto comentando algo que llame su atención, o que capte su interés y le lleve a desear saber más. Mientras más preguntas él formule, más aprenderemos de sus motivaciones, preocupaciones, o intereses. En cambio, si "tomamos el mando" de la conversación y formulamos nosotros las preguntas, no lograremos lo mismo. ¿Por qué? Porque nuestras preguntas estarán basadas en nuestro conocimiento, motivaciones y visión de la realidad. Sus preguntas revelarán los suyos y por lo tanto nos ayudarán a conocerle y a entenderle.
A través de estos diferentes recursos de comunicación, podemos revelar aquello que nuestros interlocutores no muestran directa, o explícitamente. Hagamos como aquel fotógrafo: procuremos ver los "pies descalzos" de los demás. Así, lograremos conocerles más profundamente y relacionarnos mejor con ellos. Por Eccio Leon R mailto:cedros@hcb23.com Publicado Martes, Diciembre 13, 2005 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |