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“Al pie de tus sillares, Salamanca
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas,
duerme el recuerdo.”
Miguel de Unamuno.
LA FUNCIÓN PRIMARIA DE LA UNIVERSIDAD
Los bienes pueden convertirse en males si no se sabe qué hacer con ellos, si
no se piensa adecuadamente sobre ellos. Uno de los títulos de honor de nuestro
tiempo es el acceso de grandes minorías, incluso de las mayorías, a zonas de la
vida histórica y de la cultura que antes estaban reservadas a muy pocos. En
todas partes, cada vez es mayor el número de estudiantes universitarios. ¿Cómo
no alegrarse de ello? En todo el mundo las cifras son elevadísimas si se las
pone al lado de las de hace poco decenios; la tendencia universal es la misma:
crecimiento acelerado. Y se ha dado por supuesto que esto es “normal” (y
deseable), hasta el punto, que la menor amenaza de descenso en el número de
estudiantes -por unas u otras causas- produce consternación.
Pero, además de que el mero crecimiento ilimitado responde a un pensamiento
inercial y abstracto, hay que preguntarse, si las estructuras universitarias
-profesores, bibliotecas, laboratorios- han crecido adecuadamente,
armónicamente. La limitación económica pone los frenos al crecimiento; pero no
deja de sorprendernos el orden de los gastos; con variaciones según los países,
se gasta sobre todo en administración, después en deportes, luego en edificios,
incluyendo los destinados a bibliotecas, más tarde -mucho más tarde en
ocasiones- en libros, en laboratorios, finalmente en profesores. Se construyen a
veces admirables bibliotecas... sin libros; se espera que un día llegarán; pero
tardan, quizá indefinidamente en muchos países. Probablemente habría que
alternar, no sé si invertir, las prioridades.
Sobre todo en los países de recursos limitados -y el nuestro lo es-, es esencial
volver a una forma de cultura que sepa conseguir un máximo de resultados con un
mínimo de recursos. Y hay que evitar toda beatería respecto a las formas que se
consideran “privilegiadas” de la cultura. Unamuno hablaba de la “inquisición
científica”; Ortega, más tarde, del “terrorismo de los laboratorios”; el
terrorismo actual es el de las estadísticas. Siempre nos amenazan con una
estadística; todos los libros de pretensión científica, están llenos de tablas
estadísticas; por lo general, no hay en ellos ni una sola idea; y las
estadísticas, cuya justificación casi siempre es problemática, muestran curiosas
incoherencias en cuanto se comparan.
Hay algo que se llama pensamiento. Es lo que el hombre hace para saber a qué
atenerse respecto a la realidad. La mera acumulación de datos no produce nunca
la comprensión de la realidad. Es menester pensar sobre ello, y la función
primaria, capital, de la Universidad es enseñar a pensar. La función de la
escuela es sobre todo enseñar a hablar (complementariamente a leer y escribir),
y con ello se consigue el estrato básico, elemental, del pensamiento, ya que la
lengua es la primera interpretación mental de la realidad. La función de la
Universidad, supuesto que se sepa hablar (y es un gran supuesto) y que se sepa
leer, y finalmente escribir, es enseñar a pensar con rigor, a distinguir lo
verdadero de lo falso, a dominar el mecanismo de la justificación, a entender de
tal manera, que cuando se entiende se sepa que no se entiende. No es fácil
entender, se entiende de verdad pocas veces. Hay muchas personas que no han
entendido nunca nada. Ni son capaces de distinguir entre entender y no entender,
entre lo seguro y lo problemático.
La función primaria -aunque no la única de la Universidad-, está amenazada a la
vez por el crecimiento y por la tentación utilitaria. El número de estudiantes
es enorme. Por otro lado, en España se han preferido siempre “las ciencias
útiles”, “prácticas”, es decir, la ciencia aplicada y lo demás se ha considerado
como mera especulación. Por eso no ha habido nunca una gran técnica creadora en
España, precisamente porque no ha habido ciencia desinteresada y puramente
teórica, de la cual nace en su momento la técnica.
El utilitarismo, que empezó por ser “científico”, es hoy más bien económico,
social, político. Se supone que es menester ocuparse de los problemas
apremiantes, urgentes, inmediatos, de las sociedades en que vivimos. Pero la
única manera de tratar realmente, eficazmente, con los problemas prácticos e
inmediatos es poseer los instrumentos intelectuales, conceptuales precisos,
agudos, rigurosos, comprobados.
Se dice que la Universidad tiene que ser la “conciencia crítica” de la sociedad.
La crítica es importante, pero lo primario y decisivo no es juzgar sino entender
y proyectar y alumbrar el futuro. El futuro no está dado, ni siquiera
germinalmente; no se trata de desarrollo, evolución. La realidad no está dada,
se alumbra, se crea (con las cosas). Y como dijo el poeta: “Lo que el
pensamiento hace / con pensar, es destruirse / para poder recrearse”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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