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Urs Dräger
El agua gotea por las hojas de los helechos; una neblina inunda el aire; el suelo limoso es resbaladizo. Este es el bosque nublado de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Minas, donde vive el quetzal: pájaro nacional de Guatemala, muy venerado aunque muy amenazado.
“He visto quetzales aquí antes” dice el director de la reserva, César Tot, señalando un enorme roble a través de la neblina. “Pero hoy no veremos los pájaros tímidos, se esconden de la lluvia.”
Incluso cuando hace buen tiempo, el quetzal (Pharomachrus mocino) es cada vez menos visible. Su hábitat natural está siendo destruido por la tala de árboles, la ganadería, los incendios forestales y el desarrollo agrícola. Si no se hace nada para proteger a las especies, pronto se encaminarán hacia su extinción; y sólo les quedará la moneda guatemalteca, el quetzal, para desplegar sus alas.
La Reserva de la Biosfera de Sierra de las Minas, protegida desde 1990, es el hábitat más grande que queda para el venerado “pájaro del paraíso” de los indios maya. También es uno de los mayores territorios continuos de bosque nublado en Centroamérica, abarca alrededor de 1.300 km², de los cuales el 65 por ciento es bosque virgen.
Además del quetzal, cientos de otras especies de aves, mamíferos, anfibios y reptiles viven aquí, incluido el tapir, el mono aullador, el jaguar y el águila harpía, que están en vías de extinción.
“Este bosque es el hogar del más diverso abanico de especies de Centroamérica” afirma Tot, que es indio q’eqchi y creció en la región. “Alberga más de las tres cuartas partes de toda la flora y la fauna de Guatemala y Belice, mucha de la cual es endémica”.
Pero no sólo las plantas y animales dependen del bosque nublado para su supervivencia, también la gente que vive en la parte baja de la Sierra, el valle del Motagua, una de las regiones más secas de Centroamérica.
Las condiciones de vida de esta gente dependen del agua que fluye en más de 30 arroyos que nacen en el bosque nublado. Para disfrutar de este recurso natural escaso, medio millón de personas, la mayoría agricultores, compiten con grandes usuarios industriales de agua, como Del Monte, Pepsi y Coca-Cola. A causa de esto, las aguas del valle del Motagua tienen menor caudal cada año, la capa freática se hunde cada vez más.
Demasiados incendios forestales
Los expertos creen que una de las causas de la disminución de abastecimiento de agua es su sobreexplotación por empresas y comunidades de la zona. Sin embargo, las raíces del problema son mucho más profundas, o “altas”. Incluso los nacientes, que borbotean intactos de la montaña, son más escasos cada año. Muchos culpan al uso indiscriminado de técnicas agrícolas de siega y quema que están destruyendo el bosque rápidamente.
“Menos bosque significa menos agua” afirma Óscar Núñez, director de Defensores de la Naturaleza, una organización nacional ambiental que administra la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Minas. “El suelo sin árboles no puede retener el agua de la lluvia y la presión aumenta en la Reserva”.
Tal presión es visible para un gran número de personas que a menudo llevan leña a sus pueblos, situados más abajo. Las mujeres transportan ramas enormes; los hombres llevan haces de leña en sus espaldas; incluso los niños arrastran todo lo que pueden hasta sus casas.
Y cada día, los aldeanos han de subir un poco más para encontrar madera. Es deprimente para Óscar Núñez. Sin embargo, las caravanas de transporte de madera no son su mayor preocupación. “Lo peor son los incendios forestales que la gente enciende expresamente para obtener nuevas zonas para plantar y pastar” afirma. “Las extensiones de bosque devastadas por el fuego donde los agricultores plantan maíz y café se agotan en sólo cinco años”.
El dinero fluye río arriba
Impulsado por la estrecha relación entre la disminución forestal y la de los recursos en agua, Núñez tuvo la idea de establecer un vínculo entre la utilización de agua río abajo y la protección del bosque nublado río arriba.
Como consecuencia de esto, Defensores de la Naturaleza y WWF Centroamérica se asociaron para crear el Fondo del Agua, o sea generar sustento económico para conservar el bosque arriba, mediante la contribución voluntaria que harían las compañías y comunidades río abajo, en compensación por utilizar el agua.
“Una vez que el dinero fluya río arriba, suficiente agua fluirá río abajo” afirma Melissa Edwards, ex oficial del Programa Agua Dulce de WWF Centroamérica.
La idea ha sido apoyada por la compañía mundial de Seguros Swiss Re, que en el 2003 otorgó su premio ReSource Award de 70.000 $ al proyecto, por una gestión sostenible de las aguas.
Empresa privada se apunta
Varios municipios ya se han interesado en apoyar al Fondo del Agua, incluido el alcalde de San Agustín Acasaguastlán, que es responsable de 22 pueblos vecinos.
“Nos gusta trabajar con Defensores de la Naturaleza” afirma el alcalde. “Con su ayuda podemos encontrar una solución a nuestros propios problemas. Por esto queremos contribuir con la iniciativa”.
Además de las comunidades, se espera involucrar a los mayores consumidores de agua: la industria y las empresas del Valle del Motagua. Parece que hay muchas posibilidades de que participen porque su recurso clave, el agua, se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso. La gran fábrica papelera, PAINSA, por ejemplo, ha manifestado su interés.
“El agua representa el 99.5 por ciento de la materia prima utilizada en la fabricación de papel”, indica el director de la fábrica, Rommel Najera. “Sin embargo, a menudo, hacia el final de la estación seca, en abril, el río Motagua está tan seco que tenemos que apagar una o dos de nuestras tres máquinas”.
A veces la situación es aún peor.
“En 1998, tuvimos que parar la producción completamente durante varios días porque no había más agua. Sencillamente, el río se secó”, indica Najera.
“Los responsables de la fábrica como Najera son muy conscientes de la importancia del agua”, afirma Melissa Edwards. “Entienden hasta qué punto es importante hacer algo. Pero no todas las empresas aceptan la idea de tener que pagar por el agua que siempre han sacado del río o de la capa freática gratuitamente”.
Defensores de la Naturaleza y WWF están en camino de aportar un incentivo a estas compañías para que participen con el Fondo del Agua. Se beneficiarán de los servicios del Centro Guatemalteco de Producción Más Limpia (CGP+L) que aconseja a las empresas sobre cómo fabricar sus mercancías de manera más eficiente, más ecológica, y finalmente, más barata. Una parte del dinero que se ahorre es para el Fondo del Agua.
Mejores condiciones de vida
Uno de los beneficiarios potenciales del Fondo del Agua es Carlos Álvarez, que es mestizo y vive en Albores, un pueblo situado en el centro de la Sierra de las Minas, y que asiente pensativamente con la cabeza, en respuesta a la pregunta de si estaría dispuesto a ayudar a conservar el bosque. Como la mayoría de los agricultores en Albores, está preparado para aportar su grano de arena.
“Es decir, si alguien nos ayuda y paga el trabajo adicional necesario”, bromea.
Los proyectos financiados por el Fondo del Agua, como la producción de café ecológico, podrían representar una fuente de ingresos necesitada urgentemente por los agricultores, que actualmente apenas viven del café, dado que su precio ha caído en picada en el mercado internacional.
Defensores de la Naturaleza también está buscando alternativas a la explotación del bosque nublado. Por ejemplo, la organización está aconsejando a los agricultores que cambien su método de cultivo por un método que respeta más el ambiente, llamado ‘agrosilvicultura’, que combina la silvicultura sostenible con la agricultura.
“Enseñamos a los agricultores que pueden subsistir, e incluso ganarse mejor la vida, sin tener que quemar partes del bosque” indica Núñez. “Es la mejor manera de proteger el bosque”.
Los conservacionistas quieren compensar a los agricultores por plantar árboles, aplicar la certificación forestal y enseñarles cómo combatir los incendios forestales, mediante el uso de los fondos recaudados para el agua.
Todas las medidas que se han de financiar con el proyecto Fondo del Agua ienen una cosa en común: no sólo protegen el bosque nublado, sino que además ofrecen a sus habitantes una fuente de ingresos adicional.
Lo necesitamos urgentemente ya que el destino del bosque nublado y su fauna y flora está intrínsecamente vinculado con el bienestar de los habitantes de la región. El pájaro quetzal sólo podrá sobrevivir cuando los aldeanos tengan unos cuantos billetes más de quetzal en sus bolsillos, y gracias a los fondos para el agua, las dos cosas tienen buenas perspectivas.
*Urs Dräger es un escritor independiente en Suiza.
Notas a los editores:
Reserva de la Biosfera de Sierra de las Minas
Situada en el sureste de Guatemala, la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Minas fue nombrada Reserva de la Biosfera de la UNESCO-MAB en 1992. Proteger la zona es particularmente importante ya que se estima que contiene el 60 por ciento del bosque nublado que queda en Guatemala. Debido a su aislamiento geográfico y a su amplia gama de altitudes, la reserva alberga al menos 885 especies de aves, mamíferos, anfibios y reptiles. Más de 17 especies distintas de bosque perenne son endémicas a la zona. La zona también es considerada como un recurso irremplazable de semillas para la reforestación y la agrosilvicultura por todo el trópico. Los responsables de la Reserva se han comprometido a llevar a cabo una educación ambiental para los líderes de las comunidades locales, muchos de los cuales son mayas q’eqchi. El objetivo es desanimar la actual ocupación del bosque y establecer actividades agrícolas sostenibles en su lugar.
Proyecto Fondo del Agua
Esta iniciativa se financia mediante contribuciones de los usuarios de agua y mediante los intereses de unos fondos de 5 millones de dólares de una fundación establecida por varias importantes organizaciones internacionales, incluido el Banco Mundial. Los fondos para el agua son gestionados por una fundación que integra un máximo de siete miembros, e incluye representantes de los mayores grupos de usuarios: industriales, agricultores, fábricas hidroeléctricas, y autoridades locales, así como organizaciones ambientales, como WWF y Defensores de la Naturaleza.
Para más información:
Carlos Morales
Oficial del Programa de Agua Dulce
WWF Centroamérica
Correo electrónico: cmorales@wwfca.org
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) pone a su disposición este reportaje para uso gratuito siempre que se cite la fuente y que se nos notifique sobre la publicación.
Para fotos contacte a: lsequeira@wwfca.org
Saludos cordiales,
Cinthya Flores Mora
Oficial de Comunicaciones WWF
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