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EL ZAPATERO.
Por Mercedes González

Es cierto que se puede vivir sin pies y sin piernas, pero nunca una persona a quien falten estas extremidades, podrá vivir feliz, porque siempre tendrá que depender de otras personas para que lo muevan, lo lleven o lo traigan al lugar deseado..


“Es cierto que se puede vivir sin pies y sin piernas, pero nunca una persona a quien falten estas extremidades, podrá vivir feliz, porque siempre tendrá que depender de otras personas para que lo muevan, lo lleven o lo traigan al lugar deseado.. Entonces, si esto es así, por qué la mayoría de las personas no cuidan sus pies? Y lo que es peor, le dan tan poco valor al zapatero que trabaja cubriéndolos para que puedan caminar mejor.

Esta profesión tan necesaria en nuestras vidas, no es valorada casi por nadie. Los zapatos se ven espectaculares en las vitrinas de las tiendas; hombres y mujeres, grandes y chicos los ven con vanidad y hasta con lujuria...pero nunca les interesa saber quién los hizo”.

Todo esto lo estaba pensando Samuel, sentado en su destartalada silla. Hoy era uno de esos días en que uno se levanta con el apellido Álvarez o con el moño alto, si es mujer.

Comenzó a trabajar en unos zapatos de mujer y en ese momento pasó un muchachón , le tiró una piedra chiquita y le gritó: - “Zapatero, lambe suela” – Se quedó sentado en la misma posición; tuvo que respirar hondo para poder contenerse y no pararse a estrangular el muchacho...pero de todos modos, él salió corriendo y no hubiera podido alcanzarlo.

Se paró un rato y agarrando su cabeza con las manos exclamó: - Creo que mi trabajo no es tan degradante, ¿ por qué los muchachos de este vecindario no me dejan en paz? No molesto a nadie, no pido, vivo solo, pero qué importa eso? - volvió a sentarse para continuar su trabajo.

Como eran las dos de la tarde, muchos muchachos cuando salían de la escuela para regresar a sus casas, pasaban por el frente de su puerta; siempre alguno le gritaba: “ Zapatero, lambe suela” o le tiraban algo. Ese día fueron tres los muchachos que le gritaron y lo molestaron.

El le habló al papá de uno de ellos y a su vecino, para que los corrigieran, pero siempre tenían la misma respuesta: - “No le hagas caso, son muy jóvenes” .

“No le hagas caso - murmuró Samuel - como si yo fuera de roca,, como si no tuviera bilirrubina en mi cuerpo” En fin, ya él se estaba desesperando porque no sabía qué hacer. El se sentía bien en sus dos habitaciones; en una tenía una cama y los materiales de su trabajo y en la otra podía cocinar, y una nevera para guardar sus alimentos..

No, no podía mudarse, ya tenía 10 años viviendo allí, la renta bien barata y los pagos cómodos para él... por qué tenía que mudarse?

Un día de esos que el diablo escoge para molestar a los infelices, uno de los muchachos le tiró una botella de vidrio; en realidad, la botella no le tocó su cuerpo, pero fue a caer a sus pies rompiéndose en pedazos.

El impacto asustó a Samuel y sin pensarlo dos veces cogió un pedazo de vidrio y se lo tiró al muchacho, que reía mientras le gritaba: “Zapatero, lambe suela”.

El vidrio hirió al muchacho en un hombro y éste, al verse ensangrentado, corrió a su casa para que lo auxiliaran, diciéndole a su madre como el zapatero lo había herido. Todo el vecindario se alarmó, todos corrieron adonde estaba el zapatero y éste tuvo que cerrar la puerta para que la turba no lo linchara. Vino la policía y se llevaron preso al pobre Samuel. Como no tenía dinero, no buscó abogado; además, pensó que no era necesario, por eso se fue confiando en la voluntad de Dios.

Después de pasar tres semanas en la prisión, le llevaron al juzgado; allí el juez le preguntó: - Ud. perdió la chaveta, verdad? Y no se dio cuenta que era un niño a quien Ud.. agredió.

Samuel cerró sus ojos y no respondió. Cansado el juez de preguntar y solo recibir silencio, le dijo a los guarias: - Llévenselo, vuelvan a traerlo otro día.

Así se hizo por dos veces más...pero a la tercera vez, el juez se enfureció y le dijo: - Ud. está loco, quiere sacarme de mis casillas con su silencio!.

Samuel, poniéndose de pié, le respondió: - Yo tengo 10 años soportando a los muchachos, grandes y chicos, en generaciones tras generaciones sin que un padre, o uno del vecindario me haya defendido, ni oído mis quejas; me han tirado piedras, agua y toda clase de basura y todo por ser zapatero....y Ud.. Señor Juez, no ha tenido la paciencia de soportar mi silencio y sólo he venido tres veces frente a Ud. ¿

Después que los del Jurado deliberaron, Samuel fue declarado inocente y los padres de los muchachos que lo molestaban serían multados por su indiferencia..

Por Mercedes González
mailto:mary_pili77@hotmail.com
Publicado Martes, Diciembre 27, 2005


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