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| Durante la era Fujimori, las torturas fueron empleadas como el más expeditivo método de la investigación. Hay una agente policial inválida de resultas, y mucha gente que no pudo resistirlas. Además de ellas, la otra “prueba” que empujaba a la desgracia a centenares de hombres y mujeres era la incriminación por parte de los supuestos “arrepentidos”. “Si das los nombres de diez terroristas, te ponemos en libertad. Si no, ya sabes lo que te espera.” |
| Leamos una información publicada en “La República” del sábado 5 de mayo del 2001:
Magistrados rechazan versión de Ibazeta Marino Sala de Derecho Público no ha liberado a terroristas
......."La Sala de Derecho Público ha liberado a dos personas inocentes, nunca va a liberar a un terrorista que ha sido juzgado dentro del debido proceso y existen pruebas de su culpabilidad", señalaron ayer las vocales integrantes de este tribunal, Elizabeth Mac Rae Thay, Jeannette Tello Gilardi y Elvira Alvarez Olazábal.
Las magistrados desmintieron de esta manera la información propalada por el presidente de la Sala de Terrorismo y candidato a Defensor del Pueblo, Marcos Ibazeta Marino, respecto a que este tribunal está liberando a terroristas.
La doctora Mac Rae, presidenta de la Sala de Derecho Público, indicó que las dos personas liberadas a que hace referencia el doctor Ibazeta no eran terroristas conforme otros tribunales habían establecido desde 1992, pese a lo cual se les mantenía en prisión. Indicó que ya en 1992 un tribunal había declarado que los hermanos gemelos Gerbert y Dynnik Ascencios Lindo fueron torturados para que se autoinculparan, en base a lo cual se les condenó a 10 años de prisión.
En abril del 2000 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado peruano violó los derechos humanos de los hermanos Ascencios Lindo, al ser juzgados sin el debido proceso por jueces sin rostro y sin valorar las torturas a que habían sido sometidos.
Luego, el 20 de noviembre, el padre de los jóvenes, planteó una acción de hábeas corpus para lograr su libertad, pero ésta fue rechazada por el ex juez de derecho público, Víctor Raúl Martínez Candela, de conocida sumisión al gobierno fujimontesinista. La causa fue evaluada durante varios meses, pese a que la ley de hábeas corpus establece un plazo de sólo un par de días. El 22 de marzo la Sala de Derecho Público resolvió a favor de los Hermanos Ascencios Lindo.”
La historia que transcribimos del periódico no es única, ni extraña, ni inconcebible en el Perú de hoy. De acuerdo con las diversas denuncias de los periódicos y de los organismos nacionales e internacionales, hay muchísimos casos similares. Lo raro es que éste tuvo un desenlace feliz.
Durante la era Fujimori, las torturas fueron empleadas como el más expeditivo método de la investigación. Hay una agente policial inválida de resultas, y mucha gente que no pudo resistirlas. Además de ellas, la otra “prueba” que empujaba a la desgracia a centenares de hombres y mujeres era la incriminación por parte de los supuestos “arrepentidos”. “Si das los nombres de diez terroristas, te ponemos en libertad. Si no, ya sabes lo que te espera.”
Entonces, el nombre de usted, lector, como el de aquél o el de cualquier vecino, pudieron haber aparecido en la mente de ese pobre hombre colgado, a quien una pandilla de bestias le estaba recordando que podían violarle a la mujer y matarle a los hijos. Y su palabra, a pesar de usted o de cualquiera de nosotros, era prueba plena en un estado policial con jueces enmascarados, abogados bajo amenaza de muerte y audiencias que no duran más de una hora.
Se practicaba en el Perú de Fujimori y se practicaba en la Alemania nazi, en la Rusia de Stalin, en el Tribunal de la Santa Inquisición. Durante la Colonia, los limeños que deseaban ascender socialmente estaban al asecho de las costumbres higiénicas de sus amigos. Si advertían que uno de ellos se lavaba las manos antes de probar los alimentos, lo denunciaban como judío. En el Perú de la dictadura, plantar una prueba y armar un expediente era igual de sencillo. No nos olvidemos del señor al que desposeyeron de su empresa de televisión al “descubrir” que 20 años atrás había olvidado firmar un papel, y por lo tanto no era peruano sino judío.
Nada de esto es raro en una dictadura, pero sí lo es en un país que supuestamente está saliendo de ella. Cada hora en una de las infames cárceles peruanas es una hora de tortura infernal, y hoy mismo, a varios meses de la fuga del ingeniero Fujimori hacia Tokio, en el momento en que usted lee esta nota, hay más de un hombre o una mujer que, en la oscuridad de una celda helada e inmunda, se preguntan hasta cuándo podrán aguantar tanta desgracia.
El doctor Marco Ibazeta, que hoy “juzga” el caso Lori Berenson, es el desdichado remanente de una época que todavía no ha sido superada. Además de sus vociferaciones contra la Sala de Derecho Público, no hay momento en el juicio público contra la joven norteamericana en el que no haga gala de su perversidad, ya sea obligándola a escribir a una velocidad imposible, o tratándola como si ya hubiera sido condenada.
Todavía en el tiempo de la dictadura y como para probar su sujeción a ese régimen, Ibazeta hizo algo inconcebible en un magistrado: adelantó opinión de que era “irracional” el pedido de la joven cuando ésta acudió ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Obviamente, sus declaraciones estaban orientadas a conseguir un amigable guiño de ojos de Fujimori, de la misma forma en que ahora en el proceso Berenson ha estado ganando cámaras para ser electo Defensor del Pueblo.
No es raro, por consecuencia, que en uno de los famosos vladivideos, el Asesor y el militar encargado del Poder Judicial lo consideren como una persona de su confianza.
Lo que resulta extraño e incoherente con el camino hacia la democracia que sigue el Perú es que es que un hombre que adelantó opinión se convierta en juez de esa misma causa, y que luego la utilice para su propia propaganda.
Todos sabemos que Lori Berenson no fue condenada por una supuesta acción subversiva porque eso era imposible de ser probado en las escasas horas que estuvo ante los jueces encapuchados. Ahora es evidente que aquellos obedecían órdenes del presidente quien estaba furioso porque el embajador de Estados Unidos había revelado el negociado de los aviones comprados a Bielorrusia. Fue por eso que, en el mismo momento en que los encapuchados la condenaban, gente enviada por el régimen hacía pintas en la Vía Expresa contra “el imperialismo yanqui” y “los judíos”.
Por su parcialidad evidente, el Dr. Ibazeta ha sido recusado, y fuera o no aceptado ese recurso, pienso que haría bien en inhibirse por su propia voluntad y por decencia. Si lo hace por la Defensoría del Pueblo –el más alto puesto de defensa de los Derechos Humanos- ya no vale la pena. El Congreso del Perú no lo ha considerado digno para el puesto. Por Eduardo González Viaña mailto:gonzale@wou.edu Publicado Sábado, Mayo 19, 2001 Escribe artículos en esta revista, si deseas publicar algún texto acorde con los temas de esta web envíalo que con gusto le publicaremos. Si deseas convertirte en editor o co-autor de esta revista infórmate aquí. |