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Muchas parejas todavía tienen la ilusión de creer que con amor, deseo y
atracción física se garantiza un buen encuentro íntimo, enriquecedor y
erotizante. Nada más lejos de la realidad...
El clítoris, la llave para superar la falta de orgasmo
Numerosas cartas de muchachas de diversas edades llegan a mis manos planteando
una preocupación parecida: no obstante el gusto por su pareja, en la intimidad
no alcanzan un goce pleno.
Si profundizamos en las historias de vida de estas chicas, sale a flote que
ellas no poseen los saberes suficientes sobre educación sexual que abarca, como
es lógico, el conocimiento de su propio cuerpo, de sus zonas erógenas, de la
manera en que más pueden sentir los placeres eróticos.
Cada mujer es única y vivencia su sexualidad de manera diferente. Lo que a una
la estimula y excita puede que a otra le sea desagradable. Por ello, cada quien
debe conocer sus propias reacciones, saber lo que le gusta o no, en fin,
conocerse. Si este primer encuentro con una misma no se ha producido ¿Cómo va a
resultar satisfactorio el encuentro íntimo con un “otro”?
Los agrados, las predilecciones, los goces, el “tempo” es diverso para cada
persona. Como aconseja el sexólogo español Félix López, resulta apropiado que
cada quien se construya su “modelo biográfico”, es decir, que cada persona se
conozca a sí misma, teniendo en cuenta sus creencias, experiencias y lo que le
place o no en la esfera sexual.
Tal modelo biográfico debe hablarse sin prejuicios ni falsos pudores, así como
el uso del condón. La magia y el encanto se asegura cuando no corremos riesgos.
Pero si nos nos conocemos, nada podemos pedir. Dejar ese acto de amor a la
imaginación y experiencia de la pareja, no solo incluye una irresponsabilidad
individual, sino que es jugársela a cara o cruz.
Clítoris: el placer de los placeres
Las mujeres, además de poseer muchas zonas erógenas, tenemos una muy especial:
el clítoris. Es un órgano sexual cuya única función es desencadenar el placer.
Un privilegio femenino pues los hombres no poseen un órgano similar. Sin
embargo, todavía se hallan adolescentes y jóvenes que no saben esto. Casi no se
nombra, un silencio misterioso lo rodea, cosa que no ocurre con el pene.
Hablemos pues del clítoris. Al igual que del Punto G, que en esta ocasión me es
imposible por las limitaciones propias del espacio. Se acaban los secretos
irracionales con conocimiento de causa. Sexo Sentido nos da la oportunidad.
El clítoris está situado a varios centímetros de la entrada de la vagina,
escondido entre los labios menores y mayores, como protegiéndose quizás por su
gran sensibilidad. El clítoris es puro nervio, increíblemente sensible,
delicado. Al acariciarlo aumenta de tamaño y desborda la excitación sexual como
espuma de cerveza.
Su estructura visible es redondeada, del tamaño de un chícharo, más o menos,
aunque esto del tamaño varía de una mujer a otra. Su parte oculta se halla bajo
la musculatura de la vulva, y su zona visible está cubierta de un tejido
fibroelástico que permite su crecimiento al estimularlo.
Esta es la zona esencial del clítoris, la que logra que muchas mujeres alcancen
el orgasmo solo por esa vía. Esto no es malo ni “anormal”, y resulta oportuno
que lo sepan algunas chicas acomplejadas por solo lograr las sensaciones
orgásmicas de tal modo.
Precisamente para eso está ahí. Insistimos: Es el único órgano exclusivamente
sexual de la anatomía humana. El saber esto puede tranquilizar a mucha gente.
Cómo estimular el clítoris
El movimiento del coito, a veces, alcanza para estimular las sensaciones
clitoridianas; también un suave y experimentado tocamiento sobre el monte de
Venus. La pareja debe aprender guiada por lo que la mujer va sintiendo. Se debe
decir con palabras.
Hay quienes en el sexo se comportan como los neandertales, haciendo expresiones
guturales en la cama, delegando en la otra persona la responsabilidad, el
tremendo esfuerzo de interpretar si tales locuciones significan goce, alegría,
malestar, desasosiego…
Apenas a veintidós semanas de haber sido gestada, una niña ya tiene formado su
clítoris y ese aspecto es el mismo que tendrá cuando la pequeña nazca.
Según estudios anatómicos, el clítoris posee unas ocho mil terminaciones
nerviosas, una concentración mayor que no tiene ningún otro órgano, incluidos
los labios, la lengua y la punta de los dedos. Debido a su alta sensibilidad, a
veces duele, y por ello, hay que estimularlo suavemente; de lo contrario, si se
aplica la rudeza o se presiona demasiado sobre él, en vez de provocar placeres,
crea desagrado.
Tan asombroso fue este hallazgo exclusivo de las mujeres, que en un jocoso
artículo aparecido en un periódico de Valparaíso, Chile, se dice que primero se
descubrió América. Después el clítoris. Eso explica muchas cosas.
Más adelante descifra la afirmación explicando que fue Colón el que descubrió
ese pequeño, pero estratégico apéndice femenino. Pero no Cristóbal, sino Mateo.
Al decir del escritor argentino Federico Andahazi, en su novela “El anatomista”,
se trata de un médico italiano contemporáneo de Romeo y Julieta, en el siglo XVI.
Añade que si bien es reciente su estudio anatómico, las mujeres están desde los
albores de la humanidad perfectamente al tanto de la existencia de ese órgano.
Sólo que haciendo gala de su exquisita discreción ante todo lo sexual.
Cierto, Las mujeres se callan sus descubrimientos eróticos. El por qué sería
motivo de otro comentario. Pero en verdad, ni en familia ni con los propios
especialistas queremos hablar de “eso”. Nos avergüenza. Por suerte, una gran
parte de las generaciones más nuevas están haciendo añicos tales creencias.
Ablación del clítoris, la barbarie que persiste
Volviendo al artículo mencionado, reflexiona sobre un asunto que no se puede
pasar por alto: el clítoris provoca temor en hombres y en las propias mujeres.
En ciertas sociedades africanas persiste la práctica de extirpar ese órgano a
las recién nacidas.
En muchas sociedades occidentales, se extirpa de manera simbólica al mantenerlo
en cautiverio, rodeado del viejo mito que el orgasmo que provoca no es
auténtico.
Vale añadir que tales supuestos parten de los hombres; son los que
mayoritariamente han teorizado y estudiado nuestro cuerpo; hasta escriben
profusamente de nuestras reacciones más íntimas.
Pero la verdad es una: cuando la mujer descubre su clítoris experimenta
sensaciones nuevas y es capaz de ejercer en plenitud su sexualidad. Puede ser
“virgen” o no. Lo importante es que sepa que es capaz de orgasmar, y de saber
que tiene esa opción personal, que no parte de un guión que estructura un
“otro”.
Para todo esto hay que partir de la necesidad de quererse y aceptarse tal y como
somos. Si no soy capaz de estar a bien conmigo misma, difícilmente podré escoger
a una pareja de manera desprejuiciada.
Autor: Aloyma Ravelo
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