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En un escenario como el que presenta África, con las distorsiones económicas
impuestas por la OMC a las políticas agrícolas, con las hambrunas, las
migraciones, las interminables guerras, las enfermedades, etc., la inclusión de
un ex presidente de México con largo historial genocida como Ernesto Zedillo, en
calidad de asesor en Desarrollo Global de la Fundación Gates, se vuelve la señal
más ominosa de esta nueva Revolución Verde.
Diez años después de la matanza de Acteal, perpetrada como parte de la guerra de
traiciones que Ernesto Zedillo emprendió contra las comunidades zapatistas, el
ex Presidente, miembro de las juntas directivas de Union Pacific (dueña de los
ferrocarriles privatizados durante su mandato), Procter&Gamble y Alcoa, es
nombrado asesor de la Fundación Bill & Melinda Gates en Desarrollo Global, uno
de los tres paneles de “expertos externos” que formó en aras de “buscar consejo
de voces externas… expertos con un amplio margen de experiencia y perspectivas
relevantes a los asuntos nodales de la fundación”. Patty Stonesifer, directora
ejecutiva, afirma: “Estamos honrados de que estos hombres y mujeres distinguidos
hayan accedido a ser nuestros socios críticos”.
Y uno de esos “asuntos nodales” es el proyecto AGRA (Alliance for a Green
Revolution in Africa) que la Fundación Gates lanza con la Fundación Rockefeller:
una alianza para instrumentar una nueva Revolución Verde como la que devastó las
tierras, los sistemas nativos de semillas, los ecosistemas y los saberes
tradicionales campesinos en América Latina y Asia (y que profundizó la vía
industrial de la agricultura y santificó los paquetes comerciales de semillas de
diseño y agrotóxicos, secuestrando la actividad agrícola en todas sus fases).
El proyecto continental anuncia desde la cúpula de fundaciones empresariales que
enfrentará el problema del hambre de 200 millones de personas (un tercio de la
población africana), mediante una inversión inicial de 150 millones de dólares
para “mejorar las semillas nativas” de los cuales Gates pondría cien millones y
Rockefeller el resto, para un programa con horizonte de 20 años. Mediante una de
las ONG que financia, africancrops.net, la Fundación Rockefeller canta así las
bondades de la Revolución Verde africana:
“La Revolución Verde original fue producto de la filantropía, mediante una
asociación negociada cuidadosamente con los gobiernos. Esta asociación comenzó
en México: después de buscar y recibir una invitación del gobierno mexicano, la
Fundación Rockefeller creo la Oficina de Estudios Especiales dentro del
Departamento de Agricultura mexicano [sic], que en principio contaba entre su
personal con científicos en la nómina de Rockefeller. Después se expandió a
Colombia, India, Paquistán, Filipinas y a más sitios en América latina y Asia.
[…] La Revolución Verde no fue sólo el triunfo de la ciencia sin límites, de la
largesse [generosidad infinita, dice el diccionario] occidental o el libre
comercio —tres de las soluciones favoritas que están a debate popular en África,
hoy.
Fue en parte un acto de filantropía, sumando expertos, gobiernos, y a fin de
cuentas a académicos y agricultores en una asociación cuidadosamente tejida para
que creciera geométrica y deliberadamente por muchos años […] Lograr una
Revolución Verde en África es un reto de muchos niveles. En su nivel más
fundamental, comienza con variedades mejoradas de cultivos con el fin de obtener
cosechas más vastas, diversas y confiables. Esto requiere no sólo de la
aplicación astuta de la ciencia sino del desarrollo de nuevas generaciones de
científicos agrícolas africanos entrenados.”
Suena muy mal
Como en la primera Revolución Verde, hay un menosprecio por la sabiduría
campesina africana. Hay la enorme estafa de presumir la aproximación científica
cuando lo que está en juego es el control absoluto del proceso por parte de las
empresas involucradas. De hecho, algo de lo más grave que ocurre con el
protagonismo Gates/Rockefeller en su “empresa de riesgo compartido” es que
desplaza a las ONG y a las comunidades al papel de maquiladoras. A los gobiernos
les asigna el papel de cuidadores de los nuevos territorios colonizados. Son las
fundaciones / empresas quienes dirigen la “transformación”.
Vía Campesina, y una alianza de más de 70 organizaciones sociales africanas
reunidas en el Foro Social Mundial de Nairobi cuestionaron profundamente a AGRA,
como también el Foro Nyeleni para la Soberanía Alimentaria en Mali, que rechazó
por completo el proyecto.
Si en las regiones que sufrieron la primera Revolución Verde, la devastación fue
enorme, en África, con las distorsiones económicas impuestas por la OMC a las
políticas agrícolas, con las tremendas hambrunas, la inimaginable migración, las
interminables e invisibles guerras, las enfermedades, la desatención del mundo y
el desgajamiento de los sistemas sociales y por ende agrícolas, la catástrofe
puede no tener precedentes.
La inclusión de un ex presidente con largo historial genocida como Ernesto
Zedillo, en calidad de asesor de la Fundación Gates, se vuelve la señal más
ominosa de esta nueva Revolución Verde.
Las más graves hambrunas y epidemias apocalípticas derivan de las guerras, que
en realidad esconden un activo mecanismo de las grandes corporaciones para
desarticular la vida cotidiana de millones de personas, establecer un clima
perenne de privación, zozobra, fragilidad, muerte y terror con tal de expoliar
hasta las últimas costras de lodo de territorios ricos en recursos naturales,
como en Etiopía, Somalia, Ruanda. Está muy documentado que la supuesta “guerra
civil” en la República Democrática del Congo (RDC) que cuesta ya más de 4
millones de muertos en diez años (es la guerra más letal de la actualidad), la
emprendieron Ruanda y Uganda en territorio congoleño para saquear sus abundantes
reservas de diamantes, oro, cobalto, casiterita y coltán (columbita-tantalita)
de la que se extrae tantalio, un súper conductor que soporta altas temperaturas
y se utiliza en fibra óptica, microchips, computadoras portátiles y baterías
para los más de mil millones teléfonos móviles a nivel mundial. Adivinen quiénes
son las promotoras y beneficiarias directas o indirectas de esta masacre
generalizada.
En un escenario así, la inclusión de un ex presidente de México con largo
historial genocida como Ernesto Zedillo, en calidad de asesor en Desarrollo
Global de la Fundación Gates, punta de lanza de la “salvación” de África e
“indirectamente” beneficiaria de sus guerras sin cuartel, se vuelve la señal más
ominosa de esta nueva Revolución Verde. Los cientos de asesinados con su
anuencia o su orden en Aguas Blancas y El Charco en Guerrero, y Nixtalucum,
Sabanilla, Tila, Tumbalá, Salto de Agua, varias zonas de Chenalhó incluido
Acteal, Unión Progreso y Chavajeval, en Chiapas, comenzarán a danzar con los
millones de fantasmas del África, conforme este sujeto asesore más “proyectos
desarrollistas” en esta nueva privatización: la de la guerra de baja intensidad
que hoy las grandes empresas deciden emprender directamente, dándole la razón a
Joseph Conrad cuando escribió en 1902, en El corazón de las tinieblas, que en
África lo terrible de la voracidad de los extranjeros los llevaba, “con tal de
saquear, a la jugada más vil que alguna vez haya desfigurado la historia de la
conciencia humana”. www.ecoportal.net
Por Ramón Vera Herrera
Coordinador editorial de Ojarasca.
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