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“Yo estoy por la libertad sexual, compañero”, me dijo el presidente de
Venezuela Hugo Chávez Frías, cuando el pasado 10 de noviembre de 2007, visitó la
Universidad de Arte y Ciencias Sociales ARCIS, convocado a recibir un Doctorado
Honoris Causae en Ciencias Sociales y Políticas, otorgado por la progresista
casa de estudios superiores.
En medio de bronceados escoltas presidenciales y un sin número de periodistas
locales y extranjeros, tuve la histórica oportunidad de entablar una pequeña,
pero significativa conversación con el indómito líder de la revolución
bolivariana.
La conmoción internacional en ese minuto no era menor, la prensa arribó ardua e
inquisitiva buscando alguna reacción de Chávez frente a la inédita controversia
con Juan Carlos de Borbón en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado
acontecida en Santiago de Chile.
En medio de todos los Jefes de Gobiernos Iberoamericanos, transmitido en directo
por los canales de la televisión nacional e internacional, el Rey de España
olvidó que en Chile no existen majestades y ordenó a un impetuoso Hugo Chávez
guardar silencio sólo por decir una verdad indesmentible, que el ex presidente
de España, José María Aznar, es un fascista de tomo y lomo.
Sorpresivamente, el beato Rey de España ordenó silencio y mutismo presidencial
que, por cierto, Hugo Chávez, fiel a su estirpe independiente, jamás acató, ni
disimuló siquiera.
En pleno jaque al Rey, Hugo Chávez llegó radiante a UARCIS para recibir su
reconocimiento, siendo recibido por autoridades, académicos, estudiantes y
militantes de la izquierda criolla. Y ahí estaba yo, esperando con mi boina
estrellada tipo Che Guevara, solidarizando con el líder bolivariano y con los
pueblos originarios que resistieron la ocupación y el despojo del imperio
español.
Entonces, acercándome al presidente Chávez atiné a darle mis manos y decirle que
le llevaba un cariñoso saludo de los homosexuales, lesbianas y travestis
antifascistas de Chile que desean ¡¡¡MUERTE AL REY!!! En ese minuto y frente a
mi antimonárquico magnicidio, Hugo Chávez retrocedió sorprendido, señalando que
él deseaba vida para los pueblos latinoamericanos.
No conforme con sus diplomáticas palabras latinoamericanistas, insistí en la
muerte de las monarquías y le señalé que mis expresiones eran los deseos no sólo
míos, sino de El Che de los Gays.
Hugo Chávez sonrió frente a mi loca metáfora revolucionaria de un contemporáneo
Che Guevara homosexual, declarando su apoyo a la liberación sexual.
Por Victor Hugo Robles
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