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Todo estaba listo para el comienzo del fin del conflicto: una cara más amable
a punto de asumir el gobierno argentino, una pizca de flexibilidad uruguaya,
algún consenso y un español impelido por su Rey. Pero algo falló y la chimenea
de Botnia enturbia como nunca las relaciones rioplatenses.
La intransigencia ganó a los dos lados del Río de la Plata, y la mediación del
canciller español Miguel Ángel Moratinos nada pudo hacer. Casi al mismo tiempo
del abrazo de los presidentes Tabaré Vázquez, de Uruguay, y Néstor Kirchner, de
Argentina, se supo que la firma finlandesa Botnia tenía vía libre para poner en
funcionamiento su fábrica de celulosa.
Finalmente, la XVII Cumbre Iberoamericana, atrapada por problemas bilaterales,
transita desde su inauguración el jueves en Chile con el gusto a fracaso del rey
Juan Carlos de España en su intento por acercar a Montevideo y Buenos en su peor
disputa del último siglo, desatada por la instalación de la planta en la margen
oriental del limítrofe río Uruguay.
No hubo humo blanco en Santiago, como se había insinuado en octubre, y sí habrá
humo negro en el río Uruguay, al menos cuando se enciendan las calderas de la
fábrica de pulpa de papel.
A pesar de un acuerdo que se había ido plasmando en los últimos dos meses en un
borrador, Argentina volvió a exigir la reubicación de la fábrica Orión de Botnia,
y Uruguay trancó otra vez con su máxima de que con puentes bloqueados no
negocia, puesto que, si bien desgastados, vecinos del lado argentino del río
siguen cortando el tránsito hacia el principal puente binacional de los tres que
unen a ambos países.
Es el peor momento de un conflicto “que se sabía es de largo aliento por la
cantidad de actores implicados, los intereses que toca y porque la dialéctica de
las disputas entre países lleva a que el asunto pase a la agenda política local
y se involucren las sociedades, donde aparece el patriotismo y el orgullo
nacional”, comentó a IPS el uruguayo Romeo Pérez, especialista en asuntos
internacionales.
Para Pérez, director del universitario Centro Latinoamericano de Economía
Humana, Montevideo y Buenos Aires no pudieron pasar a la fase de “desescalada” y
el cambio de gobernante de un mismo partido en Argentina el 10 de diciembre
difícilmente logre pasar a una fase de distensión.
No sólo se volvió a la etapa de crispación. España dio un paso al costado y le
cobró la cuenta a Uruguay, según las palabras pronunciadas este viernes por el
canciller Moratinos.
España siempre está abierta a ayudar a “dos países hermanos y vecinos como
Uruguay y Argentina, y por lo tanto expresamos en cierta manera nuestra sorpresa
por esta decisión” de Montevideo de habilitar la entrada en funcionamiento de la
planta, “pero al mismo tiempo nuestra voluntad de estar siempre a disponibilidad
de las partes”, dijo Moratinos en rueda de prensa.
Kirchner ya se había adelantado a liberar al rey Juan Carlos de la carga que le
había puesto sobre la espalda un año atrás en Montevideo, en la anterior Cumbre
Iberoamericana. “Su Majestad, quiero pedirle disculpas porque en su momento le
pedí que facilitara, que mediara” en este conflicto, tarea que asumió “sin
reparar en los costos” políticos que podría acarrearle.
El mismo tono de apesadumbrado agradecimiento hacia España utilizó Vázquez.
“Coincido totalmente con las palabras del señor presidente de Argentina, en
cuanto a que el camino para solucionar nuestros problemas, nuestras
divergencias, es el diálogo, no hay otro”, añadió en evidente contradicción
entre discurso y hechos.
“Señor presidente de la querida hermana República Argentina, que ese río que nos
recorre de norte a sur, uniendo de este a oeste, nos atraiga a un abrazo
fraterno y prolongado entre los dos pueblos”, agregó. Antes de pedir también
excusas a sus pares iberoamericanos por haber puesto el conflicto bilateral en
medio de la agenda de la comunidad, Vázquez se manifestó convencido de llegar a
un acuerdo, “porque si no lo encontramos los gobiernos, los pueblos encontrarán
el camino del máximo acercamiento, pues con los argentinos más que vecinos somos
hermanos”.
Pero esos caminos parecen conducir sólo a La Haya, donde la Corte Internacional
de Justicia dirime la acusación presentada por Buenos Aires contra Montevideo
por la presunta violación del Estatuto del Río Uruguay con el argumento de que
el gobierno uruguayo no consultó a su par antes de dar el permiso a una fábrica
con potencial contaminador de las aguas de ese curso fluvial.
Sólo queda la tenue esperanza del cambio de mando en Argentina, de Kirchner a su
esposa, la presidenta electa Cristina Fernández. Aunque todo parece quedar en
familia, la todavía senadora ha dado alguna señal favorable a una solución, como
aceptar el hecho consumado de la presencia de la fábrica en la frontera. Pero,
claro, antes de la frustración de Santiago. Apenas días después de ser
investida, Fernández tiene marcada en su agenda una visita a Montevideo, para
asistir a la cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur), que integran ambos
países junto a Brasil y Paraguay, y con Venezuela en proceso de ingreso.
Pero el tiempo es escaso y las aguas bajan muy turbias del río Uruguay al Plata,
pese a que la planta de Botnia apenas calienta este viernes sus calderas.
Esa llama de esperanza fue alimentada por el jefe de Gabinete argentino, Alberto
Fernández, quien al parecer seguirá en el cargo en el próximo gobierno. “Cuando
empiece a funcionar Botnia vamos a verificar cuánto se altera el medio ambiente
en la región”, apuntó en declaraciones a una radioemisora de su país.
“No vamos a estar haciendo pericias en abstracto, sino verificando datos
reales”, explicó Alberto Fernández, tomando distancia de la férrea oposición a
la fábrica de parte de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, grupo de
esa oriental ciudad argentina ubicada a 22 kilómetros de Botnia, río de por
medio, que bloquea el paso a Uruguay.
“Es distinto el resultado del reclamo si se verifica el efecto contaminante o
no”, dijo Fernández, y aclaró que la protesta oficial de su país es por la
violación al tratado bilateral sobre la administración del río.
Fernández recordó a los asambleístas que “las protestas en la ruta no pueden ser
alternativa al reclamo civilizado de ir al tribunal de La Haya”.
Empero Hugo Domato, uno de los activistas de Gualeguaychú que viajó a Santiago,
aseguró a IPS que seguirán batallando “cueste lo que cueste”, confiados en que
el movimiento sigue fuerte porque no puede ser descabezado dado su carácter
horizontal.
Cira Muñoz, también de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, expresó
su ira a IPS al hablar telefónicamente desde su ciudad. “Sabíamos que iba a
pasar, pero no así, nos tomó de sorpresa”. La decisión de Vázquez “fue una
cachetada al rey de España”.
Kirchner, quien tuvo contacto con los asambleístas en Santiago, “debió haber
estado siempre” cerca, y la presidenta electa debe “venir a Gualeguaychú” a
conocer la situación, apuntó la activista, en respuesta al comentario de la
senadora Fernández de que, si la planta no contamina, habrá que aceptarla.
Empero, el politólogo Pérez no ve que la mandataria electa “tenga la visión
histórica, de estadista” para encaminar una solución que, entre otros aspectos,
dejaría “desairado a su esposo, Kirchner”, al resolver un conflicto con el que
él no pudo.
Es el turno del trabajo reservado de la diplomacia profesional, no de los
políticos y las cámaras de televisión, puntualizó.
* Aportes de Marcela Valente (Buenos Aires) y Daniel Estrada (Santiago).
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