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Un momento en el que la propia sexualidad es cuestionada y cualquier curso de
acción parece complicado.
Muchas personas heterosexuales tienen fantasías con individuos de su mismo sexo,
algunos inclusive han tenido encuentros en algún momento de sus vidas, sin que
esto signifique que son homosexuales.
Las fantasías sexuales acompañan el desarrollo de las personas y su crecimiento
en materia sexual. Estas cambian a medida que los seres evolucionan o, en el
mejor de los casos, las concretan abriendo la cabeza a un panorama de nuevas
experiencias. Así podemos separar a las fantasías en fases o períodos de tiempo
durante el cual una fantasía predomina en la mente del individuo. Pero cuando un
heterosexual comienza a fantasear con alguien de su mismo sexo, lo primero que
se pregunta es si será una etapa más, y pasará con el tiempo, o si algo estará
cambiando seriamente en su sexualidad. Pregunta para la que no hay respuesta
inmediata.
Para quienes están en pareja la situación es más complicada. Probablemente, sea
conflictivo revelar fantasías homosexuales a la otra parte. Lo más seguro es
buscar ayuda en un consejero (profesional en lo posible) que no tenga
conocimiento de los miembros involucrados. Es mejor hacer esto antes de tomar
una decisión respecto de las fantasías (confesarlas o cumplirlas), arriesgando
así lo menos posible a la pareja.
Por otra parte, puede que su novio o novia acepte concretar citas con otras
personas, y de esta manera se podría explorar la fantasía sin engañar a la otra
parte. En este caso, se debe tener en cuenta el riesgo de perder la pareja, ya
que se la está exponiendo a encuentros sexuales con otras personas.
Para la gran mayoría de las parejas, tener relaciones con una persona que no sea
el “compañero oficial” es considerado un acto de traición, al menos que a alguno
de sus miembros le resulte indiferente que su par se relacione con otros (de
cualquier sexo), sin consentimiento previo. Antes de hacer algo sin la
aprobación de su pareja, invierta los roles y pregúntese qué pasaría a la
inversa.
De todos modos, hay parejas que tienen una relación “sexualmente abierta” y
acuerdan que cada miembro puede salir o tener sexo con otros. Frecuentemente
invitan a otros individuos (o parejas) a tener relaciones con ellos, resultando
estos encuentros muy placenteros para los participantes. Pero si uno o más de
los individuos aceptan participar en dichas “travesuras” para dar gusto o
agradar a su otra parte (o aún peor, si es forzado o manipulado para tener
sexo), las consecuencias pueden ser muy dolorosas, tanto para los individuos
como para la pareja.
Autor: Juan Carlos Montero
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